La semana de Laura

Demian Dupuis
Hoy voy a recorrerte por donde nadie te tocó, dijo Laura. 
Tengo tacones, los señaló. 
Tengo razones, se peinó el pelo. 
Tengo ganas y te tengo ganas, y se tocó ahí. Adentro.

Y si de tanto tocarte, te corres, dijo Laura. Volveré a probarte el lunes que viene antes de la hora del té. A las cinco y media. El miércoles y sólo si sale el sol, voy a caminarte la sombra que hace tu cuerpo cuando quieres escaparte y si en la huida te pierdes, si te pierdes prometo fielmente atarte al dibujo de mis manos cuando quieren atraparte. Cuando quiero sujetarte. Cuando estoy desnuda y con camisa.

Cuando no estamos y empezamos a querer estarlo.

El jueves. El jueves te doy descanso porque el viernes todo vuelve a comenzar, y si de tanto recorrerte te retengo, dijo Laura, y de tanto caminarte logro guardarte, a partir del próximo sábado eres mío. 
Sólo mío.


Luciana Salvador Serradell

El miedo

Saurí
Qué curioso que es el miedo que me deja quieta cuando intento respirar. Que quieta me siento cuando el miedo no me deja respirar. Que quieto se siente el miedo cuando se deja de respirar.


Luciana Salvador Serradell













Soy Mei, la vecina de abajo

Tim Walker

Hola,

Soy Mei, la vecina de abajo.

Quería decirte que vivo en tu mismo mundo, justo un piso más abajo, y que escucho cuando cambias los muebles de lugar los lunes antes de salir, y los vuelves a acomodar el viernes antes de dormir.

Vivo también en ese silencio que corta todo el ruido que entra de afuera y no te pertenece, no nos pertenece. Hablo sola no siempre, sólo de vez en cuando, sobre todo cuando pienso en lo que tú puedas estar pensando.

Soy una mujer de bien, eso piensan de mí cuando alguien cuenta que estoy sola desde hace cinco abriles. Que canto también cuando estoy sola y de tan sola que estoy, empecé a querer dejar de estarlo.

Me gusta el matiz de tus pasos blancos cuando combinan con mí estar quieta azul. Tus llaves al abrir la puerta con mis ganas de que estés aquí. Aquí. Y el sonido de la ducha cuando imagino lo que estarías haciendo si me dejaras subir.

Me gusta el olor de tu comida cuando tengo hambre y quiero olerte. La misma canción que siempre pones los sábados cuando no tienes a donde ir, y yo siempre estoy aquí.

Soy Mei, la vecina de abajo y te quiero decir que me gustaría que bajes la guardia y me dejes subir.

Con amor de agua de rosas,
Mei


Luciana Salvador Serradell




Quiero que te quedes

Christian Coigny
Y si te descosiera el corazón del pecho y lo guardo en un frasco de aceitunas vacío en mi cajón de los corpiños, ¿querrás quedarte? 
Si rocío con mi perfume todos los recuerdos que tienes guardados y los prendo fuego cuando no te des cuenta, ¿empezaríamos de nuevo? 
Y si me corto el pelo y te ato a las patas de mi cama y te obligo a mirarme, ¿me entenderías? 
Si te desnudo ahora y te tiro a la calle sin llave y descalzo entonces sí volverías, ¿no? 
¿No me dejarías?


Luciana Salvador Serradell

Los qué tal de Aroa

Alexandra Sophie
Qué tal si un día dejo de escribir y me prendo fuego en un papel de celofán, pensó Aroa. Qué tal si me termino creyendo una de esas historias que siempre te cuento, que siempre digo, que nunca escribo. Qué tal si dejo de pensar en mis qué tales y te pregunto qué tal vos. Si no me subo al tren mañana por la mañana y dejo de usar la misma dirección.

Pero no se lo preguntó.

Qué tal si un día me asincero, me corto el pelo y me voy de aquí. De aquí y contigo. Qué tal si esta noche de miércoles no dormimos y me das esos mimos que tenemos planeados los domingos. Qué tal si no me peino y dejamos de combinar los colores con las circunstancias que resbalan cuando buscamos un punto donde sujetarnos cuando todo cambia. Cuando todo cae.

Cuando todo termina.

Qué tal si buscamos esa pizarra y hacemos una línea plana hasta el paraíso de los dos. Qué tal si dejamos de pensar en esto y nos volvemos más humanos. Y qué tal si mis qué tales son tales para no decirte nada, cuando tengo tanto que decirte.


Luciana Salvador Serradell

No te lo voy a permitir

Alex Stoddard

No voy a permitir ni un minuto más que te quedes sentada,
ahí sentada como embobada,
terriblemente embobada
porque no te sientes capaz de levantarte,
levantarte, pararte y salir.

No.

No te voy a permitir ni un segundo más,
ni uno,
que te quedes con la palabra en la boca,
el estómago cerrado y las ganas atrapadas,
atrapadas de nuevo y una vez más
por eso que te inquieta,
que te inquieta y te deja quieta.

No.

Hoy no te vas a dejar estar con la cabeza en remojo,
como un saco de té de lunes,
las ideas atadas y los brazos cruzados.
No porque hoy vas a salir corriendo y te vas a ir lejos,
tan lejos que no vas a encontrar de nuevo el camino
para volver,
volver a todo esto.

A todo esto que te desposa y te deja así,
sin más ganas de mariposas,
sin consecuencias dulces,
sin los riesgos de caminar descalza y a oscuras.

Sin los músculos relajados después de forzarlos,
sin la transpiración de las manos cerradas,
sin la sed cuando hay agua.

Sin las cosquillas del sol que atraviesa tu ventana,
sin la catarata de palabras en una hoja que deja de estar en blanco,
sin el ruido de las teclas cuando se hace rítmico,
rítmico y te transporta, te llena, te alegra.

Sin un billete de ida y otro de vuelta a cualquier otro lado,
sin el alivio después de tomar aliento,
sin esa sensación de por lo menos haberlo hecho,
sin remordimientos por lo que dejas,
cuando lo dejas todo por eso de hoy querer sentir todo.

Luciana Salvador Serradell

Ahí va Olivia de nuevo

Elena Vizerskaya
Voy a caminar alrededor del planeta hasta encontrarte y si te escapas o te pierdes, pensó sin decírselo a nadie, allá voy de nuevo.

Y de nuevo va con zapatillas o descalza, da lo mismo porque así es Olivia cuando pierde la cabeza porque el corazón a alguien, la primera vez que se enamoró, se lo dio.

Y entonces Olivia hace y deshace todo lo que estuvo antes del instante, ese en el que se vuelve impremeditada y el de las casualidades intencionadas que siempre hace que alguien converja en el marco de la puerta de salida de Olivia y Olivia pierda la cabeza.

Pierda la cabeza porque el corazón alguien, la primera vez que se enamoró, se lo rompió.

Luciana Salvador Serradell


Lo difícil de conciliar en el corazón de Florencia

Es difícil conciliar lo que es con lo que pudo haber sido, sintió anoche Florencia, justo antes de que sea lunes y al principio del final de lo que fue y no fue. 

Es difícil, pensó. Difícil, repitió.

Repitió en voz baja cuando las ilusiones se le agolparon de golpe y sin aviso en un costado del corazón, en ese rincón donde guarda lo que nunca será para dejar espacio a todo lo bueno que ahora vendrá.


Luciana Salvador Serradell

Il cuore di Florencia

É difficile far conciliare ciò che è con ciò che possa essere stato, sentì ieri sera Florencia, proprio prima che fosse lunedì e al principio della fine di ciò che fu e non fu.

É difficile, pensò, Difficile, ripeté.

Ripetè a voce bassa quando le illusioni le si ammucchiarono d'improvviso e senza avviso, in un fianco del cuore, in quell' angolo dove lei mette da parte ciò che non sarà mai per lasciare spazio a tutto ciò che di buono adesso verrà.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles

Le carezze studiate di Bruna

Kalie Garrett

Non sempre Bruna se la sente di innamorarsi. Non sempre.Non se la sente nemmeno di affondarsi nell'odore della solitudine, ma desidera rimanere nella sua stanza ogni volta che qualcosa le pesa piü del normale, quando per lei ë abituale che niente le pesi. E molto meno la carezza studiata del vento che esce dalla sua bocca quando dice ti amo.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles & Lúcio Burucúa

Il gioco di Carolina

Saul Leiter
Stamattina, prima delle nove, Carolina ha ricominciato ad abilitare il gioco delle endorfine per concentrarsi , cammino al lavoro, durante i quaranta minuti, nelle carezze che il cervello regala al corpo quando le voglie cominciano ad amarlo.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles
El juego que juega Carolina



















El juego que juega Carolina

Saul Leiter
Esta mañana, antes de las nueve, Carolina ha vuelto a habilitar el juego de las endorfinas para enroscarse de camino al trabajo, los cuarenta minutos, en las caricias que el cerebro regala al cuerpo cuando las ganas empiezan a quererlo.


Luciana Salvador Serradell

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