No te lo voy a permitir

Alex Stoddard

No voy a permitir ni un minuto más que te quedes sentada,
ahí sentada como embobada,
terriblemente embobada
porque no te sientes capaz de levantarte,
levantarte, pararte y salir.

No.

No te voy a permitir ni un segundo más,
ni uno,
que te quedes con la palabra en la boca,
el estómago cerrado y las ganas atrapadas,
atrapadas de nuevo y una vez más
por eso que te inquieta,
que te inquieta y te deja quieta.

No.

Hoy no te vas a dejar estar con la cabeza en remojo,
como un saco de té de lunes,
las ideas atadas y los brazos cruzados.
No porque hoy vas a salir corriendo y te vas a ir lejos,
tan lejos que no vas a encontrar de nuevo el camino
para volver,
volver a todo esto.

A todo esto que te desposa y te deja así,
sin más ganas de mariposas,
sin consecuencias dulces,
sin los riesgos de caminar descalza y a oscuras.

Sin los músculos relajados después de forzarlos,
sin la transpiración de las manos cerradas,
sin la sed cuando hay agua.

Sin las cosquillas del sol que atraviesa tu ventana,
sin la catarata de palabras en una hoja que deja de estar en blanco,
sin el ruido de las teclas cuando se hace rítmico,
rítmico y te transporta, te llena, te alegra.

Sin un billete de ida y otro de vuelta a cualquier otro lado,
sin el alivio después de tomar aliento,
sin esa sensación de por lo menos haberlo hecho,
sin remordimientos por lo que dejas,
cuando lo dejas todo por eso de hoy querer sentir todo.

Luciana Salvador Serradell

Ahí va Olivia de nuevo

Elena Vizerskaya
Voy a caminar alrededor del planeta hasta encontrarte y si te escapas o te pierdes, pensó sin decírselo a nadie, allá voy de nuevo.

Y de nuevo va con zapatillas o descalza, da lo mismo porque así es Olivia cuando pierde la cabeza porque el corazón a alguien, la primera vez que se enamoró, se lo dio.

Y entonces Olivia hace y deshace todo lo que estuvo antes del instante, ese en el que se vuelve impremeditada y el de las casualidades intencionadas que siempre hace que alguien converja en el marco de la puerta de salida de Olivia y Olivia pierda la cabeza.

Pierda la cabeza porque el corazón alguien, la primera vez que se enamoró, se lo rompió.

Luciana Salvador Serradell


Lo difícil de conciliar en el corazón de Florencia

Es difícil conciliar lo que es con lo que pudo haber sido, sintió anoche Florencia, justo antes de que sea lunes y al principio del final de lo que fue y no fue. 

Es difícil, pensó. Difícil, repitió.

Repitió en voz baja cuando las ilusiones se le agolparon de golpe y sin aviso en un costado del corazón, en ese rincón donde guarda lo que nunca será para dejar espacio a todo lo bueno que ahora vendrá.


Luciana Salvador Serradell

Il cuore di Florencia

É difficile far conciliare ciò che è con ciò che possa essere stato, sentì ieri sera Florencia, proprio prima che fosse lunedì e al principio della fine di ciò che fu e non fu.

É difficile, pensò, Difficile, ripeté.

Ripetè a voce bassa quando le illusioni le si ammucchiarono d'improvviso e senza avviso, in un fianco del cuore, in quell' angolo dove lei mette da parte ciò che non sarà mai per lasciare spazio a tutto ciò che di buono adesso verrà.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles

Le carezze studiate di Bruna

Kalie Garrett

Non sempre Bruna se la sente di innamorarsi. Non sempre.Non se la sente nemmeno di affondarsi nell'odore della solitudine, ma desidera rimanere nella sua stanza ogni volta che qualcosa le pesa piü del normale, quando per lei ë abituale che niente le pesi. E molto meno la carezza studiata del vento che esce dalla sua bocca quando dice ti amo.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles & Lúcio Burucúa

Il gioco di Carolina

Saul Leiter
Stamattina, prima delle nove, Carolina ha ricominciato ad abilitare il gioco delle endorfine per concentrarsi , cammino al lavoro, durante i quaranta minuti, nelle carezze che il cervello regala al corpo quando le voglie cominciano ad amarlo.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles
El juego que juega Carolina



















El juego que juega Carolina

Saul Leiter
Esta mañana, antes de las nueve, Carolina ha vuelto a habilitar el juego de las endorfinas para enroscarse de camino al trabajo, los cuarenta minutos, en las caricias que el cerebro regala al cuerpo cuando las ganas empiezan a quererlo.


Luciana Salvador Serradell

La tarda primavera di Rosa

Joe Lemke

Un giorno di primavera Rosa si svegliò con il cuore freddo, come se l’inverno non se ne fosse andato. Sebbene il desiderio l’avesse alto nel cielo, le voglie le aveva ancora intrappolate dentro dei guanti di lana. In guanti di lana e calzini grossi, per non aver paura di mollare, di lasciarsi andare, di lasciarsi andare nuda e scalza, se per caso il sole oggi le desse nel viso, se l’amore la spiazzasse dal letto e se finalmente le opportunità, tutte quelle che lei aspetta bussassero alla porta ed entrassero a prepararle un tè alla menta e al limone. 

Allora pensó di smetterla di pensare ai circoli perfetti che la rintanano nell’angolo, e a tutto ciò che rintana Rosa e decise allora di aggiungere piú zucchero al tè. A sostituire quell’ultima aria dopo il sospiro di gennaio per una grande risata, una di quelle che la spiazzasse e la sedesse ancora una volta sulla sua sedia. Che le faccesse il solletico nelle braccia, fino alle dita, che le provocasse un singhiozzo ben profondo e che la facesse piangere quando ci fosse da ridere . Una grande risata che la scuotesse durante tutto l’inverno quando è ancora aprile.

Traducción: Magdalena Facioni Stiles & Lúcio Burucúa


Sveglia Ana

Rikki Kasso

Una piccola goccia musicale basterebbe per svegliarla. 

Come la musica di un piano, ad esempio, che la raccoglie fra le lenzuola e se la porta al mare. Un suono che la restituisce al sale. Al sale dell’oceano del mondo e a quella del sudore del movimento costante che fa il corpo quando si ama.

Sopratutto quando ci si ama e ci si vuole abbracciare. Abbracciarsi nuda davanti allo specchio del bagno per non lasciare nemmeno un pezzettino della pelle senza accarezzare. Nemmeno quel sorriso malinconico ed il pensiero che si sforza per continuare a provarci. 

Perciò oggi, magari qualcuno le accendesse una melodía soave in testa, una che le rimuovesse i giudizi che la coerciscono mentre lei dorme sveglia, cosí sveglia. Cosí si sveglia Ana.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles & Lúcio Burucúa 


Las caricias estudiadas de Bruna

Kalie Garrett

No siempre Bruna tiene ganas de enamorarse. No siempre. Tampoco tiene ganas de inundarse del olor de la soledad pero quiere estar sola en su cuarto cada vez que algo le pesa más de lo normal, cuando lo habitual es que nada le pese. Mucho menos la caricia estudiada del viento que sale de la boca cuando dice te quiero.


Luciana Salvador Serradell


No me toques

Saurí

Estrújame contra la pared.
Ponme en penitencia.
No me dejes ver televisión.

Levántame la mano.
Empújame hacia atrás.
Cierra todas las ventanas.

Grítame al oído.
Escúpeme las palabras.
Sujétame por el brazo.

Que empieza a cantar un piano
y ya no te escucho, 
ya no te veo.

Y no me toques, 
no me empujes,
no me hables más así.

Que empieza a cantar un violín
y ya no me dueles, 
porque hoy no me dejo, hoy te dejo.


Luciana Salvador Serradell

La primavera tardía de Rosa (ii)

Vikram Kushwah

Un día de primavera Rosa se despertó con el corazón frío como si el invierno no se hubiese ido. Incluso cuando los deseos los tenía por los cielos, a las ganas todavía las tenía atrapadas en guantes de lana. En guantes de lana y calcetines gruesos por eso de tener miedo a soltarse, a soltarse desnuda y descalza si es que el sol hoy le da en la cara, si el amor la descoloca de la cama y si al fin las oportunidades, todas las que espera, le golpean a la puerta y entran a prepararle un té de menta y limón. 

Entonces pensó en dejar de pensar en los círculos perfectos que la arrinconan en la esquina, en todo lo que arrincona a Rosa y echarle más azúcar al té. En cambiar ese último aire después del suspiro de enero por una carcajada, una que la desencaje y la siente de nuevo en su silla. Que le haga cosquillas en los brazos y hasta los dedos, que le provoque hipo bien adentro y que la haga llorar cuando hay risa. Una carcajada que le sacuda todo el invierno cuando todavía es abril.


Luciana Salvador Serradell

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