Los olvidos de Clara

Paolo Roversi
No olvides Clara de cuando le prometiste un beso y no cumpliste. De todos los lunes con sabor a sábado y las noches de los jueves con intenciones dulces de mujer mala que no le regalaste. De la ensalada aliñada, de la alfombra peinada, de tu ruido al poner las llaves y abrir la puerta que no le convidaste. Del sonido de su nombre retumbar en la ducha del baño, de las zapatillas abandonadas en la entrada y esa culpa tan tuya de vaciar el salero y no llenarlo igual que cuando dices que es así como quieres y otro día desquieres.

Por Luciana Salvador Serradell













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Los martes de Carolina


Eva Creel
Carolina se ata con un hilo fino su pensamiento más liviano para no perderlo cuando se sienta sola a tomar café en Bruc y todo esto que hoy tiene que pesarle, no la aplaste. Carolina se pone plumas en la suela de los zapatos y hace agujeros a sus medias de seda beige para que el viento la acaricie, si es que hoy decide despegar. Carolina respira hondo cada sorbo de resignación para tragar despacio, bien despacito todo esto que hoy le toca cuando tiene que conformarse con un único pensamiento liviano que no quiere perder cuando se sienta sola los martes a fumar un cigarro.


Por Luciana Salvador Serradell











Voy a hacer tantas cosas



Dorothea Lange by Rondal Partridge.

Voy a tragarme una moneda de oro para que el ego se conforme con todo lo que engordó hasta ahora. Voy a soltarme de lo que me aplasta y me deja plasta para ventilar los nervios de todo lo que me pesa y no tengo ganas. Voy a aspirar hondo, hondo y más seguido para recordar que tengo que respirar. Voy a desconectarme de mi yo responsable para conectar con eso no tan serio que me hace tanto bien. Voy a irme un rato de viaje a mi lado más simple para volver a encontrarme con mi yo más tranquilo.


Por Luciana Salvador Serradell

Voy a conquistarte


Voy a conquistarte la espalda con una bandera de fresa y fumarte en la cara los pensamientos más verdes. Voy a saltar a la circunferencia de tu cuello, a la curva de tu oreja derecha y a la idea más densa de tu querer estar conmigo y a tu voz diciéndolo. 

Diciéndolo. Diciendo te quiero.

Voy a tatuar en tu hombro con tinta de mis pecas los cinco dedos de mi mano izquierda y enroscarme en tu pelo para meterme por tu nariz, bajar por tu columna y quedarme atada con una trenza a dos de tus costillas y a una de tus rodillas. 

Voy a jugar con la sombra de tus piernas y hacerte cosquillas en los dedos de los pies. Y voy a calcular todas nuestras probabilidades de todo lo que somos para que la única posibilidad de este querer estar conmigo sea indefinido. 

Indefinido. Que mi te quiero no tiene límite señalado o conocido.

Luciana Salvador Serradell

Cuando Miguel habla solo



Voy abrigarme con el último beso que me diste en octubre y de querer abrazarte, te abrazaré con la primera caricia que recuerde cada viernes, cuando cuente los días y cuando deje de hacerlo. 

Y voy a hablarte en silencio todos los lunes y los sábados. Y los martes te explicaré que te extraño cuando me levanto y los miércoles, este miércoles me siento un poco mejor. El jueves nos vamos por ahí y los viernes te invito a que pases y te quedes aquí hasta el domingo, que el domingo es raro y te quiero junto a mí.

Y voy a traerte a todos los instantes que tenemos pendientes por eso de que la vida es muy larga y aunque no estés a mi lado, te quiero siempre aquí. Aquí. Adentro. 

Bien adentro. 

En el hueco que dejó tu manera de quererme y este miedo inmenso a no tenerte. En el vacío del silencio de tu voz y este eco de recuerdos que te traen cada vez que te busco y te veo. Que te veo aquí, adentro. 

Bien adentro. 

Para que me abrigues con lo que me hubieses dicho y abrazos fuertes. Para que me digas que está todo bien. Que estás bien. Que es ley de vida. Que es natural. Que es simple. Que es así. Que no duele y que el tiempo, el tiempo no cura. El tiempo ordena.

Luciana Salvador Serradell



Hablando sola
















¿Acaricias con los recuerdos todas las posibilidades que ya no están? ¿Cuánto fuego necesitas que te queme por dentro para dejar ir lo que te asfixia? ¿Con qué color disimulas cuando lo que cargas te sobra? ¿En qué rincón de tu cabeza te escondes cuando estás en el medio de la calle y no quieres estar aquí? ¿Cuánta agua tienes que tomar para llenarte de algo? ¿Cuánto hace que no sueñas luego de dormir? ¿Cuánto hace que no despiertas? ¿Cuánto hace de algo?.
Luciana Salvador Serradell


Viajero frecuente


Soy un viajero y de tan frecuente me perdí. Me perdí en esto de entre aquí y aquello que partí cuando un día decidí, cuando decidí irme hasta el final del mundo para encontrar en mi cabeza lo que une el principio con el fin.

Esta locura de aquí con la cordura de allí.

Un beso sincero de entonces con el rechazo de ahora y el pensamiento del corazón, este que me pide seguir y que choca con mis ganas de quedarme quieta, muy quieta queriendo ser feliz.

Un poco menos infeliz.


Luciana Salvador Serradell



Porque cierro los ojos y todo empieza de nuevo


Puedo perderme en el pasillo, entre el comedor y la cocina y quedarme quieta, muy quieta y parada en la Gran Vía recordando que apenas hace un rato estabas aquí.

Aquí y pensé en Alta Gracia y Catamarca.

Puedo abrir la heladera, ir al bargueño, poner la radio, dibujar o salir a jugar con la simple promesa de hoy, especialmente hoy no pelear. 

Puedo crecerme en un botón de tu camisón cuando pienso tu olor y antes de cruzar Balmes, justo antes y queriendo, llenarme de escalofríos la piel, toda la piel cuando encuentro tu voz en Muntaner y cierro los ojos.

Los cierro con fuerza, con mucha para que no se escape tu voz y somos dos. Nosotras dos, un cuento y la excusa de no querer dormir para no dejarte ir.

Luciana Salvador Serradell


Ser

Ella Frances Sanders
Puedo ser la mano derecha que se apoya sobre tu izquierda o el agua que se queda adentro cuando todo se vacía. Puedo ser el eterno nudo que nunca te suelta, la esquina que hay delante o el color blanco de tu servilleta de papel. Puedo ser el hueco que deja la almohada en la que duermes, el sabor salado que te invade o lo suave de una caricia cuando se toca hablando. Puedo ser el abecedario, el día que viene mañana o la circunferencia perfecta del círculo que deja tu dedo índice cuando aprieta mi mano derecha.


Luciana Salvador Serradell

El corazón de la langosta


El corazón de la langosta 
Estoy aburrida.
Aburrida, aburrida.
Aburrida.
Y tengo la sensación de querer meterte en una capsula del tiempo para reservarte eternamente a todos los antojos que de vos se me puedan ocurrir cuando deje de aburrirme de quererme demasiado.
Por quereme demasiado.
Demasiado tanto tiempo.
Y empezar a quererte solo a vos de día y de noche, los doce meses del año y todos los segundos del reloj que te meterá en mi capsula del tiempo para preservarte tal cual quiero quererte cuando decida quererte más de lo que disfruto ahora no tenerte. Luciana Salvador Serradell

El corazón del caracol



El corazón del caracol (...)
Bésame,
bésame,
bésame.
(...)
Bésame,
bésame.
(...)
Bésame,
bésame,
bésame.
(...)
Bésame,
bésame,
bésame
(...)
Mucho.
Luciana Salvador Serradell

El corazón de la avispa



El corazón de la avispa (...)
Qué pasa si me acerco demasiado.
Demasiado cerca (...)
Si vuelo muy bajo.
Tan bajo que no vuelo.
Si me arrastro para alcanzarlo.
Para alcanzarte.
Y sino está lejos.
Si está acá. Está cerca.
Demasiado cerca y tan bajo que caigo por
alcanzarlo.
Alcanzarte (...)
Y si está adentro mío. Y si soy yo.
Si es ahora.
Si es esto y solo esto. Luciana Salvador Serradell

El corazón de la hormiga



El corazón de la hormiga
Vamos que nos vamos al otro lado del corazón para entender lo que no puedes ver.
Y sino.
Sino lo entiendes.
Prometo guardarte en mi corazón para siempre
pero adiós (...)
Que lo mejor de lo malo, es que no es lo peor. Luciana Salvador Serradell

El corazón de la hormiga



El corazón de la hormiga
Voy a guardarte en una neurona sin conexión para que no te deslices en cualquier dirección. En la primer gota de la ducha, en la tercera cuchara de azúcar y en el pliegue de mi pijama. En la luz roja del semáforo y en el olor de los pinos del bosque y del otoño de este año. En la lágrima que vino después de la risa. En la estrella de mi ventana. En el almohadón, en la manta y en los calcetines. En las sendas peatonales, en el billete del metro, en la moneda olvidada del monedero. En el jabón de vainilla. En el rosa de la lapicera, en las caricias de Clint y en la sal de las palomitas de maíz. Voy a guardarte, solo por quererte como te quiero y quererte solo para mí, en un lugar de ámbar que es solo mío, de sueños bonitos sin máscaras y sin concilios. En un lugar, un lugar que de tan mío no te vas a poder escapar pero tampoco te querras ir (...) Voy a guardarte en una caja china, en ninguna duda. Luciana Salvador Serradell

El corazón de la hormiga




El corazón de la hormiga
Voy a sacar las uñas.
Las uñas y las garras para treparme a
tu caparazón.
Ese caparazón hermético que tiene
encerrado.
Atrapado.
Escondido.
Esperándome (...)
Y desde lo alto de tu encierro, desde
allá arriba y sin miedo,
me voy a dejar caer al precipicio de
tu no se qué que me tiene así.
Así.
Idiota (...)
Idiota por ese qué se yo tan tuyo,
que desde que te vi
lo quiero solo para mí.
Luciana Salvador Serradell

El corazón de la cucaracha





El corazón de la cucaracha
Se le quemó adentro el corazón.
(...)
Tic. Tac. Tic. Tac.
Tic. Tac.
Se prendió fuego al fuego con una lágrima mojada y salada, encendió el llanto, el íntimo, y se le ahogó el corazón entero en uno de esos amores residuales. Esos que se apagan cuando todo se enciende. Todo lo encienden y lo queman. Lo poco y lo mucho de lo poco que todavía ella tenía.
(...)
Tic. Tac, y no se escuchó más. Luciana Salvador Serradell

Kokoro sale hoy en el diario

Natsumi Hayashi
El anuncio que publicó Kokoro en el diario empieza en primera persona y con un beso para quien adivina el acertijo que esconde el enredo, el enredo y este lío que tengo por debajo de mis cabellos y que ahoga mis sentencias cuando tengo que decidir y por tener que arriesgarme y no saber qué pedir, no sé qué querer.

Dos para el que me explica el jeroglífico cuando pienso y no me entiendo. Y tres besos, los tres besos más dulces en la mejilla para el que me haga cosquillas bien adentro y sin tocarme cuando le escuche decir mi nombre y por el simple hecho de decirlo que todo resulte tan natural y sincero que pueda hoy soltar, soltarme y volar.


Att. Kokoro


Luciana Salvador Serradell

El corazón de la hormiga


El corazón de la hormiga
Quiero oler tu perfume, enroscar mi olfato a tu olor, sembrarte el cuello de saliva y hacerte crecer escalofríos. Bajar por los caminos de tus huesos, acompañar los segundos con mis dedos y antes de dormirnos, justo antes de que cierres los ojos, dibujarte en el estomago lo que con las palabras no me animo a decir. Luciana Salvador Serradell

El corazón del escarabajo



El corazón del escarabajo
En el hueco de mi silencio, te estoy gritando. Luciana Salvador Serradell

El corazón de la hormiga



El corazón de la hormiga
- No.
- No me amas.
(...)
- Amas la idea que te inventaste de vos cuando estás conmigo, se lamentó y le mató las fantasías. Todas, incluso las de ella (...) por jugar con ella a quererla sino sabe querer. Quererla de verdad. Luciana Salvador Serradell
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