Conexiones y desconexiones
Tengo un corazón desconectado de mi vagina y mi vagina conectada a mi estomago. Tengo dos tetas conectadas a mis pulmones y mis pulmones desconectados de mi cerebro. Tengo ansiedad oral conectada a mi sistema nervioso. Y mi sistema nervioso está conectado a mis riñones y mis riñones desconectados de mis ganas de beber agua. Tengo agua que se conecta con mis piernas y mis piernas desconectadas de mis músculos. Y los músculos se conectan con mi corazón, y mi corazón no conecta con mi cerebro.
Oda al sexo
Push push, ahh
Push, push haa
Push, push, ahh
Push, push haa
Push, push ahh
Push, push, push
Ahh, hha, ahhhhh
La gracia o desgracia (del sexo) está en el acento con el que se entona la última letra de cada una de estas oraciones.
Push, push haa
Push, push, ahh
Push, push haa
Push, push ahh
Push, push, push
Ahh, hha, ahhhhh
La gracia o desgracia (del sexo) está en el acento con el que se entona la última letra de cada una de estas oraciones.
El secreto
Porque voy a contarte esto todavía no lo se. Puede que necesite contárselo a alguien y pueda que seas tú.
Este es el año 2008. Tengo treinta años, vivo en Europa y aún no he nacido. No estoy loca y no soy la única involucrada en esta historia, todos lo estamos aunque unos pocos elegidos la conocen.
Siempre hubo cosas que no se contaron, historias que se saben a medias. Secretos bien guardados que no pueden ser revelados. Pero no todo se puede guardar para siempre. Alguien puede traer el secreto.
Todo empezó en el futuro del 2008, dentro de 543 años. Me llamo Ona, nací el 16 de diciembre de 2521 -continuará-
Este es el año 2008. Tengo treinta años, vivo en Europa y aún no he nacido. No estoy loca y no soy la única involucrada en esta historia, todos lo estamos aunque unos pocos elegidos la conocen.
Siempre hubo cosas que no se contaron, historias que se saben a medias. Secretos bien guardados que no pueden ser revelados. Pero no todo se puede guardar para siempre. Alguien puede traer el secreto.
Todo empezó en el futuro del 2008, dentro de 543 años. Me llamo Ona, nací el 16 de diciembre de 2521 -continuará-
Mi consumismo
Me compré un perro y un gato. Los vendí y me compré tres rosas y dos saquitos de té verde. Los vendí y me compré un cable a tierra y una antena satelital. Los vendí y me compré un par de zapatos y gafas de lejos. Lo vendí y me compré agua mineral y un reloj cucu. Los vendí y me compré un brazo y una pierna. Los vendí y me compré azulejos y un espejo. Y los vendí y me compré un libro y tres candeleros y los vendí también. Y me compré un mantel y una escoba. Y a la escoba la tiré y al mantel lo vendí y me compré un adiós y un bienvenido. Y al adiós lo regalé y al bienvenido lo vendí y me compré un frasco de mermelada. Y a la mermelada la vendí y compré un cepillo de dientes. Y al cepillo de dientes lo vendí también y me compré cuerdas para la guitarra. Y a la guitarra la regalé y a las cuerdas también.
Conversación irónica
-Hola, ¿qué tal?-.Preguntó la ironía colgada de una soga que colgaba de una enredadera que se perdía en la pared de aquella casa. -¿Qué tal?-. Acá voy, con un calor de estrellas que me agota cada vez que intento ser más humana, le respondió la violencia mientras olía hormonas y se encendía un porro de adrenalina. Se estiraba las arrugas de los resentimientos, escupió dos veces bronca y se miró el puño derecho rasguñado. - ¿Qué te pasa que me miras con mala cara?-, le preguntó con la misma ira de siempre mostrando despechó en la manera de acentuar las palabras. La ironía, que en otras ocasiones hubiese sido directa, dudó en responder. Guardó silencio.- ¿Qué te pasa?-. Y entonces respondió que le resultaba satírico que la violencia fuese femenina. Una ironía más con la que convivíamos.
Bésame la boca y toda la frente
Bésame la boca y toda la frente. Bésame mis manos y mis codos. Bésame los pies y las rodillas. Bésame la nuca y el cuello. Bésame el ombligo y la espalda. Bésame las orejas y los ojos. Bésame las piernas y el estomago. Bésame toda la boca. Bésame mis días y mis noches. Bésame este lunes. Bésame en la oscuridad y en plena luz. Bésame las lágrimas y la risa. Bésame los suspiros y ronquidos. Bésame cuando me pierdo y cuando me encuentro. Bésame en los almuerzos, en las cenas y en los desayunos. Bésame por sorpresa. Bésame hoy y bésame mañana. Bésame al teléfono y en un mail. Bésame en la vida. Bésame en la muerte.
La casa
Había pasado años en esa casa. Había viajado a miles de lugares, se había mudado a miles de ciudades y casas diferentes pero siempre estaba ese lugar intacto. Su único lugar de siempre. Un punto inerte en su vida nómada. Cómo iba a fijar un nuevo punto de apoyo para sus recuerdos si esa casa ya no estaba.
Desvió la mirada más allá de las macetas del balcón y sus pupilas se dilataron. Se le cerraron los ojos por la fuerza del sol. Los tenía rojos. Había estado llorando horas previas a las tres de la tarde.
Compuesta, se sentó tranquila a suspirar las consecuencias. A miles de kilómetros quedaba enterrado el único recuerdo que tenía de una parte de su vida que ahora le parecía estar años luz. No quería olvidarlo, no como se hace cuando el tiempo da un paso y las cosas viejas se guardan.
Y entonces cómo se sigue, se preguntó aquellas primeras horas de la mañana. Los recuerdos mentales con el tiempo se terminan desvaneciendo, igual que las caras de los primeros amores, de los amigos de la infancia, de gente que uno ve caminando y promete no olvidar. Pero el tiempo va metiéndose en los puntos que dibujan los recuerdos hasta hacerlos borrosos. De eso tenía miedo, de olvidarse de cómo era.
Tenía todavía todas las esquinas frescas, las mesas, sillones, inclusive ruidos y olores. Pero sabía que por más que tuviese una memoria de elefante con el tiempo se iba a olvidar del olor a kerosene en la cocina o el teléfono gris sobre una mesita pequeña. Los platos y vasos blancos con dibujos de patos naranja.
Desvió la mirada más allá de las macetas del balcón y sus pupilas se dilataron. Se le cerraron los ojos por la fuerza del sol. Los tenía rojos. Había estado llorando horas previas a las tres de la tarde.
Compuesta, se sentó tranquila a suspirar las consecuencias. A miles de kilómetros quedaba enterrado el único recuerdo que tenía de una parte de su vida que ahora le parecía estar años luz. No quería olvidarlo, no como se hace cuando el tiempo da un paso y las cosas viejas se guardan.
Y entonces cómo se sigue, se preguntó aquellas primeras horas de la mañana. Los recuerdos mentales con el tiempo se terminan desvaneciendo, igual que las caras de los primeros amores, de los amigos de la infancia, de gente que uno ve caminando y promete no olvidar. Pero el tiempo va metiéndose en los puntos que dibujan los recuerdos hasta hacerlos borrosos. De eso tenía miedo, de olvidarse de cómo era.
Tenía todavía todas las esquinas frescas, las mesas, sillones, inclusive ruidos y olores. Pero sabía que por más que tuviese una memoria de elefante con el tiempo se iba a olvidar del olor a kerosene en la cocina o el teléfono gris sobre una mesita pequeña. Los platos y vasos blancos con dibujos de patos naranja.
Hoy te secuestro
Tengo un par de fantasmas y unas ganas terribles de arrebatarte de su mundo. Acercarme a ti, saludarte con un beso, taparte los ojos y que huelas algo que te deje dormido. Que te despiertes en una cueva afgana sin luz, lejos de ella, que me dejes regalarte una flor y por un día empezar otra vez sin intentar remediar las causas perdidas, que para eso está ella y ella no está aquí.
Quiero sacarte las ganas y que pruebes todas mis recetas. Comer jabón si es necesario. Cruzar el desierto de Gobi y comer cuzcuz en Marruecos. Juntar arena en Egipto o tomar el agua del Ganges.
Quiero sacarte las ganas y que pruebes todas mis recetas. Comer jabón si es necesario. Cruzar el desierto de Gobi y comer cuzcuz en Marruecos. Juntar arena en Egipto o tomar el agua del Ganges.
Las consecuencias del amor
Las consecuencias del amor, señoras y señores, son contradictorias. Duele, y duele mucho, tanto como las piedras en los riñones o un trasplante de corazón, pero es lo mejor que se puede probar. Acido y dulce. Frio y caliente. Empieza en la boca, baja por la garganta y cuando choca contra el estomago desprende tal adrenalina que uno se olvida de respirar. La epidermis se eriza y el escalofrío baja desde la razón por la columna hasta los pies y te deja sin suelo. Pierdes el equilibrio, te desbocas. Todo cambia. Y entonces te sacude y lo que pasó en ese primer minuto se te pega en la cabeza. Su olor. Su aliento. Su textura. Su voz. Sus ojos. Y hay siempre una canción que se repite y se repite constantemente cuando uno entra en terapia intensiva a punto de morir por el dolor. Sí señoras y señores. Si me preguntan si vale la pena. Lo vale.
El de los extracomunitarios
El paisaje de los vencidos camina por el Borne, se estrella en una esquina, lo graban en Youtube, se prende fuego y sale en las noticias justo después de cuidado con las carteras y antes de los índices del desempleo.
Lo he visto todo
Lo he visto todo. Vi todos los colores, probé todos los sabores, he visto caras alegres, caras tristes, caras de viajeros y de gente que ya llegó. Lo he visto todo. Lo he visto desde detrás de una ventana, lo he visto cara a cara, desde un tren y un avión. He visto África, he visto Europa, he visto América, he visto Asia, he visto pobres y ricos, he visto guerras y besos. He visto mujeres bellas y hombres que quieren ser mujeres bellas. Y mujeres que quieren ser hombres. Y hombres que aman a mujeres, y mujeres que aman a hombres. He visto flores y árboles, he visto lluvia y arco iris. He visto montañas, he visto miseria, he visto bondad. He visto euforia, he visto tristeza. Lo he visto todo. Te he visto a ti, he visto a ella pero no me he visto a mí.
Cuando el futuro llegue
Cualquiera de estos días llegará el futuro y te preguntará cómo van las cosas. Le responderás que están muy bien, que lees los periódicos todos los días, que tenes dos hijos, un perro y que no faltas al trabajo ni un día. Y entonces te preguntará si sos feliz. Y le responderás que estás en eso. Y volverá 20 años después y te preguntará de nuevo cómo van las cosas. Y le responderás que están muy bien, que miras televisión, que tenes tres nietos, el perro ya se murió y que estás por jubilarte. Y entonces te preguntará si sos feliz. Y le responderás que estás en eso. 15 años más tarde llegará el futuro a preguntarte de nuevo cómo van las cosas y le responderás que estás muy bien. Que ya no miras televisión, que tienes 5 nietos, que todavía caminas y que extrañas a tu mujer. Y entonces te preguntará si sos feliz. Y le responderás que estás en eso.
Hard to answer
If you had the key to set you free, what would it be?
Is it a house, is it a car, the man asked me twice.
Walking home not alone? An stair up to the sky?
Or is it God face on a portrait?
If you had the key to set you free, what would it be?
Is it a lottery ticket or pills to keep you happy.
If you had the key to set you free, what would it be?, the man insisted.
If you had the key to set you free, what would it be?
Is it a house, is it a car, the man asked me twice.
Walking home not alone? An stair up to the sky?
Or is it God face on a portrait?
If you had the key to set you free, what would it be?
Is it a lottery ticket or pills to keep you happy.
If you had the key to set you free, what would it be?, the man insisted.
If you had the key to set you free, what would it be?
Shh
Tenía muchas ganas de decirle muchas cosas.
Uno de esos golpes de sinceridad de los que luego se arrepiente uno. Tenía nudos en el estomago que le hacían doler si seguía callada, pero se preguntó qué dolor dolería más, ¿el de un estomago o el del un corazón roto?.
Shh, se escuchó.
Y se calló la boca, se calló las ganas, se calló los sentimientos.
Y entonces un día todo le explotó por dentro, y se arrepintió. Y salió corriendo a buscarlo, a decirle lo que cargaba desde hacía tiempo pero el no le entendió.
Y ella lloró tres días seguidos y el la consoló tres días y después se marchó.
Uno de esos golpes de sinceridad de los que luego se arrepiente uno. Tenía nudos en el estomago que le hacían doler si seguía callada, pero se preguntó qué dolor dolería más, ¿el de un estomago o el del un corazón roto?.
Shh, se escuchó.
Y se calló la boca, se calló las ganas, se calló los sentimientos.
Y entonces un día todo le explotó por dentro, y se arrepintió. Y salió corriendo a buscarlo, a decirle lo que cargaba desde hacía tiempo pero el no le entendió.
Y ella lloró tres días seguidos y el la consoló tres días y después se marchó.
What I have
I have a world version that excludes your wife,
I have a big bed and the wrong man,
I have a one life trip and no ticket,
I have six extra kilos and two white hairs,
I have a bank account and no millions.
I have a job and a boss.
I have a balcony and seven green plants, yet no red flowers.
I have friends, a bike, books and corn flakes.
I have love, hate, passion and depression.
I have a silly laugh and a silly dance.
I have music, colours and films.
I have a big bed and the wrong man,
I have a one life trip and no ticket,
I have six extra kilos and two white hairs,
I have a bank account and no millions.
I have a job and a boss.
I have a balcony and seven green plants, yet no red flowers.
I have friends, a bike, books and corn flakes.
I have love, hate, passion and depression.
I have a silly laugh and a silly dance.
I have music, colours and films.
A punto medio
Mi vida es un punto medio entre los que se animaron a todo y los que se inmovilizaron ante todo. Soy un bricolaje de conclusiones literarias, de fotografías robadas, de música, de ganas, deseos, miedos, superaciones, frustraciones, altibajos, pasiones e Ibuprofeno. Me gusta el sabor del color naranja en todas sus expresiones. Atesoro todos los recuerdos y lo recuerdo todo. Soy mujer medieval con alma modernista, cuerpo consumista y mente ambigua, me presto a varias interpretaciones y me divierte. Pienso constantemente en llenar mis mil vacíos expuestos, no creo en religión, no creo en las terapias, no creo en alternativas. Soy tajante en cuanto a la naturaleza humana, tanto que se que abono elegir para que mis plantas tengan flores.
The Vatican
I like a boy who likes a girl, who likes a girl who likes a girl, who likes a boy who likes a girl and a boy, who likes a boy, who likes another boy who likes a girl, who likes a boy who likes little boys.
Si señores compradores
La sensación más absurda de todas es la de la libertad de sábado a domingo. De lunes a viernes trabajamos para volver a comprar esa misma sensación absurda de libertad de sábado a domingo.
Maldita luz - fotofobia
9:15. La luz no me deja ver, me deja casi ciega. Sea artificial o natural, me provoca lo mismo; una sensación que me corroe el iris, como una grieta que se abre poco a poco, y se come un pedazo. Me seco como una esponja al sol. Algo se oxida por dentro. No me deja hidratar. Abro los ojos a las ocho de la mañana cuando suena el despertador, y los siento rasgarse apenas enciendo la lámpara. Si son sesenta voltios de luz contra la cara, la vista se me quiebra por siete minutos. Exactos siete minutos: no puedo controlar el parpadeo. Necesito humedecerme constantemente, es involuntario. Las glándulas lagrimales me arden. Lloro. Los vasos sanguíneos se vuelve intensos y me pica la cornea, como si tuviese sal en el glóbulo. Siento piedras, algo adentro. Me genera nerviosismo. Duele. Ambas pupilas se reducen y siento el iris romperse. Una simple sensación que se repite con la intensidad de cualquier luz. En menos de un segundo y cualquier destello me genera fotofobia, y una adoración pagana por la oscuridad como en la película "Los otros", pero versión cotineidad adversa a la fotosíntesis.
Publicado en www.calabria164.com
Publicado en www.calabria164.com
Un poema de amor
Me gustaría escribirte un poema de amor que nunca leerías. Darte un bocado que no probarías. Tejer recuerdos que no recordarías, ponerle nombre a hijos que nunca tendríamos. Recetas que no probarías, lágrimas que no me dedicarías. Sonrisas, cicatrices.
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