Aveces quiero flotar, flotar y flotar

Se me apalancan los pies. No quieren caminar y atrás viene una ola grande que me asusta. Me rasco la cabeza, miro al cielo y no veo el sol. Intento pensar, vuelvo a mirar mis pies, quiero despegarlos del suelo pero no puedo. Intento pensar pero los nervios no me dejan y me desmayo en cámara lenta mientras mis neuronas hacen un flashback. Caigo lentamente hacia adelante, mis brazos hacia atrás y mientras se me van cerrando los ojos empieza a sonar Metro Station cantando Kelsey en mi cabeza. Mis pies se sueltan del suelo justo antes de tocar el suelo con la nariz y floto. Floto por encima de la ola y veo como lo pinta todo de verde. No entiendo qué pasa. Me cuesta reaccionar, mi corazón despide una señal de alarma pintada en amarillo, “¿dónde estás?”. La señal viaja a la velocidad de la luz por el sistema nervioso y cuando llega a la cabeza todo entra en cortocircuito: Feliz navidad mamá; ¿porqué se mueren las personas?; amigas para siempre; creo que me estoy enamorando; se casó con otra; voy a escribir algo para pensar;… Feliz 33… Y lo entiendo todo y de mis ojos empiezan a brotar litros de lágrimas de aguarrás para borrar lo verde. Quiero irme a casa y pego la vuelta pero no se cómo ir. Bajo el vuelo a un metro de altura del suelo y empiezo a buscarla. El sol empieza a brillar en mi cara y el reflejo verde no me deja ver cuál es la mía y me voy dejando caer. Caer, caer, caer hasta que una mano en un guante azul me sujeta y frena la caída. Levanto la mirada y era él y de su boca sonaba Sail away de David Gray. La señal amarilla se fue apagando poco a poco y apareció otra roja mucho más fuerte que me habilitó fuerzas para flotar mucho más alto. Sujetaba su mano con guante azul y no podía sacarle la vista de encima. Era él y había viajado a por mí, y finalmente sujetado mi mano cuando más lo necesitaba. La señal roja era cada vez más fuerte mientras viajaba por mi sistema nervioso pero cuando llegó a la cabeza lo hizo con la canción Very Good Advice de Robert Smith explotando los agudos… Me sujeté la cabeza con ambas manos para apagar la canción y la canción salió por mis oídos, por mi boca. Yo no quería esa canción. No quería soltarme de la mano del guante azul. Y empece de nuevo a caer en picada y el hombre del guante azul se quedó mirándome desde arriba. Fui cayendo de espaldas hacia el suelo agitando los pies y con las manos en los oídos. Y le gritaba para que me espere, que no se vaya, y se hacía cada vez más pequeño. Antes de caer me desperté de golpe. Tenía el corazón acelerado, la boca seca. Miré a mi alrededor y estaba sola en mi cama. Miré el despertador, eran las tres de la madrugada. No había ninguna canción. No se escuchaba nada. Me acosté de nuevo, me puse en posición fetal e intenté pensar en blanco. Sentí un frío que me subía por la planta de los pies, como si estuviesen mojados. Mojados en color verde.
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