La excusa

La excusa olvidada la despertó anoche tras una sacudida de tensión que no la dejó volver a dormir. Acurrúcate en tu cama porque te duele haberte olvidado quien sos, le decía la excusa desde adentro de la cabeza.

Era la excusa por la cual no creía en el Papa, no quería ser esposa ni cocinera de almuerzos y cenas. Ni ama de casa. Que la mantenía alejada de la idea del supermercado a la cocina; en reserva de las acotadas libertades y de las explicaciones y los pretextos. Era la excusa que la hacía ser ella y no otra.

Ella después de darse cuenta estaba enfada consigo mismo. Atormentada. Arruinada. Sin tiempo y con todo el silencio de una noche gritándole en los tímpanos: movete, movete, movete… que no te atrape.

El despertador sonó a las 8:40, ella llevaba un rato esperando la mañana. La excusa se había relajado pero seguía adentro.

Ese día no cocinó, pensó en su excusa y se puso a planearla.



Luciana Salvador

Carta a un ex

Carta a un ex

Hola, a veces creo que le das muchas vueltas a lo que tuvimos y no las tiene. Por lo menos no para mí, igual me entretiene leerte. Cada quien hace de lo vivido lo que quiere, esperanza o experiencia. Cada cual elige.

Me gusto esa parte de tu mail donde pones “tu ser tan propio”. ¿Así me veías?. Pareciera ser que en Buenos Aires lo que más tenía era individualidad. “Yo contra el mundo” y “el mundo contra mí”. Y no sé si era tan así. Elegía lo que quería y dejaba lo que no, pero no sabría todavía como definir esa etapa de mi vida.

Ahora las cosas cambiaron. El mundo se me agrandó y lo siento mío por momentos y otras muchas veces ajeno. Y claro está que soy una extraña (me pregunto si todavía mantengo ese individualismo mío).

Josefina Bonaparte

Zapatillas desatadas


Tenía esa idea loca de salir corriendo de su casa con las zapatillas desatadas. Nunca entendí muy bien porque lo hacía si sabía que en algún momento se iba a tropezar.
Se tropezaba siempre. Llegaba a apoyar las manos primero pero igual se lastimaba las rodillas. Cuando llegaba el verano y usaba pantalones bermudas, tenía las rodillas lastimadas. Nunca cicatrizaban porque volvía a lastimarse antes.
Supusimos que la manía se le iba a ir de grande. Para los 32 seguía usando las zapatillas desatadas, a los 47 también. Después no supe más nada de él.
Hoy me enteré que la semana pasada se volvió a tropezar. Salió en la primera plana de un diario de Londres. “Hombre cae al Thames, aún lo están buscando”. Hablé con un amigo que estaba con él cuando cayó, me dijo que llevaba puestas sandalias.

Cuando Marito se hizo mujer

Marito Rubén tenía 45 años, separado y padre de dos niños, cuando decidió hacerse mujer. A finales de los ´70 conoció a Claudia en la universidad, se pusieron de novio y 5 años más tarde se casaron en Luján. Primero nació Pablo y dos años después Manuel por cesárea.
Trabajó hasta la crisis del 2000 en una de las oficinas que tiene el Tesoro Nacional en la calle Maipú. Estuvo desocupado casi un año hasta que entró en una inmobiliaria como encargado contable. En ese período de seis años se separó de Claudia, dejó la casa que compartían en Velez Sarfield y se alquiló un monoambiente en pleno centro porteño, a unas siete cuadras de la oficina.
En la inmobiliaria conoció a Esteban, 24 años más joven y con una tendencia homosexual definida a los 13, cuando tuvo su primera relación sexual con el portero del colegio.
Esteban era oriundo de La Rioja, y había cambiado la provincia por la capital para poder ser sin prejuicios. Primero trabajó en Mac Donalds, estuvo conviviendo con Rodrigo casi dos años y ahora vivía solo, en Belgrano.
Marito no es que había tenido sus dudas, pero fue Claudia quien sin dudas le hizo dudar de sus preferencias sexuales (fue la conclusión del terapista 10 años después). Cuando se casó, Claudia tenía una figura cuyo contorno dibujaba 50 kilos de mujer agraciada. Después del segundo embarazo había engordado exactamente 32 kilos. Intentó bajarlos. El tema para Marito no eran esos kilos de más, sino el desgano que Claudia tenía para con ella, que le había cambiado hasta el humor.
Claudia podía estar 5 días sin bañarse, una semana con la misma ropa interior. Se depilaba las piernas cuando su hermana Inés venía a visitarla, y la obligaba. Tenía el pelo descuidado, no solo desteñido sino con caspa; y Marito creyó ver una vez piojos caminando en la cabeza de su esposa. Prefirió no comentarle nada porque así era la relación, Marito era el sumiso y Claudia la del temperamento fuerte.
Claudia no trabajaba. En realidad nunca trabajó. Se recibió junto con Marito de contadora en la Universidad de La Plata, pero se dedicó a los quehaceres domésticos. Después a sus hijos y ahora a nada. Ni siquiera limpiaba la casa, Marito tuvo que contratar a Estela para que vaya tres veces por semana: los lunes, miércoles y viernes a limpiarla, cocinar y uno de esos días solamente planchaba.
Había sido Claudia quien sacó a patadas a Marito de la casa cuando tuvo uno de esos ataques de mal genio. Pensó que este iba a volver arrastrado como siempre, pero se fue a la casa de un amigo, y no volvió más.
Cuando Esteban invitó a Marito a cenar no habían intenciones de por medio, fue la típica reunión entre dos compañeros de trabajo. El tema fue que esto se hizo continuo y a Marito verdaderamente le gustaba la manera que tenía Esteban de agasajarlo. No estaba acostumbrado a tal buen trato, que bien Marito sabía era delicadeza femenina pero en envase masculino.
Creo que Marito quedó atrapado sin darse cuenta. Todos los lunes cenaban en lo de Esteban, los miércoles iban al cine porque la entrada estaba a mitad de precio, los jueves a clases de salsa en San Telmo, y los viernes Esteban cenaba en el piso de Marito y si se hacía tarde dormía en el sofá.
Cuando Marito se compró un auto nuevo, se fue de viaje con Esteban a Misiones. Marito manejaba, Esteban le cebaba mate y le daba conversación para que no se quede dormido. Primero Misiones, después viajaron a Bariloche, Córdoba, La Puna y el verano pasado se fueron a Cancún con un viaje que se había ganado Esteban en la fiesta de fin de año de la empresa.
Esteban ejercía en la vida de Marito el papel clásico de una mujer enamorada. No se si Esteban lo estaba pero daba esa sensación. Fue recién al año que Marito comenzó terapia recomendado por Irene, la hermana de Claudia con quien mantenía un estrecho contacto. Después de unas 20 horas de terapia Marito se dio cuenta que quería depilarse las piernas y axilas, maquillarse la barba, dejarse el cabello hasta la altura de los hombros, ponerse falda y ser mujer.
Tanto Esteban como Inés lo acompañaron en el cambio. No fue brusco sino que duró unos dos años hasta que Marito dejó de ser Marito y pasó a llamarse Marita. Pablo y Manuel empezaron también a hacer terapia y ninguno de los dos todavía acepta ver a su padre con falda y maquillaje. Esteban decidió volver a La Rioja y montó un restaurante que fue catalogado la semana pasada por el diario Clarín, como uno de los más elegantes de esa provincia. Vive en pareja con Marcelo. Claudia, después de enterarse que Marito se había hecho mujer, entró en una profunda depresión y perdió 40 kilos. Se recuperó y ahora va al gimnasio tres veces por semana y a la peluquería todos los sábados por la tarde. También toma clases de pintura y se depila cada 20 días las piernas, axilas y el cavado.

Paja mental

Tengo algo en la cabeza que me hace ruido cuando me quedo quieta. Me desconcentra de golpe o de a poco, pero aparece y no me deja quieta. Tengo algo que me hace cosquillas, es una bala que no quiero que me toque las neuronas. Es un vicio que me retumba las ganas. ¿Es lo que hay? Como una paja mental, que cuando empieza no quiero que termine y cuando termina quiero que empiece. Y me corre en cada esquina. Y si me siento me pincha el culo como hormigas.

Mujer arrabal, La Yoli

Era esa puta que todas tenemos adentro y no nos animamos a sacar. Se la veía venir y las mujeres la criticaban de envidia. También lo hacían Norma y Estela, dos amigas de La Yoli. Se llamaba Leticia pero desde chica en el barrio se la conoció por La Yoli, el nombre de un prostíbulo que quedaba al final de la avenida principal, y que cerró con la crisis del 2000. Era conocido porque casi todos los hombres de Santa Catalina habían debutado ahí o al menos tocado las primeras curvas femeninas.
La Yoli tenía vida propia ajena a la rutina que la marginaba. Por puta no era la prostituta del pueblo, pero tampoco se guardaba las ganas. Podía pasar entre amigos e inclusive entre hermanos. Las que se atribuían la licencia de señora de fulano, argumentaban sobre la vergüenza que caía sobre la tumba de su padre. -Pobre hombre, se rompió el lomo laburando para su familia y mira como le paga la hija. Se debe estar revolcando en su propia tumba. La madre todavía sigue viva, está en un geriátrico desde que La Yoli desapareció.
La Yoli tuvo sus historias y la cuarta le dejó una hija, Blanquita que ahora tiene 10 años y vive con el padre. La Yoli estudió enfermería y cuando terminó entró a trabajar en el Hospital Brown. Estuvo dos o tres años pero tuvo un revuelco con alguien de la administración, y cuando la esposa de ese se enteró (era la hija de alguien importante, se vé); le dieron el raje.
Estuvo vendiendo cremas y perfumes Ponds por su cuenta, pero no le fue bien. Igual siempre mantuvo esa postura que la caracterizaba. Cuando la conocí la sentí como una de esas mujeres que nacieron en una cloaca y de todas maneras se quiere llevar el mundo por delante.
Fue en octubre.

Mi lugar en el mundo

Rubén piensa que cuando se ama se siente que uno llega a casa. ¿Qué es casa? Una persona o un lugar. Desde hace unos años que vengo buscando mi lugar en el mundo. Muchas veces pienso qué puede ser eso que me falta para no sentirme llena en donde estoy. Siempre algo me empuja a querer irme. Algo que no termino de explicar me dice que hay otro lugar que es el mío. Y me siento como en la canción de Bunbury, extranjero soy. Y salgo a probar lo que sea para ver si tiene ese algo que necesito para vivir.
Me visto de Gema, con perro imaginario y casita portátil. –Perdón, ¿sabe donde queda mi lugar en el mundo?, pregunto mientras abro mi cartera verde y busco un lápiz azul para anotar la dirección en mi agenda naranja. –Sorry, I don´t speak spanish. Responde el susodicho y me deja parada en Gran Via y Rocafort con el perro ladrando.

Volver a lo que soy

Más allá de todo aquí me encuentro. Lejos de todo lo que siempre conocí, apartada de lo que me era diario. En otra ciudad que tiene otro sonido, viviendo con gente que adopto como familia. Horarios nuevos con exigencias diferentes. Y atrás de todo, unas inmensas ganas que me empujan desde abajo, desde los pies a caminar hasta allá pasando por aquí. Pero no me puedo comer el mundo de una bocanada, podría asfixiarme.
Vengo corriendo desde hace años, y ahora necesito tomar un poquito de aire para conseguir más carrera. Ahora solo quiero sentarme a ver hasta donde llegue. No abandono mis metas, solo necesito observarme para dejar de sentirme una observadora. Hacerme dueña de este presente sin estar pendiente en lo que viene después. Que esto me alimente lo suficiente.
Un tiempo en blanco para volver de nuevo a lo que soy.

Con resaca

Raras veces como ahora me siento humano. Vérmelas con la resaca de la vida sentada al lado de la venta de mi cuarto, al frente una pared en blanco como todo lo que está después de ahora.
Me considero viva en un segundo y enterrada al otro lado del minuto que viene. Qué hay mil exigencias que no son mías, que no las quiero y lo que quiero no lo entiendo. Y lo que busco se me escapa y si lo tengo no lo quiero. No me entiendo y aspiro la brisa del desodorante ambiental con olor a Marina que hay en los baños de Mc Donald. Y no me veo en este mundo de plástico que me sacude y me deja sin nada.

Gula andaluza

De todo lo que quiero y tengo solo lo que vos me das me alimenta hasta la gula en esta puta vida. Había pensado que lo mejor estaba cuando me sentaba en la cúspide de mi idolatría porteño, y me excitaba con las manos hasta que mi inspiración decantara en algún relato. Era la chica arrogante y bonita que se balanceaba desde cualquier ego y lo pisaba, o no. No se si lo quería todo o todo lo que tenía me aburría. Y era preciosa y fea, simpática y antipática, estúpida e inteligente: todo y nada, yo y otra. Una persona y muchas. Hoy con vos solo soy yo, y de todo lo que quiero y tengo solo lo que vos me das me alimenta hasta la gula.

Sensiblemente simple

Estoy sensible a todas las horas que me quedaron dando vueltas sin hacer nada. Y acá estoy más grande, más vieja, más yo, más simple. Tan simple que me veo del montón y bajo tu mirada no encuentro nada especial para que me dejes entrar por debajo de tu caparazón. No soy sobrenatural, no soy ni dulce ni amarga, ni inteligente ni estúpida. No soy la mujer ideal pero tampoco el descarte. Soy una chica común con sueños volátiles que apenas sabe que quiere de su vida y que ni siquiera puede prometerte constancia. Pero ahora tengo el cuerpo cargado de sensaciones nuevas que si me das permiso quieren seducirte con mis manos.

Alberto

Quiero un poquito de vos aunque sea a cuentagotas. No es mucho. No traigo grandes exigencias y si las tuviese por vos me conformo con un poquito hoy. Mañana también. Y es que ahora no tengo grandes proyectos y mi individualismo está en jaque con tu presencia. No quiero una casa bonita ni tres hijos, solo quiero dormir con vos y que vos quieras dormir conmigo. Que te despiertes. Me beses. Cierres los ojos. Me abraces. Y vuelvas a querer dormir conmigo.

Me explico

A ver. Que no me interesan los planes a futuro y que si me los invento son por tener que decir. Que me va cebarme con cualquier cosa que le genere adrenalina a lo que me pasa ahora, y que me parte el corazón que me lo rompan. Y que si no es ese hay otro. Y sino lo hay me lo busco. Nunca me faltan motivos, nunca deje de saltar. Y todavía no me preocupan los precios de los pañales y ni las hipotecas. Que me da lo mismo tener que cocinar o no tener, y si hay compañía en la mesa me siento mas contenta. Que soy la mujer perfecta para generar el escenario perfecto para que cualquier hombre piense que es mi hombre perfecto. Y que puedo jugar cualquier juego porque tengo fuerzas que todavía no conozco. Que tengo visto mi velorio y se que algún día voy a escribir un libro. Que voy a tener tres hijos y no van a ser de nadie por ahora, sino míos. Y me voy a poner desnuda y bañarme en pintura para manchar las paredes de mi cuarto. Que hay millones de personas que me aburren y aún así las escucho porque soy cortes. Que me va mirarme al espejo y sentirme bien, y se que después de los 30 voy a tener más atractivo. Que el terrorismo me genera lo que cualquier utopía le da al ideólogo, yo me lo inventé. Que tengo amigas que están más locas que yo y no puedo vivir sin ellas. Que no quiero que nada cambie en la casa de mis viejos, que mi hermano sea grande y mi hermana pequeña. Que me enamoro de circunstancias y jamás de personas. Que a veces pienso que quiero llenarme de alguien pero no se buscar bien. Que desde hace un tiempo necesito abrazos y entendí el valor de un beso. Que el mundo es inmenso pero el que vale es el de uno.

Si fuese Gema

Aveces pienso que me quiero llamar Gema y tener una perra que se llame Greta. Tener una casa de plástico con esas alfombritas de vinílico blancas a lunares negros para pisar con los pies descalzos. Manzanas sobre un plato grande en la mesa y plantitas verdes en las ventanas de la cocina. Perejil, albaca, menta y un germinador de porotos. Atrás un jardincito con margaritas, una mesa cuadrada y cuatro sillas de madera. Un baño con cortinas amarillas y poder quedarme horas en la bañadera mientras Greta me mira. Usar un collar de perlas de plástico verde, grandes. Tener una bincha ancha en la cabeza con estampados de flores, como las telas de los vestidos de las abuelas, esos que tienen botones por delante. Usar zapatos de niña tonta y poder sumirme en el letargo de mi estupidez diaria sin complicaciones.
Tener jugo de mango en la heladera y Nesquik. Cucharitas de te todas iguales, platos con dibujos color acuarela. Un televisor que no este nunca encendido. Remeritas sin corpiño, y tener visitas a las siete para tomar el té y ver bajar el calor desde mi jardincito. Un pasaje de avión a donde quiera, un microondas, un portátil y conexión de Internet. Que una de mis cinco amigas viva en el piso de arriba y las otras en el ático o en la casa del frente. Tener broches de madera y de plástico y una soga para colgar la ropa al sol color blanca a mi altura. Una puerta, cualquiera, me da lo mismo, con Vitro. Mi taza para el café con leche matutino colgado de esos clavitos redondos que se ponen debajo de las alacenas. Un par de anteojos de sol bien anchas para que me tapen las cejas. Siestitas al sol y que el me venga a visitar porque le gusta mi casita de plástico. Convidarle jugo de mango y hablar hasta que se hagan las 9 y se quede a cenar. Después me acompaña a pasear a Greta por el parque y el se fuma su cigarrillo. Volvemos a casa y en mi jardincito tomamos dos copas de vino. El me pide quedarse a dormir y yo le digo que si pero que mañana tengo que madrugar y mi despertador amarillo suena a las 8. Greta ya se hubiese dormido.

Bajo la sombra de un bonsai

Hoy por la noche aprendí el concepto de lo que me esta por pasar después del año que viene. No es mesa para dos, sino tener la voluntad de hacer un plato elaborado de comida para uno, aunque después me toque sentarme sola a la mesa, y brindar con mis pensamientos. Que esta bien planear una vida pensando en un perro para sacarme las ganas de acariciar, porque sino me voy a pasar gran parte del tiempo desparramando cariño a cualquiera sin que lo quiera. Que es jodido, pero un día me va a tocar planear el viaje de mis sueños, y tenga que sacar pasaje para 1. Que no es negativo decidir sola si quiero un remera o una camisa, o mudarme o quedarme, o tener hijos naturales o adoptados. Que tal vez me acostumbre a regar las plantas de noche y después acostarme sola a leer un libro. Que lo más probable es que me vuelva maniática e insoportable, porque por pena a no vivir de a dos, me voy a volver caprichosa en todos mis vicios para llenar vacíos.
Aveces pienso que vivo debajo de un bonsai.

Imagen recurrente de mis 30

Últimamente tengo la imagen recurrente de cómo pueden ser los / mis 30, y no se si me esta gustando esta manía de proyectarme constantemente cada vez que se me ocurre pensar en algo. Es como el tick de ver el horóscopo en Internet que tengo desde los 26, o pensar que las cartas del Tarot no mienten. El tema es que estoy como boludita, pensando en sueños comunitarios, en un jardín que no existe, en olor a vinílico. Me gustan los jardines, pero relacionar mis 30 con un jardín de margaritas, me está provocando pánico. ¿Será que cuando uno madura quiere una casa con jardín, o simplemente estoy levitando en mi letargo constante de estupidez, solo que ahora mi estupidez quiere margaritas? Estaré padeciendo una pre crisis existencial, esas que dicen que te pasan cuando cambias de década. O es el análisis que me llega después de leer que todos andan teniendo hijitos gordos y tasitas de té con esposos ideales, mientras que yo “polulo” por la vida sin rumbo definido, pensando que tengo un destino prefijado maravilloso, que nunca llega.
No soy buena esposa
No soy buena cocinera

Lo que no soy

Me hubiese gustado ser una de esas mujeres complejas, sumamente interesantes, con una vida cosmopolita entre Nueva York y Milan, anteojos y vestidos con strapless, zapatos taco chino con maquillaje original, olor a perfume, turno en la peluquería todos los jueves y en la cartera la última Vogue; pero no. Un día me hice simple.

Obsesionate conmigo

Creo que quiero ser la obsesión de alguien, y que me de cariño. Al final es eso, un poco de afecto al día. No pido más. Dar y no recibir, cuesta. Uno termina dando todo lo que quiere recibir, pero cuando te das cuenta la vida puede ser muy puta.

Mea culpa

Pero es mi culpa. Te diste cuenta que lo que te atrapa de una persona al principio, puede ser lo que te lastima al final.

Cuando pensé que lo perdía a él

Es increíble como se configura un camino y desconfigura otro simultáneamente.
Elijo estar acá y no allá; o a veces ni siquiera elijo sino que él eligió que yo esté acá y el allá. Dos días atrás se pudo haber estado pisando el mismo camino, dos días después cada cual con el suyo y lo más probable es que no se vuelvan a cruzar.
Y acá mi Amén para el camino que acabo de enterrar. Un ramo de rosas (aprovechando Sant Jordi) y una plegaria en tu honor con tu sabor. Nada más.
Que en el tuyo te vaya bien. Por mí no te preocupes, se andar sola.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...