No te creo y no te quiero

Isabel Muñoz
Quisiera quererte. Quererte.
Quererte con naturalidad. Sin nervios.
Quererte abiertamente y sin las suposiciones de lo que supongo por cierto y ya no te creo.

Quisiera quererte. Quererte.
Quererte de lejos y de cerca. Sin distancias.
Quererte sin espacios y sin los agujeros que dejan los metros cuando ya no te creo.

Quisiera quererte. Quererte.
Quererte el día entero y de noche. Sin vacíos.
Quererte todos los minutos y sin las ausencias que siento cuando no te creo.

Alicia le dijo adiós apenas tres segundos después.

Luciana Salvador Serradell 


La tertulia de Delia y Porota

Diane Arbus
-¿Qué es el amor?, decime querida. Llevo casada con Alfonso 47 años y todavía me lo pregunto.

-No te entiendo Delia, no entiendo tu pregunta- dijo Porota mientras encendía uno de sus cigarrillos. –Te pones a hablar de Alfonso y me entran ganas de fumar.- Enciende el cigarrillo y se traga el primer humo.

- Siempre le tuviste ganas a Alfonso, Porota querida. A estas alturas de nuestras vidas te puedes sincerar conmigo. Pásame un cigarrillo por favor, querida.

- ¿Pero no lo habías dejado?- preguntó Porota mientras busca en su bolso de nuevo la cajetilla de cigarrillos.

- Si a mis 84 años ninguno de mis vicios me mató, y vos Porotita querida sabes muy bien que no me privé de absolutamente nada, muchos menos en mi juventud, cuando estuve en Paris estudiando-. Recibe el cigarrillo, lo enciende y le da una bocanada profunda. –Estoy segurísima que si ahora se me da por dejarlos, en una semana estoy tiesa y fría-.

-No hables así Delia. Sabes muy bien que no me gusta- se quejó Porota.

- Queri, no entiendo porque te pone tan sensible el panorama futuro inmediato.

- Cambiemos de tema. Hoy los 80 son los nuevos 60. No siento ni la remota necesidad de empezar a pagarme un nicho. Y para que te enteres,  dejé de pagarle al cementerio-, explicó Porota mientras le señala algo a Delia.

- Divina la parejita. ¿Recién casados o todavía de novios?-, preguntó Delia a Porota.

- Recién casados o todavía novios es lo mismo. Quiero verlos en 25 años, quiero ver si todavía caminan tomados de la mano- replicó Porota.

- Esta mañana te siento un poquito resentida querida, ¿se te acabaron anoche las pastillas para dormir?- preguntó Delia con una sonrisa irónica.

Un silencio ocupó la mesa por un par de minutos. El camarero aprovechó el momento para recoger las dos tazas vacías de café.  Ambas mujeres seguían con la mirada a la joven pareja mientras disfrutaban del humo del cigarrillo a punto de terminarse, en la boca. 

- Decime Delia, ¿qué hubieras preferido? ¿Una historia de pasión de una semana o una historia de amor de toda una vida?- preguntó Porota mientras apretaba lo que quedaba del cigarrillo contra el fondo del cenicero.

- Porota querida, ¿tú que crees?- le devolvió la respuesta. 

Fotografía Diane Arbus

Los qué tal de Ethel

Anka Zhuravleva
Los qué tal de Ethel que empezaron hoy con un qué tal si no tengo ganas de mirarte a la cara y decirte que está todo bien. Bien por dentro y por fuera, si lo de adentro es todo mío, de Ethel, y lo de afuera, lo de afuera está podrido. 

Qué tal si hoy me compro un litro de Coca Cola, dijo Ethel, y me la tomo de un sorbo hasta que el gas se me suba a la nariz, me explote en los ojos y te monte un pollo. Un pollo grandísimo, extremo y sublimemente hormonal porque tengo unas ganas exageradas de llorar. 

De llorarme y no se porqué. 

Qué tal si hoy me dejas tranquila la cabeza, en pausa y desconectada, sin gracia, sin ganas, sin fe. Aquí y así. Sentada y con un vaso vacío dando pena y mucha porque la botella se terminó y Ethel, Ethel no lloró. 

Luciana Salvador Serradell


La cabeza de Gretel los jueves

Henri Cartier-Bresson

Hola, le dijo Gretel a su cabeza que los jueves no la lleva a ningún lado y la tiene todo el día, todo el día y desde temprano, pensando en eso que la inquieta cuando está aburrida. 

Lo de las dos posibilidades que siempre hay -eso dicen-, y que prefiere dejar pasar que elegir a empezarse a divertir por eso que no se puede hacer cuando se tiene cuarenta y tres. 


Luciana Salvador Serradell

Te hablo a ti, amor.

Anka Zhuravleva

Vamos. Vayamos ahora y hagamos lo que el viento fuerte hace en los oídos. En los oídos cuando estallan. 

Le dijo suave.

Escucha…
Crac. Rompamos con esto que hay. 
Crac. Desquiciémonos antes de que todo vuelva a empezar. 

Y se vistió pensando en eso que al empezar uno se olvida.

Vayámonos. 
Vayámonos antes de que terminemos arrancándonos estas ganas indebidas.

Ilegales. 
Mal educadas. 
Innecesarias. 
Incorrectas.
Injustas. 

Anarquistas. 
Sobre todo anarquistas.

Frente a frente, ahora.

Escapemos ahora que podemos del ritual de lo habitual. De los modales que te abrazan, que te asan. De la certeza que aplasta. De las convicciones arrugadas en tu cara sin arrugas. 

De la seguridad de lo aprendido que no sirve para creer todo lo que uno tiene que hacer. De lo evidente que ya viste y vestiste. De la verdad que miente y lo contrario que te gusta.

De lo autentico que es auténticamente plástico. De todas las cajas. De la certidumbre que apalanca. De la exactitud de lo observado. De la persuasión. De lo conocido. Del convencimiento social de estas líneas dibujadas que no te llevan al guirigay de estas ansias que hoy te comparto. Amor. 

Estas que dicen saltemos.
Saltemos. 
Bailemos. 
Sudemos. 

Gritemos. Escapémonos hoy. Hoy y ahora. Vamos y vivamos este apetito tan inquieto de ser cuando lo habitual deja lo del ritual. Nos vamos Amor. 

¡Ahora!


Luciana Salvador Serradell



Titubear

Nobuyoshi Araki
Vamos a titubear.

Titubear  antes de arriesgar eso de caminar descalzos y con lo puesto, por el circulo perfecto del sonido agudo de una flauta de bambú.

Vamos a arriesgar y dejar la cama mal tendida antes de salir. Al salir para no titubear antes de partir.



Luciana Salvador Serradell

A Japón

Nobuyoshi Araki
Viajaremos a Japón en abril por recomendación del tiempo que se esfuma mientras esperamos la luz que se apaga de noche, cuando acabas el libro. Cuando termino el cigarrillo. Cuando desdoblamos las sábanas.

Viajaremos a Japón en julio. Antes del próximo invierno, después de tus primaveras, del capítulo que se extraña, de los pasaportes vencidos.

Viajaremos a Japón en avión. Yo compraré los billetes y tú, maletas nuevas. Viajaremos en clase turista, viajaremos después de las cuentas del gas, de los seguros, de todo lo diario que te mantiene pendiente de noche mientras el tiempo se esfuma y apagamos la luz. Luego de tu libro y mi cigarrillo.

Esta noche nos vamos a Japón.


Luciana Salvador Serradell


La geometría de los sentimientos

Angel Nenov
En una esquina de mi cabeza dibujo un círculo apretado que encierra una idea cuadrada y me tiene rebotando entre dos mitades de corazón rojo.

En la curva de uno de estos corazones escondo una puerta que de buscarla la encuentras detrás de las líneas de mi mano.

Adentro de mi mano escondo un secreto que es forastero en mi cabeza y que viene de ese círculo rojo apretado que encierra una idea cuadrada que me tiene rebotando entre dos medios corazones rojos. 
Luciana Salvador Serradell


Me pregunto. Te preguntas.

Leslie Alsheimer
Me pregunto. Te preguntas. 
Si estás aquí porque sí o deberías irte lejos. 
Muy lejos.
Me cuestiono. Te cuestionas. 
Si deberías corregir estas posturas o dejarte ir.
Huir.
Me analizo. Te analizas.
Si deberías batir lo que tienes y hacer que salga algo, o empezar de nuevo.
Muy lejos, sin huir.
Me pregunto. Te preguntas.



Luciana Salvador Serradell








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