El tabaco dulce se condensa en pensamientos dulces

El humo las invita a reflexionar y por ser prohibido la mente se excita más. El tabaco dulce se condensa en pensamientos dulces. Tanto que las tres se pierden en el último átomo, el último átomo dulce que logran contar antes de entrar en donde no hay Dios sino ellas.

Solo ellas y lo que piensan, lo que hacen y tal cual son. Ese mundo melancólico de las hormonas femeninas y la intensidad con qué los sensaciones se sienten (...)

- ¿Si es justamente por eso?, pregunta Simone.

- Y si es por la melancolía de las hormonas que entendemos la electricidad de las sensaciones de forma diferente, de forma profunda. Delicada, tan delicadamente que no soportaría lo que el viento borra o lo que la tierra tapa.Tan sutil, frágil. Tan sensible, tan delicadamente sensible que podría pintar de verde el sonido de las hojas amarillas cuando vuelan.

Cuando caen.

Cuando mueren.

Prender fuego una mirada, inundar de caricias las palabras dedicadas, llenar de lágrimas todos los anhelos infinitos por los que las mujeres amamos sin medir.

Sin leer las consecuencias.

Sin saber todo lo que puede lastimar, todo lo que va a lastimar.

Y si lastima (...) que más da porque de todos modos vamos a dejarnos atrapar por el humo que deja el viento cuando nos lo ha quemado todo buscando de nuevo ese anhelo por el cual nuestras hormonas sienten la electricidad de las sensaciones de forma diferente.


Rosa Luxemburgo, Simone De Beauvoir y Emma Goldman en la playa, fumando pipa (1930’s.)

Pensamientos circulares

- ¿Crees en el destino?
- No se.
- Yo sí, es un puente (...)


Y si al final el destino es este puente de posibilidades que trazo desde mis deseos hasta cada rincón de tu forma, a cada rincón de tu forma por dentro y por fuera para traerte al mundo de los pensamientos circulares. Al de los míos. A este instante en mi cabeza donde te enredas conmigo y yo me pierdo contigo.

Al que coso antes de dormir para atar tu historia a la mía. Al principio de tu querer dejarte encontrar con el final de mi siempre buscarte. Al momento de las intenciones interestelares enredando tus hilos entre los mío. A las ganas de los nudos que no se pueden deshacer, al desorden de los cuerpos cuando se empiezan a querer.

Y si el destino es esto, unas ganas inmensas que provocan tenerte cuando no logro verte y todo lo que quiero después.

(...) Pensó mientras pensaba en él con los ojos cerrados.

En la parada de su cintura

Caminaban y ella pensaba en él, en acortar la distancia.
(...) Y pensó hacia adentro.
Estaciona tus pensamientos en la parada de mi cintura y antes que te metas adentro de tu caparazón, te soplo por detrás de la oreja con aire frío de invierno. Te volteas y te pido permiso. Permiso para empujarte al centro de mi equilibrio, a esto. A todo esto y a lo que hay un poquito más allá, del otro lado de la línea que dibujan todas las sábanas que podríamos arrugar. A que te estrelles conmigo caminando descalzos por la vida como recompensa.
A lo eterno de este instante placentero que te tiene colocado, que nos coloca. Que me coloca y me pone a tu lado. Al ya no me acuerdo de tener miedo. Al sabor dulce de mis besos que juegan con el amargo de tus recuerdos. Y cuando te mojo los hago pequeñitos hasta hacerlos desaparecer. Desaparecer los miedos que tiene tu razón, aunque al final esto nos dure ese instante.
Desaparecerlos con ese déjate llevar al lugar donde mis besos se hacen dulces. Un momento eterno en la fabrica donde pienso tus caricias, a la nave desde donde remonto los pensamientos que te dedico. Al huracán que empuja las ganas que te tengo. A la fuente de mis hormonas, al mar de todas mis lágrimas, a la cueva de mi risa, al puente de mi locura. A libro de mis ojos.
Al agua que te acaricia y también al aire con el que te inflas, el mismo que te recorre por dentro y me genera envidia. A estas cuatro piernas haciendo una trenza, al suspiro que borra el camino por el que entraste y no saliste. No te voy a dejar salir. A la hora de sacarte la ropa. Ponerte perfume, dibujar cuerpos desnudos y comer. Al pensamiento que te obliga a mi presencia, a golpear en la puerta de mi marea.
Voy hacer desaparecer las malas intenciones que te pintaron gris el corazón con estas otras nobles que te van a dejar la mente en blanco y el caparazón desarmado. Vos enroscado al eje de mi mundo, sin querer ni un instante dejar mi cintura y yo, yo colocada de vos.

Con una fotografía

Se lo dijo con una foto, con ésta. Le dijo (...) Quiero hacerte el amor poniéndote de espaldas y tumbándome sobre tus alas. Darte media vuelta y subir con mis ansias sobre tus dos piernas para deslizarme de a poquito a todos tus momentos. Llevarte hasta el color fluorescente del rojo y estrellarte con un beso que te abra el apetito. Tragarme tu lengua, morderte el cuello. Arañarte. Ponerte blando, ponerte duro. Y de nuevo media vuelta y acostarme sobre tu figura que quizás huela a amor o no, para volar hacia un lugar donde se vive porque sí. Donde los equilibrios de los dos se juntan en la fuerza de un beso, en las ganas inmediatas de tenernos.
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