Sveglia Ana

Rikki Kasso

Una piccola goccia musicale basterebbe per svegliarla. 

Come la musica di un piano, ad esempio, che la raccoglie fra le lenzuola e se la porta al mare. Un suono che la restituisce al sale. Al sale dell’oceano del mondo e a quella del sudore del movimento costante che fa il corpo quando si ama.

Sopratutto quando ci si ama e ci si vuole abbracciare. Abbracciarsi nuda davanti allo specchio del bagno per non lasciare nemmeno un pezzettino della pelle senza accarezzare. Nemmeno quel sorriso malinconico ed il pensiero che si sforza per continuare a provarci. 

Perciò oggi, magari qualcuno le accendesse una melodía soave in testa, una che le rimuovesse i giudizi che la coerciscono mentre lei dorme sveglia, cosí sveglia. Cosí si sveglia Ana.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles & Lúcio Burucúa 



Las caricias estudiadas de Bruna

Kalie Garrett

No siempre Bruna tiene ganas de enamorarse. No siempre. Tampoco tiene ganas de inundarse del olor de la soledad pero quiere estar sola en su cuarto cada vez que algo le pesa más de lo normal, cuando lo habitual es que nada le pese. Mucho menos la caricia estudiada del viento que sale de la boca cuando dice te quiero.


Luciana Salvador Serradell


No me toques

Saurí

Estrújame contra la pared.
Ponme en penitencia.
No me dejes ver televisión.

Levántame la mano.
Empújame hacia atrás.
Cierra todas las ventanas.

Grítame al oído.
Escúpeme las palabras.
Sujétame por el brazo.

Que empieza a cantar un piano
y ya no te escucho, 
ya no te veo.

Y no me toques, 
no me empujes,
no me hables más así.

Que empieza a cantar un violín
y ya no me dueles, 
porque hoy no me dejo, hoy te dejo.


Luciana Salvador Serradell

La primavera tardía de Rosa (ii)

Vikram Kushwah

Un día de primavera Rosa se despertó con el corazón frío como si el invierno no se hubiese ido. Incluso cuando los deseos los tenía por los cielos, a las ganas todavía las tenía atrapadas en guantes de lana. En guantes de lana y calcetines gruesos por eso de tener miedo a soltarse, a soltarse desnuda y descalza si es que el sol hoy le da en la cara, si el amor la descoloca de la cama y si al fin las oportunidades, todas las que espera, le golpean a la puerta y entran a prepararle un té de menta y limón. 

Entonces pensó en dejar de pensar en los círculos perfectos que la arrinconan en la esquina, en todo lo que arrincona a Rosa y echarle más azúcar al té. En cambiar ese último aire después del suspiro de enero por una carcajada, una que la desencaje y la siente de nuevo en su silla. Que le haga cosquillas en los brazos y hasta los dedos, que le provoque hipo bien adentro y que la haga llorar cuando hay risa. Una carcajada que le sacuda todo el invierno cuando todavía es abril.


Luciana Salvador Serradell

Los insectos de Paula

Lara Zankoul
Voy a transformarme en tu insecto más preciado, en el más preciado de todos y no habrá noche ni día en el que quieras soltarme por haberme ya soltado. Y me transformaré en la cáscara de todas tus lastimaduras cuando haya cicatriz y en las uñas que te crecen en los pies. 

Seré tu muela del juicio cuando duele, cuando te duele de noche y no puedes dormir y lo que te pica, cuando te pica y no te puedes rascar. 

Seré también la ampolla que te irrita en cada paso que das, el ácido de tu estómago que nunca vomitas. Seré el recuerdo amargo cuando pruebes otros besos y pienses en los míos dulces que ya no están. 

Seré ese olor que no te puedes sacar de la garganta cada vez que tragas y el grito que nunca vas a callar cuando te dije te quiero.

Así que seré el tiempo, todo tu tiempo cuando tu tiempo era bueno, toda el agua que te falta por beber y la comunión de todo lo que no fue y pudo haber sido por eso de tener el corazón demasiado hambriento. 

Demasiado carroñero, pensó Paula.

Seré tu insecto carnívoro y hasta que no te coma el corazón, todo el corazón y lo que te sale de adentro, no me vas a doblegar porque soy la que más te quiso y ahora estoy viviendo sin quererte olvidando que te quise.


Luciana Salvador Serradell

El despecho de Ana

Baldovino Barani

Viajó a Madrid para matarlo. Cosas así se planean con tiempo, no es casualidad. Se piensan de principio a fin y ella no dejó cabos sueltos, por eso no fue un accidente que lo encontrara en Madrid. 

Sabía que estaría allí ese día.

Que cruza la calle a las 13:17 para ir a almorzar. Ya lo había hecho antes y la vez anterior. Lo sabía todo de él, incluso durante meses pasó horas repasando en su cabeza todos los movimientos para dar con él.

No se quería equivocar, eso me lo contó días antes.

Por nada del mundo volvería a cometer el mismo error que la última vez, por eso lo tenía todo tan matemáticamente programado. Tendrías que haber visto el libro rojo que siempre lleva. Me lo había explicado todo, lo del pasaje, Madrid, la calle y sobre él.

Claro. Todo excepto por qué y no se me ocurrió preguntar, viste como es Ana de efusiva que no deja espacio a las preguntas.

No sabía que viajó a Madrid para matarlo, me lo dijo después. Justo después de matarlo me llamó llorando pero no estaba arrepentida. No estaba para nada arrepentida y me lo contó todo.

A las 13:17 cuando el salió a almorzar ella lo esperaba justo al frente, en la parada del autobús. Él le sujetó la nuca con ternura y ella le acarició el cuello y se dieron un beso largo, como cuando hay ganas.

Muchas.

Su mano en la nuca le dejó el cuerpo sin aire, el corazón se le trabó y ahí es cuando lo mató, mató todo el amor que sentía por él, algo así me dijo. Ella los observaba a los dos besarse del otro lado de la calle. Él nunca le había sujetado así la nuca. Nunca con tanta ternura.


Luciana Salvador Serradell


Cuando Alfonsina le pidió un beso al mar

Brooke Shaden

Dame un beso que me deje sin aire, le pidió Alfonsina al mar. Dame un beso que me deje quieta, inmóvil y queriendo más. Pidiendo un beso más. Dame un beso que me ahogue en todos los besos que me dieron hasta ahora. Dame uno que me desarme por fuera, me desarticule por dentro y me deje con los pulmones vacíos, los dos. Un beso que me acelere el corazón y me transpiren las manos hasta mojarlas. Que me paralice por dentro. Dame un beso que me diga que me quieres más que todas las otras bocas que besaste. Un beso que me llegue adentro, dentro y hasta la planta de los pies y después voy a cerrar mi boca, cerrarla con todas mis fuerzas y no abrirla jamás. Nunca más para no dejarlo salir.

Luciana Salvador Serradell


El humo del perfume que no deja a Belén

Saul Leiter
Te habito desde que te fuiste, te habito en las agujas de mi reloj cuando marcan las dos y las tres y las cuatro. Y a las doce de la noche y a la una también. Y convivo de mala manera con tus segundos vacíos, con todos y cada uno, y repueblo de mal humor, de muy mal humor, mis horas con tus historias. Y es que son las cinco, se fijó Belén, y a las cinco ocupo el tiempo en desocuparte y vuelvo a llenarlo con el humo de tu perfume, el aroma de tu cigarrillo y este insomnio diurno que me tiene distraída de las puertas que se abren y la tuya que cierra. Y es que te habito tanto desde que te fuiste, tanto tanto y de tanto habitarte, me he olvidado de olvidarte.

Luciana Salvador Serradell

Vamos a jugar al cuento de la buena pipa, insiste Anabel

Lara Zankoul
Vamos a jugar al cuento de la buena pipa, yo empiezo y tú me sigues y cuando te sueltas, yo vuelvo a empezar. Vamos a jugar al juego que todos juegan y si te intimido porque insisto, no tienes que asustarte cuando te aprieto para no aflojarnos.

Vamos que nos vamos a jugar a que todo empieza cuando decimos que termina, que el lunes es excusa, el martes me gustas, el miércoles caemos y el jueves remontamos, y para el viernes ya encontraremos los motivos para que el sábado te insista y el domingo te decidas a que el lunes vuelvas a jugar conmigo al cuento de la buena pipa. Insiste Anabel.


Luciana Salvador Serradell







No es casualidad que hoy te deje

Marta Bevacqua
No lo eches a suerte,
no te quiero
No pienses que es algo conmigo
Sos vos

Y no lo intentes de nuevo
Te dejé antes de dejarte 
y ahora te aviso
Es viernes y te digo que no

Y no es cosa del destino, 
es cosa mía
Ya no te quiero
y la verdad que no lo siento
Así que ahora me voy
y no cierres la puerta,
te la cierro yo

Y no te preocupes por mí
Estoy bien 
Y muy bien desde que te dejé
Y te juro por Dios
que no voy a volver

Así que no le eches llave a la suerte
que no es casualidad que hoy te deje.



Luciana Salvador Serradell
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