El querer de Olivia


Esta es la historia atormentada de Olivia y sus circunstancias de querer sin saber hacerlo. De amar sin poder contarlo. De acariciarte con todos los no que te dedico sin que me escuches, le decía en voz baja y en silencio por eso de ya no ser lo que eran.

Lo que nunca fueron. Lo que no son. Lo que nunca supieron ser.

Como un paseo por la calle en solitario bajando por Monroe, doblando en Cabildo, tomando su mano en cada esquina cuando se le ocurre dejar de pensar en lo que duele, queriendo que esté para no estar.

Una historia atormentada por eso de los detalles que no cuentan, de las cosas pequeñas que se hacen grandes y se escapan sin querer para herir. Para ofender. Para injuriar. Para irritar. Para atormentar al otro. Por eso de lastimar, por el simple hábito de lastimar hasta lo más hondo a lo que más se quiere. A quien se ama.



Luciana Salvador Serradell










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Todos mis si me

Oleg Oprisco
Si me como tu miedo más grande, el que te tiene sujeta y aplastada cuando el resto vuela, ¿qué dejarías de hacer para no volver a llorar jamás?. Y si me ato a la cintura tus pensamientos pesados, esos que te tienen triste, plana y gris, y los empujo lejos para no sentirlos nunca más, ¿cuánto tiempo te llevaría aprender a no extrañarlos? Y si prendo fuego ese paraguas, ese y todo lo demás que te aparta para que no te toque todo lo bueno, ¿dejarías de creer en tu fragilidad inventada que no te deja ser?







La agenda de Luisa

Oleg Oprisco

Tienes treinta minutos para desmontar dos de tus cinco creencias limitantes y trecientos sesenta y cinco días para equivocarte y volver a intentarlo. Tienes dos minutos para que me expliques eso que no te gusta, que tanto te ves y que no te deja ser y tres meses para olvidarte de lo que te pesa y es liviano. Tienes dos semanas para recordar cinco errores y te doy cinco años para dejarlos ir y diez para volver a hacerlo ahora que aprendiste que te equivocaste. Te doy tres segundos para que respires hondo y veintiocho citas para que me dejes de pedir permiso. Tranquilo a Dios y al destino, a tu padre y a tu madre y te hagas cargo, por favor Luisa, del destiempo que te tiene fuera de tiempo. Sentada a un costado esperando un momento, el único que es oportuno y te deja irremisible mientras todo pasa y no te das cuenta, no te das cuenta mi querida Luisa que el tiempo no vuelve y te estás poniéndo vieja.



Luciana Salvador Serradell


Cuando me enamoro hasta el infinito




Anna va al psicólogo

Anka Zhuravleva

¿Quieres recortar con tijeras el cariño que sientes y le sobra? ¿Quieres esconder debajo de la alfombra esas cosquillas que sientes cuando lo dejas caminar por tu cabeza? ¿Quieres encender las palabras que todavía te suenan con su voz? Las que tienen su sabor. ¿Quieres atar punta con punta y lengua con lengua todos los segundos que compartieron y se fueron? ¿Quieres esconder que lo quieres más que nunca cuando se supone lo tendrías que olvidar? ¿Quieres que te saque lo que duele y lo guarde en un libro con sal y bajo tierra? ¿Quieres que te enseñe a olvidarlo para aprender a quererte de nuevo? ¿Qué es lo que realmente quieres?, Anna.


Luciana Salvador Serradell





Placeres


Abril en Barcelona

Sonja Stich

Querida Melancolía, 


Estamos en abril. Afuera la gente camina. Salen de las oficinas, entran a las tiendas. Hacen cosas, hablan por teléfono. Todavía hay autos de los ´80, he visto un par este último año. Puede que sean los últimos que vea hasta que vuelva a Buenos Aires. 

¿Qué tal todo por allá? 

Estamos en esos días del año en que compartimos el clima. Barcelona está bien pero a veces camino y voy oliendo jazmines de Villa Urquiza. No te creas, no es fácil ser de ningún lado. Igual creo que es más difícil ser autónomo que inmigrante. 

Estamos en abril y veo a la gente caminar y me pregunto ¿qué se siente? ¿Qué se siente ser ellos? Y voy dibujándoles zonas de confort. Son como auras imaginarias que los protegen, yo creo que perdí la mía hace tiempo con todo esto de dejar de hacer las cosas de siempre para probar nuevas. 

¿Crees que es una enfermedad? 

Estamos en abril y me pregunto si todos los que caminan tienen alguien que les espere. Y no creo que la libertad sea una enfermedad, es sólo que nunca te dicen lo difícil que es elegir cuando se es libre. ¿Qué harías si a partir de hoy puedes hacer de tu vida lo que se te de la gana? Y no elijas ser autónomo, la cuota es muy alta.

Tuya siempre, Gretel Weisman.



Luciana Salvador Serradell


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