El despecho de Ana

Baldovino Barani

Viajó a Madrid para matarlo. Cosas así se planean con tiempo, no es casualidad. Se piensan de principio a fin y ella no dejó cabos sueltos, por eso no fue un accidente que lo encontrara en Madrid. 

Sabía que estaría allí ese día.

Que cruza la calle a las 13:17 para ir a almorzar. Ya lo había hecho antes y la vez anterior. Lo sabía todo de él, incluso durante meses pasó horas repasando en su cabeza todos los movimientos para dar con él.

No se quería equivocar, eso me lo contó días antes.

Por nada del mundo volvería a cometer el mismo error que la última vez, por eso lo tenía todo tan matemáticamente programado. Tendrías que haber visto el libro rojo que siempre lleva. Me lo había explicado todo, lo del pasaje, Madrid, la calle y sobre él.

Claro. Todo excepto por qué y no se me ocurrió preguntar, viste como es Ana de efusiva que no deja espacio a las preguntas.

No sabía que viajó a Madrid para matarlo, me lo dijo después. Justo después de matarlo me llamó llorando pero no estaba arrepentida. No estaba para nada arrepentida y me lo contó todo.

A las 13:17 cuando el salió a almorzar ella lo esperaba justo al frente, en la parada del autobús. Él le sujetó la nuca con ternura y ella le acarició el cuello y se dieron un beso largo, como cuando hay ganas.

Muchas.

Su mano en la nuca le dejó el cuerpo sin aire, el corazón se le trabó y ahí es cuando lo mató, mató todo el amor que sentía por él, algo así me dijo. Ella los observaba a los dos besarse del otro lado de la calle. Él nunca le había sujetado así la nuca. Nunca con tanta ternura.


Luciana Salvador Serradell


Cuando Alfonsina le pidió un beso al mar

Brooke Shaden

Dame un beso que me deje sin aire, le pidió Alfonsina al mar. Dame un beso que me deje quieta, inmóvil y queriendo más. Pidiendo un beso más. Dame un beso que me ahogue en todos los besos que me dieron hasta ahora. Dame uno que me desarme por fuera, me desarticule por dentro y me deje con los pulmones vacíos, los dos. Un beso que me acelere el corazón y me transpiren las manos hasta mojarlas. Que me paralice por dentro. Dame un beso que me diga que me quieres más que todas las otras bocas que besaste. Un beso que me llegue adentro, dentro y hasta la planta de los pies y después voy a cerrar mi boca, cerrarla con todas mis fuerzas y no abrirla jamás. Nunca más para no dejarlo salir.

Luciana Salvador Serradell


El humo del perfume que no deja a Belén

Saul Leiter
Te habito desde que te fuiste, te habito en las agujas de mi reloj cuando marcan las dos y las tres y las cuatro. Y a las doce de la noche y a la una también. Y convivo de mala manera con tus segundos vacíos, con todos y cada uno, y repueblo de mal humor, de muy mal humor, mis horas con tus historias. Y es que son las cinco, se fijó Belén, y a las cinco ocupo el tiempo en desocuparte y vuelvo a llenarlo con el humo de tu perfume, el aroma de tu cigarrillo y este insomnio diurno que me tiene distraída de las puertas que se abren y la tuya que cierra. Y es que te habito tanto desde que te fuiste, tanto tanto y de tanto habitarte, me he olvidado de olvidarte.

Luciana Salvador Serradell

Vamos a jugar al cuento de la buena pipa, insiste Anabel

Lara Zankoul
Vamos a jugar al cuento de la buena pipa, yo empiezo y tú me sigues y cuando te sueltas, yo vuelvo a empezar. Vamos a jugar al juego que todos juegan y si te intimido porque insisto, no tienes que asustarte cuando te aprieto para no aflojarnos.

Vamos que nos vamos a jugar a que todo empieza cuando decimos que termina, que el lunes es excusa, el martes me gustas, el miércoles caemos y el jueves remontamos, y para el viernes ya encontraremos los motivos para que el sábado te insista y el domingo te decidas a que el lunes vuelvas a jugar conmigo al cuento de la buena pipa. Insiste Anabel.


Luciana Salvador Serradell







No es casualidad que hoy te deje

Marta Bevacqua
No lo eches a suerte,
no te quiero
No pienses que es algo conmigo
Sos vos

Y no lo intentes de nuevo
Te dejé antes de dejarte 
y ahora te aviso
Es viernes y te digo que no

Y no es cosa del destino, 
es cosa mía
Ya no te quiero
y la verdad que no lo siento
Así que ahora me voy
y no cierres la puerta,
te la cierro yo

Y no te preocupes por mí
Estoy bien 
Y muy bien desde que te dejé
Y te juro por Dios
que no voy a volver

Así que no le eches llave a la suerte
que no es casualidad que hoy te deje.



Luciana Salvador Serradell

Los gorilas de Marina

Aëla Labbé
Voy a liberarte de lo nuestro, dijo Marina, y como el cangrejo cuando camina para atrás, me iré despacito sin hacer ruido, sin dejarte de mirar. Sin querer lo que quiero, quedándome quieta cuando me muevo.

Primero voy a soltarte las manos, las dos a la vez y de repente.

Así. La derecha y la izquierda.

Sin pausa. Sin meditarlo. Nos soltaremos sin querer hacerlo para no dejar salir la sensación de todavía estar haciéndolo. Y como el cangrejo, caminaré para atrás y me iré despacito y sin hacer ruido, sin dejarte de cuidar.

Y cuando este lejos, luego de un tiempo.

Luego (…)

Desabrocharé los botones que nos atan, desenroscaré todas las conversaciones que tuvimos. Separaré tu mirada de la mía. Destaparé el aire que juntamos, despeinaré los pasos que dimos, aflojaré los nudos que nos hicimos. Desatascaré los pensamientos que compartimos.
Te separaré de lo que soy y prometo guardarte, prometo fielmente guardarte, donde guardo mis gorilas.


Luciana Salvador Serradell


Mi querida señorita Laurel

Anka Zhuravleva
Súbete la falda y sacúdete las bragas que una señorita, mi querida Laurel, una señorita como la cosa manda, no anda escondiendo cuando a otro se le da la gana. Súbete la camisa y enseña la teta, la teta derecha que son las tres y tu bebe tiene hambre. Suéltate el pelo, sacúdete el flequillo y ráscate la nuca que no hay circunstancia más religiosa que una cabeza cuando se acomoda.

Y si todavía tienes ganas, ganas de más, sácate las medias y los zapatos, y ráscate los dedos, los diez, que no hay mensaje de vida más directo a la cabeza que las cosquillas de tus pies y los calambres de la cadera, que hay al querer.

Pero si no quieres y la falda no te subes, mucho menos las bragas te bajas, y ni pensar con desprender el primer botón de tu camisa, no andes mostrando nunca cuando a otro se le da la gana. Átate el pelo, acomódate el flequillo y arregla el cuello de la camisa que no hay circunstancia más religiosa, mi querida Laurel, que una cabeza que nunca ha sido acomedida.

Y si todavía tienes ganas, ganas de más, ponte tus medias favoritas y los zapatos azules, esos que te quedan tan bien, y sal afuera, a donde quieras ir, que no hay mensaje más directo de vida a la cabeza que las cosquillas de la ropa en la piel y los calambres de la cadera, que hay al querer, mi querida Laurel.

Luciana Salvador Serradell

Cuando Buenos Aires se levanta, Fabiana está despierta

Rikitza

¿Qué hay ahí afuera que no te deja dormir? ¿Qué es eso que te atrapa? ¿Eso que no puedes decir?

¿Cuánto pesa el algodón de tus sábanas? ¿Cuántas vueltas le acabas de dar a la llave de tu puerta? ¿Tranquila? ¿Logras estarlo?

Y el silencio, ¿el silencio qué te dice cuando te metes en la cama? ¿Con quién hablas? ¿Con quién compartes? Y si compartes, ¿lo compartes todo? Y lo que guardas, ¿para cuándo guardas?

Y cuando Buenos Aires se levanta, ya estás despierta, ¿verdad? Y las fuerzas que sacas, ¿cómo las vistes? Y los colores que eliges, ¿qué te dicen? Y los zapatos que hoy te pones son para pisar, ¿para pisar fuerte?

Y tu voz, que no se corte. Y los miedos en el bolsillo. Y la boca pintada, el pelo arreglado. Dejaste tus papeles sobre la mesa antes de salir, ¿qué dicen?

Afuera está lloviendo, ¿adentro tuyo también?

Y cuando sales, ¿cuando sales así vestida, sabes que sales a un país que está en pie? El tuyo. Y de un tiempo aquí me pregunto, nos preguntamos ¿a qué huele la justicia aquí?

- ¿Qué perfume llevas, Fabiana?


Luciana Salvador Serradell


Las costuras

Aëla Labbé

Me rasgaría la piel para poder atarte a los huesos de mi cadera.

Lo digo en serio.

Me rasgaría la piel para atarme a ti. Lo hubiese hecho aunque ahora digas, haberlo hecho. Y me pregunto, porque llevo días preguntándote, y si lo hubiese hecho te hubieses dejado atar al borde de mi cuerpo para sujetarte por mi cintura.

Atar a todo lo que tengo por debajo, debajo de esta cicatriz que nunca viste cuando me dejaste. Es que eso de rasgaría es que me la rasgué y ahora tengo una costura en la piel.

Ésta que nadie ve.
Ésta que hace que no me olvide que es mejor querer que ser querida y no poder responder.



Luciana Salvador Serradell


Hoy no vale la pena que está ya lloviendo afuera

Adrian Sommeling
No llores por esa herida que hoy no cura porque el sol no sale y te ahogas, y te vuelves a ahogar, en un vaso con agua hervida.
No empieces a llorar.
Hoy no porque no hay motivos nuevos, y los viejos y a las viejas heridas las tienes bien repasadas de tanto llorar.
Hoy no llores que no vale la pena. No llores que te vas a mojar y afuera ya llueve y acá dentro todavía no.


Luciana Salvador Serradell




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