Ay Teresa, usted de nuevo con esa idea absurda de querer vivir la vida como si fuese un regalo del cielo. Me hacen reír tanto las cosas que se le ocurren, que mire, estoy llorando con tanta locura. Ay Teresa, y eso que crecimos en la misma familia, no entiendo de dónde saca esas cosas que me cuenta de una vida sin amarguras, como si estuviese en nuestro poder ser felices. El otro día me acordaba de usted cuando estaba en misa, hace mucho tiempo que no la veía los domingos por la iglesia. Usted no estará en algo raro, ¿no? Su madre tuvo siempre miedo a su verborragia, espero que no ande metida en algo extraño. Usted sabe Teresa que me tiene preocupada, al margen de su locura, usted siempre ha sido muy delicada en las cuestiones del día a día. Usted Teresa ha sido siempre muy criticona, inclusive en el colegio. No por nada pero siempre se la vio con ojos de pocos amigos. Y después esa manía de ir desarranchada por la vida, sin el más mínimo cuidado. Ay Teresa, usted siempre me ha hecho reír tanto, que la verdad se la extraña. Recibí ayer esa postal que me envió desde Montevideo. ¿Es verdad las cosas que cuenta? Ay Teresa, no me diga usted que la felicidad también veranea en Punta del Este.
Ay Teresa
Ay Teresa, usted de nuevo con esa idea absurda de querer vivir la vida como si fuese un regalo del cielo. Me hacen reír tanto las cosas que se le ocurren, que mire, estoy llorando con tanta locura. Ay Teresa, y eso que crecimos en la misma familia, no entiendo de dónde saca esas cosas que me cuenta de una vida sin amarguras, como si estuviese en nuestro poder ser felices. El otro día me acordaba de usted cuando estaba en misa, hace mucho tiempo que no la veía los domingos por la iglesia. Usted no estará en algo raro, ¿no? Su madre tuvo siempre miedo a su verborragia, espero que no ande metida en algo extraño. Usted sabe Teresa que me tiene preocupada, al margen de su locura, usted siempre ha sido muy delicada en las cuestiones del día a día. Usted Teresa ha sido siempre muy criticona, inclusive en el colegio. No por nada pero siempre se la vio con ojos de pocos amigos. Y después esa manía de ir desarranchada por la vida, sin el más mínimo cuidado. Ay Teresa, usted siempre me ha hecho reír tanto, que la verdad se la extraña. Recibí ayer esa postal que me envió desde Montevideo. ¿Es verdad las cosas que cuenta? Ay Teresa, no me diga usted que la felicidad también veranea en Punta del Este.
Cólicos de adrenalina
El sonido cobra vida II
Cuando el sonido hace que una letra cobre vida, mi nombre suena diferente. La u hace que Luciana tenga personalidad independiente. La palabra independiente evoca al número siete. Del siete paso al tres por sus mismas características, y del tres al naranja. Me quedo con la n de la palabra naranja, y vuelvo al siete. El siete es n y u. Nu. No tiene color. Nu no me suena a color. Luciana tiene amarillo, naranja y un poco de verde, solo al final de la última a. a de verde, tres de amarillo, uno de blanco, cuatro de rojo, cinco marrón.El sonido cobra vida
Como todos los principios
Mujer al natural
Sobre clorofila y el Tíbet
Sobre los muertos
La impotencia se hace sentir
Yo misma lo hubiese destruido con mis dos manos si hubiese sido la del coraje fuerte cuando se podía hacer. Ahora es tarde y en la retaguardia están los que escapan de sus ganas. Los débiles, estúpidos. Los que son como yo.
Soñando Europa desde Africa

Crimen a la luz del día
Basta। Lo confieso, fui yo। ¿Perdón? Es verdad, tengo 30 años y me pueden juzgar por haber actuado de manera inmadura pero, ¿quién me puede culpar? Llegué al límite de creer que quiero ser actriz para tener una vida como en las películas, y es absurdo। No me interesa actuar y no quiero tener una vida al estilo Hollywood, esa es mi farsa para evadirme.
Lo peor es que me he vuelto adicta a las revistas y a la televisión. Yo no era así, no era de ninguna manera pero tampoco así. Es verdad que algunas nacemos con instintos maternales y nos gusta que nos dé el vapor del guiso en la cara; otras con esa nube de profesionalismo ambicioso, las uñas siempre pintadas y cien tacones para elegir. Y otras tan solo nacemos perdidas, y ahí estaba yo sin encajar. La versión opuesta a todo lo que había planeado ser.
Una periodista frustrada que administraba una inmobiliaria, y lo más cercano que había llegado a una redacción eran los clasificados de las casas en venta que tenía que redactar. Además creo que si alguno de ustedes hubiese estado en mi lugar hubiese actuado exactamente como yo lo hice.
¿Si siento culpas? No, no siento ninguna culpa y volvería a repetir todo de nuevo porque en este caso tengo todo el derecho de matar por defensa propia. Era mi vida o ella.
Me tenía amenazada las 24 horas del día. Inclusive antes de que suene el despertador me tenía con un ojo abierto pensando en la oficina. Había dejado de soñar, hasta el pelo se me empezó a caer y me salió un salpullido en el cuello. Tenía granos con pus en la cara y ojeras. Unas terribles ojeras negras que me desfiguraban la sonrisa. Estaba estresada y tenía ataques de nerviosismo, hasta me obligó a tomar pastillas para tranquilizarme.
Tomando pastillas para tranquilizarme a los 30, de seguir así hubiese tenido una úlcera en dos años. ¿No lo ven? Lo hice en defensa propia y matarla fue una de las sensaciones más deseadas, placenteras y planeadas de los últimos dos años.
Matarla fue fácil. Sabía cómo funcionaba, se despertaba a las 7, desayunaba cuando se acordaba y salía a la oficina. Trabajaba hasta las 11 y bajaba por un café con leche siempre al mismo bar. A las dos almorzaba y a las 4 volvía a trabajar hasta las 6 o 7. Cuando llegaba a su casa estaba tan cansada, por lo general con dolor de cabeza por pasarse tantas horas frente al ordenador. No leía porque no lograba concentrarse, pensaba en todo lo que tenía pendiente para el día siguiente en la oficina y le entraba un escalofrío por la columna que la dejaba tonta.
No salía a pasear porque estaba demasiado cansada, hasta lenta. Los sábados y domingos si es que no tenía que hacer algún trabajo de la oficina le tocaba limpiar la casa, lavar la ropa y cocinar algo para la semana.
Era fácil encontrarla, todos los días eran iguales. Nunca nada nuevo, diferente. Una vida sin grandes aspiraciones ajustada a las agujas de un reloj y manipulada por un jefe histérico, obsesivo y compulsivo. Ahora que lo pienso… le hice un favor.
No, no lo planeé sola, me ayudó Patricia. Sí, mi amiga de la universidad. Ella sabía todo, es más creo que gracias a ella me di cuenta que lo tenía que hacer. Sacó los pasajes, dos boletos en bus así no tenía manera de volverme atrás.
Soy de esas que cambian de opinión a último momento, así que decidió invertir el dinero que teníamos en ese pasaje. No tenía otra que subirme a ese bus. Lo curioso es que ese viernes me desperté relajada. En las películas se despiertan sobresaltados y sudados.
Yo estaba hecha una seda y feliz. Estaba por primera vez en mucho tiempo sintiéndome feliz. Ese viaje me hacía feliz. Era finalmente una persona feliz, ¿cómo podía sentir culpa? Imposible.
Cuando llegué a la oficina el jefe llamó para decir que no iba a venir. Nada podía salir mal. Estábamos las dos solas y el bus salía a las siete de la tarde. Lo tenía que hacer a las cinco y media para tener tiempo de pasar por mi casa y buscar las maletas.
No podía levantar sospechas. Patricia llamó a las cinco y cuarto para ver cómo venía todo y darme fuerzas. Quizás porque estaba demasiado ansiosa no pude esperarme hasta las cinco y media, sin medirlo para las cinco había terminado con ella.
La destrocé en menos de cinco minutos, primero la ahorqué con ambas manos y me asombré de toda la energía acumulada que tenía adentro. Aguantándome todos estos años mientras ella me comía la cabeza. Me miró con los mismos ojos de siempre y a medida que la hacía desaparecer recuperaba mis energías.
Ella me había consumido, me había transformado en su esclava y lo peor es que me llevó años deshacerme de ella. No dejé huellas, sólo una carta, sabía que el jefe la leería el lunes por la mañana.
Patricia estaba esperándome en el lugar acordado de
Luciana Salvador
No quiero que se mueran
Pulpoide
Un tentáculo le tira de la pierna derecha, el otro de la izquierda. Otro lo sujeta por los hombros y se aprieta en el brazo. Otro en el izquierdo. Otro lo asfixia y se deja ser asfixiado. Un abismo que le genera la emoción inventada de la libertad. Lo libera. Siente como se ajusta a su cuello, dos vueltas, tres vueltas. Estira el cuello y se deja atrapar por la sensación de la falta de aire. Acaso no estuvo siempre pensando en ese momento. La muerte inventada cada día en su cabeza. Un pulpo que se come su aire. Lo estrangula, se estrangula y así se libera. Quien mierda quiere su vida. Vida solitaria que no le importa. La búsqueda perpetua de algo, ese algo que no sabe que es. Los tentáculos del pulpo o la asfixia. ¿Quién no se asfixia? El, nosotros y ojala ella también sienta su necesidad de asfixia. Luego viene la liberación Una libertad condenada a la nada porque no queda nada. Gusanitos. Gusanitos se comerán tu cuerpo como se están comiendo el de tu abuelo.
Luciana Salvador
Casablanca versión 2007

Antes tenía el defecto de vivir en la defensiva y miraba todo de lejos, está vez se sentó en el medio de la historia.
Le fastidia el hecho de saber que va a terminar. Aunque la forma varié tendrá el mismo final que las otras tantas relaciones en las que se involucró.
Sin embargo ésta le dolerá bastante más por la cantidad de recuerdos que tendrá que almacenar en la caja de las memorias. Después llega el proceso en que las ilusiones se transforman en desilusiones, y la forma en que los planes para dos se transforman en un viaje individual, recorrer una ciudad a solas o preparar cena para uno.
El final le resulta inevitable aunque tampoco tiene una fecha segura. Las cosas vienen bien pero en un mes o dos quien sabe. Igual ambos saben que “siempre tendrán París”. Aún cuando cada quien vuelva tiempo después con otros amores, el primer recuerdo será el de ellos dos.
Luciana Salvador
La tierra de las maravillas
Es raro, a veces la vida tiene color gris y está poco iluminada. Parece un paisaje de Londres, demasiado suave que no motiva a mucho. Los días se vuelven previsibles. Pero igual es la única que tenemos. Eso lo cambia todo.
Arriesgarse mucho puede resultar demasiado arriesgado, pero la pasividad no da lugar a mucho. Nos encontramos con mil rostros que nunca vamos a saber sus nombres, nos cruzamos con tantas personas que podrían haber cambiado nuestras vidas en un segundo, pero quedaron en el camino como parte del paisaje.
Los años pasan de prisa, a muchos la cara le cambia, el cuerpo cambia, hasta las horas de descanso. Los gustos, las alegrías, los miedos, las tentaciones.
Hay momentos que nacen de la percepción de uno mismo que se quedan grabados en la cabeza, y se repiten aunque el lugar es otro. Como si se adaptasen, sensaciones que se adaptan a muchas circunstancias. Un caminar con lluvia por la calle Alvarez Thomas en verano, o estar mirando por la ventana en Barcelona. Caminar por las montañas o conocer el desierto. Son momentos únicos que pasan muy de vez en cuando pero que le dan sentido a la única oportunidad que tenemos. No vivir para buscarlos nos llevaría a la locura constante de preguntarnos que sentido tiene la vida. La vida es la única oportunidad que tenemos para sentirnos vivos. Cada quien a su manera.
Luciana Salvador
¿Qué es la libertad?
Visión muy particular
Tengo una visión muy particular de excesos y obsesos. Templada e inmóvil. La cicatriz que todos dejan, víctima de mil temperamentos que arrasa cabezas. Soy así, un amor en excesos que no tiene sesos. Templada e inmóvil। En la pantalla que todos anhelan y pocos miran. Maldita y divertida. Templada e inmóvil. Te cautiva, te atrapa y se obsesiona con una visión muy particular de excesos y obsesos. Un ritmo ajeno a lo de siempre, una muchacha audaz y bonita que roza la cien contra mil revólveres. Con su desenfreno, busca la malograda climatizada escena que la trasporte del otro lado de la pantalla. El mismo ritmo continua, jamás fumaría, terminará en una clínica mental trastornada por la parasicología que volvió loca a su racionalidad. Es tóxica. Va fuerte, se frena. Un grito de ella te atrapa. Giran las cabezas y aparece vestida de excesos y obsesos. Obsesionada con esa cara, novia salvaje. Templada e inmóvil. Busca una manera de llegar sin colaborar con lo normal. Prisionera de lo particular. Vos. Vos. Vos. Vos. Vos. Su acento no cambia. Es muy pícara. Tiene un estilo muy particular, no se va con cualquiera. Se hidrata y humecta. Se envicia hasta el asco. Suave y visceral. Atractiva y destructiva. Objetiva y repentina. Tranquila e imposible. Nacida. Adolescente. Mujer. Su aliento tiene sabor a vainilla, tiene algo de romance. Miente. No te acerques. Mira por debajo y huye que si alguna vez me pongo de tu lado tengo una visión muy particular de excesos y obsesos.
Luciana Salvador
Breve

Uno de los dos
Tu compañía me convence. Tus caricias me transportan. Tus ideas me motivan. Tus locuras me representan. Todo es tan obvio y a la vez complejo. De una manera natural nos acercamos y articulamos nuestras presencias. Mi mente te elije. Conversaciones, ideas, motivos, excusas o el simple hecho de hablar por hablar.
Luciana Salvador
