La cabeza de Gretel los jueves

Henri Cartier-Bresson

Hola, le dijo Gretel a su cabeza que los jueves no la lleva a ningún lado y la tiene todo el día, todo el día y desde temprano, pensando en eso que la inquieta cuando está aburrida. 

Lo de las dos posibilidades que siempre hay -eso dicen-, y que prefiere dejar pasar que elegir a empezarse a divertir por eso que no se puede hacer cuando se tiene cuarenta y tres. 


Luciana Salvador Serradell

Te hablo a ti, amor.

Anka Zhuravleva

Vamos. Vayamos ahora y hagamos lo que el viento fuerte hace en los oídos. En los oídos cuando estallan. 

Le dijo suave.

Escucha…
Crac. Rompamos con esto que hay. 
Crac. Desquiciémonos antes de que todo vuelva a empezar. 

Y se vistió pensando en eso que al empezar uno se olvida.

Vayámonos. 
Vayámonos antes de que terminemos arrancándonos estas ganas indebidas.

Ilegales. 
Mal educadas. 
Innecesarias. 
Incorrectas.
Injustas. 

Anarquistas. 
Sobre todo anarquistas.

Frente a frente, ahora.

Escapemos ahora que podemos del ritual de lo habitual. De los modales que te abrazan, que te asan. De la certeza que aplasta. De las convicciones arrugadas en tu cara sin arrugas. 

De la seguridad de lo aprendido que no sirve para creer todo lo que uno tiene que hacer. De lo evidente que ya viste y vestiste. De la verdad que miente y lo contrario que te gusta.

De lo autentico que es auténticamente plástico. De todas las cajas. De la certidumbre que apalanca. De la exactitud de lo observado. De la persuasión. De lo conocido. Del convencimiento social de estas líneas dibujadas que no te llevan al guirigay de estas ansias que hoy te comparto. Amor. 

Estas que dicen saltemos.
Saltemos. 
Bailemos. 
Sudemos. 

Gritemos. Escapémonos hoy. Hoy y ahora. Vamos y vivamos este apetito tan inquieto de ser cuando lo habitual deja lo del ritual. Nos vamos Amor. 

¡Ahora!


Luciana Salvador Serradell



Titubear

Nobuyoshi Araki
Vamos a titubear.

Titubear  antes de arriesgar eso de caminar descalzos y con lo puesto, por el circulo perfecto del sonido agudo de una flauta de bambú.

Vamos a arriesgar y dejar la cama mal tendida antes de salir. Al salir para no titubear antes de partir.



Luciana Salvador Serradell

A Japón

Nobuyoshi Araki
Viajaremos a Japón en abril por recomendación del tiempo que se esfuma mientras esperamos la luz que se apaga de noche, cuando acabas el libro. Cuando termino el cigarrillo. Cuando desdoblamos las sábanas.

Viajaremos a Japón en julio. Antes del próximo invierno, después de tus primaveras, del capítulo que se extraña, de los pasaportes vencidos.

Viajaremos a Japón en avión. Yo compraré los billetes y tú, maletas nuevas. Viajaremos en clase turista, viajaremos después de las cuentas del gas, de los seguros, de todo lo diario que te mantiene pendiente de noche mientras el tiempo se esfuma y apagamos la luz. Luego de tu libro y mi cigarrillo.

Esta noche nos vamos a Japón.


Luciana Salvador Serradell


La geometría de los sentimientos

Angel Nenov
En una esquina de mi cabeza dibujo un círculo apretado que encierra una idea cuadrada y me tiene rebotando entre dos mitades de corazón rojo.

En la curva de uno de estos corazones escondo una puerta que de buscarla la encuentras detrás de las líneas de mi mano.

Adentro de mi mano escondo un secreto que es forastero en mi cabeza y que viene de ese círculo rojo apretado que encierra una idea cuadrada que me tiene rebotando entre dos medios corazones rojos. 
Luciana Salvador Serradell


Me pregunto. Te preguntas.

Leslie Alsheimer
Me pregunto. Te preguntas. 
Si estás aquí porque sí o deberías irte lejos. 
Muy lejos.
Me cuestiono. Te cuestionas. 
Si deberías corregir estas posturas o dejarte ir.
Huir.
Me analizo. Te analizas.
Si deberías batir lo que tienes y hacer que salga algo, o empezar de nuevo.
Muy lejos, sin huir.
Me pregunto. Te preguntas.



Luciana Salvador Serradell








Inmaculada sin reparos

Hablemos sin reparos, dijo Inmaculada y se sentó sobre el suelo para que nada más cayera por debajo de sus pies. 

Por debajo. Por debajo y más abajo. 

Quiero que me compartas el corazón, le dijo, para saber qué se siente cuando dejas de querer. 

Cuando empiezas a dejar.

Que me repartas tus dudas una por una, también, para verme como vos me ves cuando me dejas de querer.

Me dejaste.


Luciana Salvador Serradell

¿Qué ves Julieta?

Patrick Demarchelier
¿Qué ves cuando ves? ¿Una secuencia de cosas o te ves sola? Si decides saltar, ¿tienes quién te atrape antes de caer? Si buscas lejos, ¿lo encuentras? ¿Qué ves cuando ves con los ojos cerrados y las manos al aire? ¿Ves como el aire te atraviesa los dedos o son los pulmones que se quedan vacíos? ¿Qué ves cuando es de noche y está oscuro? ¿Dejas los ojos abiertos o los cierras para no sentirte tan sola? ¿Qué cosas ves Julieta cuando dejas de ver?

Luciana Salvador Serradell


Juana sin apariencias

Olaf Martens
Juana sonríe a cara lavada. Sin apariencias. Que belleza más natural que la de la mujer que tiene gesto de felicidad. Exclusiva en apariencia, porqué cargar con lo que sobra si los accesorios van siempre en segundo plano. Tacones bajos o altos, bolsos de cuero o plástico, collares, pulseras, anillos, vestidos o faldas, volados o puntilla. Encaje o escote. Todo está de más en la calle cuando sale Juana.

Luciana Salvador Serradell 

El encuentro perfecto entre Estela y su ex

Tim Walker
Las puertas se abren y entra montada en un unicornio blanco gigante, rompiendo el ruido de las conversaciones con un silencio rotundo. Todos giran y la miran. Miran su entrada triunfal.

Magnífica.


Magnífica ella.

Lleva puesto un vestido ceniza y el arreglo del pelo rococo la hace inmensamente alta y el reflejo de la luz la dibuja insuperable.

Completa.

Completamente ella.

No dice nada porque no tiene que decir y lo saluda con una mueca, un guiño directo a ese no me importas más.

Así es el encuentro imaginario entre Estela y su ex. La exhortación perfecta a lo que se perdió cuando lo encuentra acompañado, acompañado por ella y en la verdulería.

Luciana Salvador Serradell 



Olivia. Olivia. Olivia, ¿dónde estás?

Alexandre Deschaumes
¿Olivia en dónde estás?
¿Olivia?

(...)

Tu cuerpo tiene las curvas que mi boca necesita para besar. Lo hondo del hueso de tu clavícula y la forma en que la nariz te llega a la frente. El espacio en tu nuca al que puedo saltar, el abrazo que me abraza y la manera en que anudamos nuestras piernas para empezar a descansar...

En eso pensaba Olivia cuando se dejaba estar.



Luciana Salvador Serradell

Érase una vez una no princesa de nombre Virginia

Annie Leibovitz
Virginia quería un príncipe azul. Uno de esos que le contaron existen en los cuentos y las que tienen suerte lo pueden tener de verdad... sólo las que tienen suerte y como Virginia no era una de esas tuvo que remendar la situación.

De tener que querer, de querer con el corazón entero y todo el resto, tenía que ser príncipe y azul así que eligió al hombre que más se parecía a uno y lo estranguló hasta que se puso así. De esta manera, Virginia descubrió que el secreto estaba en la cianosis solo que eso no lo explican en los cuentos que te leen.

Luciana Salvador Serradell


Carla, ¿qué pasa que hoy no sonríes?

  Elena Vizerskaya
Carla. Carla. Carla (…)
¿Qué pasa que hoy no sonríes?

Hoy me desperté y me di cuenta que estaba deprimida o me desperté deprimida que es lo mismo, contestó. Esa sensación de tener los dos pies enterrados tres metros bajo tierra, hundiéndote. Como si la primavera estuviese fría a propósito, por eso quizás hoy hace frío y es mayo y tendría que hacer calor. Nada hoy acompaña a un subidón de ánimo forzado, como esa taza de café con leche que no anima o este viernes de crisis tranquilo.

Carla. Carla. Carla (…)
¿Qué pasa que hoy no sonríes?
Hoy el día no anima, contesta.

Ni la música, ni las voces ajenas que llegan y que no entiendo lo que dicen. Esa gente que no conozco, conversaciones que no me incumben, ruidos que no son míos, un aire mojado que no me deja respirarme. Respirar en paz estas inmensas ganas de sentirme con derecho a ser infeliz de vez en cuando.

Carla. Carla. Carla (…)
¿Qué pasa que hoy no sonríes?
Todo y nada, contesta.

Hoy me desperté deprimida por esto de tener que vivir alegre. Alegre cueste lo que cueste y muchas veces sin motivos aparentes. Cargar con esa alegría inmensa que aveces pesa, pesa como una fresa inmensa y al final una se cansa.

Carla se agota y se agotan los empujoncitos placebos. Se le agota la química provocada, las sonrisas inventadas.

Carla. Carla. Carla (…)
¿Qué pasa que hoy no sonríes?
Estoy triste, contesta.

Caminar como si todos los caminos fuesen de ella, todos. Los que descartó, los que caminó, hacia donde va y hacia donde no piensa ir. Pero hoy pasa, hoy me desperté y me di cuenta que estaba deprimida por eso de tener que vivir siempre alegre por dentro cuando lo de afuera … lo de afuera aplasta.


Luciana Salvador Serradell

Cuando Eugenia decidió dejarlo

Erik Johansson
No todo es lo que aparenta ser, le dijo Eugenia antes de abrir la ventana y sacudir las almohadas. Ni el amor es costumbre, ni un pez pescado. 

Luciana Salvador Serradell

Cosas de hermanas entendió Florencia


Sally Mann
Vení que nos vamos (...)

Vamos a montarnos en un elefante blanco y vamos a buscar noches más largas y ventanas más grandes. Un vestido azul marino y sandalias con tacón. Vamos a robarle a este domingo de primavera y otoño todas las flores de los jardines en los que nunca vamos a entrar, y también los jabones de los baños que alguien se dedicó a decorar.

Vamos a tomarnos un copa de vino frío y si el tiempo nos da más, tal vez otras dos a orillas del lugar donde cae el arco iris cuando para de llover, cuando hayamos viajado a Trelew, cuando le hayamos dado azúcar y miel al ego puñetero que nos pone el alma gris.

Cuando hayamos caminado por San Fernando y Santiago, por Lima, por Madrid y por Paris.

Vamos a cortar las cuerdas del teléfono, de las guitarras y de las arpas, a los violines y todas las liras que mastican el silencio inmenso que hay detrás de los pensamientos pequeños que no logran salir. Vamos a prenderle fuego a esa barrera que nos sienta con la cabeza hundida pensando que todo lo que tengo es todo lo que hay.

Vamos a saltar alto y fuerte sobre el colchón que guarda los recuerdos que nos ponen a dormir. Alto y fuerte hasta desabrochar las costuras, todas las costuras y reventar el colchón, desatar los recuerdos del desamor para pedirle al día, a todo el día de hoy algo más.

Vamos a hacernos grandes en el espejo, vamos a atarnos las trenzas con los hilos de las cortinas y vamos a desprendernos de los complejos que nos tienen puertas adentro.

Y vamos a ser malas, le dijo Luciana a su hermana.

Vamos a ser malas y nos vamos a portar mal porque las mujeres de verdad, las mujeres de verdad Florencia no van al cielo; así que deja de hacer todo lo que venís haciendo y vamos a montarnos en un elefante blanco.

Yo adelante que soy la más grande y vos atrás que sos la menor, y vamos a buscar noches más largas a otro lugar y ventanas más grandes a orillas del sur lejos del miedo y las cosas deshilachadas que no dejan entrar la luz.

Vamos.

Vamos a mojarnos los pies y todo lo que hay encima, con los ojos abiertos y la boca también.

Luciana Salvador Serradell

Lo que Sofía esconde debajo de la sonrisa

Natalie Dybisz
Sofía despierta con el pelo enredado y la boca cerrada. Despierta de a poco, despierta sin querer despertar escuchando sólo el negro de los colores del día que no deja entrar.

Es un viernes más, se escucha en el fondo de la almohada y una máscara con sonrisa espera sobre el libro de misa y la mesita de noche. Son casi las siete dice el despertador.

Otro viernes desorganizado por caducar.

Otro día en el que Sofía no deja entrar a nadie y tampoco se va a ningún lugar. Otro instante que se pierde en el  refugio absurdo que le ha montado a sus ganas minadas que nadie puede ver. Esas que dicen que van del revés y le averían los cariños que le caminan por debajo de la razón, de la sonrisa, de la blusa y adentro del corazón.

Otro momento de Sofía que se escapa. Que se pierde en el retiro sin matices en el que esconde la cabeza para que no le de el aire, sin luces fluorescentes ni brillantes. Sin salir de abajo de las sábanas, sin pájaros en la cabeza y mariposas en el estómago (...)  y todo por culpa de ese miedo de aparecer de la nada y querer como el corazón le manda para inflarse los deseos con lo que se le dé la gana. 

Maldito pánico (...) Ese pavor que le genera abandonar su altar y cambiar el corazón de sitio.

Sentir lo que me nace sentir, se escucha de nuevo en el fondo de la almohada y este viernes común de repente y de golpe se vuelve más real y menos triste.

Luciana Salvador Serradell

Los ojitos color café que Sofía tanto quiere

Rodney Smith
Tus ojitos color marrón café me llenan de cafeína la razón, le dijo Sofía con el corazón. Con el corazón y la razón, midiendo las palabras para que no se queden cortas. 

Cortísimas. 


Para que no se le achiquen las ganas que tiene de quererlo. Quererlo y tenerlo. De aspirarle sus besos. Todos. De desearle. Venerarlo, adorarlo, estimarlo, prendarse, ansiarlo, anhelarlo, pretenderlo. 


Enamorarse. Enamorarlo. De que se le meta bien dentro. Adentro de la cabeza. Adentro del corazón. 


Luciana Salvador Serradell 


Lo que Emilia hizo cuando quiso

Natalie Dybisz
Emilia decidió que ya era tiempo y pensó en pensarlo una última vez.

Luciana Salvador Serradell






La suerte fortuita de Victoria

Imogen Cunningham
Te invito un segundo al cariño inmenso que te tuve, a este que aveces y si quiero puedo sentir por debajo de las uñas de las manos y que todavía me hace transpirar. Un segundo y nada más para que te des cuenta que te perdiste lo mejor de la mejor, le dijo Victoria a los ojos. Al final él se arrepintió de lo que se perdió ¿Y ella? Se salvó de un gil.

Luciana Salvador Serradell

El fin del ocaso de Natalia

Cindy Sherman
Dame una cuchara grande para revolver este temblor ambulante que tengo cuando dejo de escuchar lo que tengo que decir, le exigió Natalia en la cocina aquella mañana.

Luciana Salvador Serradell
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