El corazón del bicho bolita



El corazón del bicho bolita (...)
Voy a enroscarme.
Sujetarme las piernas, los brazos y esconder la cabeza
hasta estar segura, 
segura un día de querer soltar.
(...)
Soltarte el corazón.
Luciana Salvador Serradell

El corazón de la cucaracha


El corazón de la cucaracha (...)
Voy a quererte hasta que no tenga con qué. Hasta que tenga que inventarme un invento para llegarte más adentro. Tan adentro que pueda tocarte. Que pueda quedarme. Luciana Salvador Serradell

Cuando los bichos aman, también lloran

video

Lo exquisito de Marina

Oleg Oprisco
Qué exquisita melancolía saber que no te querré nunca más. Nunca más a partir de hoy. Nunca, asintió Marina en el metro de las tres. Y que puedo al fin desajustarme con dolor cada uno y todos los pensamientos recurrentes, esos que me obligaban a atarme a tu quererme, a tu siempre quererme malo. 

Qué exquisita nostalgia saberte perdido mañana en un recuerdo que hoy entierro ahora y acá mismo para dejar de tenerte dolor. Para dejar de quererte con amor. Para desatarme de tu siempre quererme malo y mi más sincero quererte bueno.


Luciana Salvador Serradell

Alicia no fue invitada

Alfonso de Castro

Alicia vive feliz en el país de las maravillas, en un rincón del Gran Buenos Aires. Se despierta en Ciudad Evita, en un castillo fantasma de chapa y cartón. Acumula 13 veranos sin sol pero parece no importarle la falta de recreo, de un chapoteo inocente, de una mano que la sujete y que cuando lo haga, lo haga fuerte. 

Hace un rato largo que Alicia cambió vacaciones por terremotos. Planes por supervivencia. Escuela por porquería. Comidas por mates. Y mientras la yerba empieza a perder sabor, estrena como ayer esas intenciones dulces que se le caerán sin que se dé cuenta en un semáforo, al borde de la calle o quién sabe dónde. Igual mañana, cuando la resaca de hoy le coma la cabeza como lo hace ahora y se canse de llorar, volverá a resucitarlas. 

Es que Alicia quiere ser alguien mejor pero no alcanza el precio. Y este martes un poco raro, la llevará con los ojos cerrados a mil rincones hasta hacerla estallar, buscando esa posibilidad de princesita que lo más probable no encuentre. Que no encuentra aunque le declare la guerra mil veces y mil veces más a la mala suerte. 

Por eso suele poner en penitencia a las maravillas, sobre todo cuando se pelea con sus miserias. Es que en su castillo de chapa y cartón, Alicia se viste con ropa regalada, se peina con un cepillo viejo y dibuja con miel la verdad. Esa que dice que todas las Alicias viven en un país con maravillas y a ella nadie la invitó.

Luciana Salvador Serradell


El escenario en el que dejó de actuar

Sere Verde
Hay un escenario en el que dejé de actuar cuando la lluvia me hizo resbalar y de tu mano me tuve que soltar. Hay un espectáculo que no es el mío cuando entras a tu casa y está ella y yo no estoy. 

**

Y una película que es sólo tuya y no me tiene. Y pensamientos que tampoco, esos que son despacio y fugaces y te duran una vida como la mía que es de sal y ya tuya de azuzar y el mar que nos derrite antes de poder volver a estar.

Es esa canción en la que no estoy. Un ritmo que no es para mí. Un suspiro que no es por mí, un beso que es exacto para los secretos de otros labios que no son míos porque los míos están aquí, en Madrid.


***

Hay un hilo rojo que no nos ata ni la conciencia de lo que nunca fue y pudo haber sido. Hay un abismo tan tuyo y tan mío que cada vez que intento saltarlo quiero caerme en lo inmenso de todo lo que fuimos cuando nos quisimos.

****


** Y estoy aquí pensando en todo eso que te da vueltas cuando las vueltas que diste te atan a lo que perdiste.

*** Y estoy aquí jugando al juego de revivir los recuerdos que están muertos cuando tengo ganas de volver a vivir.

**** En lo insondable del amor cuando ya no es amor y se vuelve un hondo dolor de corazón, de corazón roto.

Luciana Salvador Serradell

La semana de Laura

Demian Dupuis
Hoy voy a recorrerte por donde nadie te tocó, dijo Laura. 
Tengo tacones, los señaló. 
Tengo razones, se peinó el pelo. 
Tengo ganas y te tengo ganas, y se tocó ahí. Adentro.

Y si de tanto tocarte, te corres, dijo Laura. Volveré a probarte el lunes que viene antes de la hora del té. A las cinco y media. El miércoles y sólo si sale el sol, voy a caminarte la sombra que hace tu cuerpo cuando quieres escaparte y si en la huida te pierdes, si te pierdes prometo fielmente atarte al dibujo de mis manos cuando quieren atraparte. Cuando quiero sujetarte. Cuando estoy desnuda y con camisa.

Cuando no estamos y empezamos a querer estarlo.

El jueves. El jueves te doy descanso porque el viernes todo vuelve a comenzar, y si de tanto recorrerte te retengo, dijo Laura, y de tanto caminarte logro guardarte, a partir del próximo sábado eres mío. 
Sólo mío.


Luciana Salvador Serradell

El miedo

Saurí
Qué curioso que es el miedo que me deja quieta cuando intento respirar. Que quieta me siento cuando el miedo no me deja respirar. Que quieto se siente el miedo cuando se deja de respirar.


Luciana Salvador Serradell













Soy Mei, la vecina de abajo

Tim Walker

Hola,

Soy Mei, la vecina de abajo.

Quería decirte que vivo en tu mismo mundo, justo un piso más abajo, y que escucho cuando cambias los muebles de lugar los lunes antes de salir, y los vuelves a acomodar el viernes antes de dormir.

Vivo también en ese silencio que corta todo el ruido que entra de afuera y no te pertenece, no nos pertenece. Hablo sola no siempre, sólo de vez en cuando, sobre todo cuando pienso en lo que tú puedas estar pensando.

Soy una mujer de bien, eso piensan de mí cuando alguien cuenta que estoy sola desde hace cinco abriles. Que canto también cuando estoy sola y de tan sola que estoy, empecé a querer dejar de estarlo.

Me gusta el matiz de tus pasos blancos cuando combinan con mí estar quieta azul. Tus llaves al abrir la puerta con mis ganas de que estés aquí. Aquí. Y el sonido de la ducha cuando imagino lo que estarías haciendo si me dejaras subir.

Me gusta el olor de tu comida cuando tengo hambre y quiero olerte. La misma canción que siempre pones los sábados cuando no tienes a donde ir, y yo siempre estoy aquí.

Soy Mei, la vecina de abajo y te quiero decir que me gustaría que bajes la guardia y me dejes subir.

Con amor de agua de rosas,
Mei


Luciana Salvador Serradell




Quiero que te quedes

Christian Coigny
Y si te descosiera el corazón del pecho y lo guardo en un frasco de aceitunas vacío en mi cajón de los corpiños, ¿querrás quedarte? 
Si rocío con mi perfume todos los recuerdos que tienes guardados y los prendo fuego cuando no te des cuenta, ¿empezaríamos de nuevo? 
Y si me corto el pelo y te ato a las patas de mi cama y te obligo a mirarme, ¿me entenderías? 
Si te desnudo ahora y te tiro a la calle sin llave y descalzo entonces sí volverías, ¿no? 
¿No me dejarías?


Luciana Salvador Serradell

Los qué tal de Aroa

Alexandra Sophie
Qué tal si un día dejo de escribir y me prendo fuego en un papel de celofán, pensó Aroa. Qué tal si me termino creyendo una de esas historias que siempre te cuento, que siempre digo, que nunca escribo. Qué tal si dejo de pensar en mis qué tales y te pregunto qué tal vos. Si no me subo al tren mañana por la mañana y dejo de usar la misma dirección.

Pero no se lo preguntó.

Qué tal si un día me asincero, me corto el pelo y me voy de aquí. De aquí y contigo. Qué tal si esta noche de miércoles no dormimos y me das esos mimos que tenemos planeados los domingos. Qué tal si no me peino y dejamos de combinar los colores con las circunstancias que resbalan cuando buscamos un punto donde sujetarnos cuando todo cambia. Cuando todo cae.

Cuando todo termina.

Qué tal si buscamos esa pizarra y hacemos una línea plana hasta el paraíso de los dos. Qué tal si dejamos de pensar en esto y nos volvemos más humanos. Y qué tal si mis qué tales son tales para no decirte nada, cuando tengo tanto que decirte.


Luciana Salvador Serradell
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...