Voy a conquistarte


Voy a conquistarte la espalda con una bandera de fresa y fumarte en la cara los pensamientos más verdes. Voy a saltar a la circunferencia de tu cuello, a la curva de tu oreja derecha y a la idea más densa de tu querer estar conmigo y a tu voz diciéndolo. 

Diciéndolo. Diciendo te quiero.

Voy a tatuar en tu hombro con tinta de mis pecas los cinco dedos de mi mano izquierda y enroscarme en tu pelo para meterme por tu nariz, bajar por tu columna y quedarme atada con una trenza a dos de tus costillas y a una de tus rodillas. 

Voy a jugar con la sombra de tus piernas y hacerte cosquillas en los dedos de los pies. Y voy a calcular todas nuestras probabilidades de todo lo que somos para que la única posibilidad de este querer estar conmigo sea indefinido. 

Indefinido. Que mi te quiero no tiene límite señalado o conocido.

Luciana Salvador Serradell

Cuando Miguel habla solo



Voy abrigarme con el último beso que me diste en octubre y de querer abrazarte, te abrazaré con la primera caricia que recuerde cada viernes, cuando cuente los días y cuando deje de hacerlo. 

Y voy a hablarte en silencio todos los lunes y los sábados. Y los martes te explicaré que te extraño cuando me levanto y los miércoles, este miércoles me siento un poco mejor. El jueves nos vamos por ahí y los viernes te invito a que pases y te quedes aquí hasta el domingo, que el domingo es raro y te quiero junto a mí.

Y voy a traerte a todos los instantes que tenemos pendientes por eso de que la vida es muy larga y aunque no estés a mi lado, te quiero siempre aquí. Aquí. Adentro. 

Bien adentro. 

En el hueco que dejó tu manera de quererme y este miedo inmenso a no tenerte. En el vacío del silencio de tu voz y este eco de recuerdos que te traen cada vez que te busco y te veo. Que te veo aquí, adentro. 

Bien adentro. 

Para que me abrigues con lo que me hubieses dicho y abrazos fuertes. Para que me digas que está todo bien. Que estás bien. Que es ley de vida. Que es natural. Que es simple. Que es así. Que no duele y que el tiempo, el tiempo no cura. El tiempo ordena.

Luciana Salvador Serradell



Hablando sola
















¿Acaricias con los recuerdos todas las posibilidades que ya no están? ¿Cuánto fuego necesitas que te queme por dentro para dejar ir lo que te asfixia? ¿Con qué color disimulas cuando lo que cargas te sobra? ¿En qué rincón de tu cabeza te escondes cuando estás en el medio de la calle y no quieres estar aquí? ¿Cuánta agua tienes que tomar para llenarte de algo? ¿Cuánto hace que no sueñas luego de dormir? ¿Cuánto hace que no despiertas? ¿Cuánto hace de algo?.
Luciana Salvador Serradell


Viajero frecuente


Soy un viajero y de tan frecuente me perdí. Me perdí en esto de entre aquí y aquello que partí cuando un día decidí, cuando decidí irme hasta el final del mundo para encontrar en mi cabeza lo que une el principio con el fin.

Esta locura de aquí con la cordura de allí.

Un beso sincero de entonces con el rechazo de ahora y el pensamiento del corazón, este que me pide seguir y que choca con mis ganas de quedarme quieta, muy quieta queriendo ser feliz.

Un poco menos infeliz.


Luciana Salvador Serradell



Porque cierro los ojos y todo empieza de nuevo


Puedo perderme en el pasillo, entre el comedor y la cocina y quedarme quieta, muy quieta y parada en la Gran Vía recordando que apenas hace un rato estabas aquí.

Aquí y pensé en Alta Gracia y Catamarca.

Puedo abrir la heladera, ir al bargueño, poner la radio, dibujar o salir a jugar con la simple promesa de hoy, especialmente hoy no pelear. 

Puedo crecerme en un botón de tu camisón cuando pienso tu olor y antes de cruzar Balmes, justo antes y queriendo, llenarme de escalofríos la piel, toda la piel cuando encuentro tu voz en Muntaner y cierro los ojos.

Los cierro con fuerza, con mucha para que no se escape tu voz y somos dos. Nosotras dos, un cuento y la excusa de no querer dormir para no dejarte ir.

Luciana Salvador Serradell


Ser

Ella Frances Sanders
Puedo ser la mano derecha que se apoya sobre tu izquierda o el agua que se queda adentro cuando todo se vacía. Puedo ser el eterno nudo que nunca te suelta, la esquina que hay delante o el color blanco de tu servilleta de papel. Puedo ser el hueco que deja la almohada en la que duermes, el sabor salado que te invade o lo suave de una caricia cuando se toca hablando. Puedo ser el abecedario, el día que viene mañana o la circunferencia perfecta del círculo que deja tu dedo índice cuando aprieta mi mano derecha.


Luciana Salvador Serradell

El corazón de la langosta


El corazón de la langosta 
Estoy aburrida.
Aburrida, aburrida.
Aburrida.
Y tengo la sensación de querer meterte en una capsula del tiempo para reservarte eternamente a todos los antojos que de vos se me puedan ocurrir cuando deje de aburrirme de quererme demasiado.
Por quereme demasiado.
Demasiado tanto tiempo.
Y empezar a quererte solo a vos de día y de noche, los doce meses del año y todos los segundos del reloj que te meterá en mi capsula del tiempo para preservarte tal cual quiero quererte cuando decida quererte más de lo que disfruto ahora no tenerte. Luciana Salvador Serradell

El corazón del caracol



El corazón del caracol (...)
Bésame,
bésame,
bésame.
(...)
Bésame,
bésame.
(...)
Bésame,
bésame,
bésame.
(...)
Bésame,
bésame,
bésame
(...)
Mucho.
Luciana Salvador Serradell

El corazón de la avispa



El corazón de la avispa (...)
Qué pasa si me acerco demasiado.
Demasiado cerca (...)
Si vuelo muy bajo.
Tan bajo que no vuelo.
Si me arrastro para alcanzarlo.
Para alcanzarte.
Y sino está lejos.
Si está acá. Está cerca.
Demasiado cerca y tan bajo que caigo por
alcanzarlo.
Alcanzarte (...)
Y si está adentro mío. Y si soy yo.
Si es ahora.
Si es esto y solo esto. Luciana Salvador Serradell

El corazón de la hormiga



El corazón de la hormiga
Vamos que nos vamos al otro lado del corazón para entender lo que no puedes ver.
Y sino.
Sino lo entiendes.
Prometo guardarte en mi corazón para siempre
pero adiós (...)
Que lo mejor de lo malo, es que no es lo peor. Luciana Salvador Serradell
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