Los qué tal de Aroa

Alexandra Sophie
Qué tal si un día dejo de escribir y me prendo fuego en un papel de celofán, pensó Aroa. Qué tal si me termino creyendo una de esas historias que siempre te cuento, que siempre digo, que nunca escribo. Qué tal si dejo de pensar en mis qué tales y te pregunto qué tal vos. Si no me subo al tren mañana por la mañana y dejo de usar la misma dirección.

Pero no se lo preguntó.

Qué tal si un día me asincero, me corto el pelo y me voy de aquí. De aquí y contigo. Qué tal si esta noche de miércoles no dormimos y me das esos mimos que tenemos planeados los domingos. Qué tal si no me peino y dejamos de combinar los colores con las circunstancias que resbalan cuando buscamos un punto donde sujetarnos cuando todo cambia. Cuando todo cae.

Cuando todo termina.

Qué tal si buscamos esa pizarra y hacemos una línea plana hasta el paraíso de los dos. Qué tal si dejamos de pensar en esto y nos volvemos más humanos. Y qué tal si mis qué tales son tales para no decirte nada, cuando tengo tanto que decirte.


Luciana Salvador Serradell

No te lo voy a permitir

Alex Stoddard

No voy a permitir ni un minuto más que te quedes sentada,
ahí sentada como embobada,
terriblemente embobada
porque no te sientes capaz de levantarte,
levantarte, pararte y salir.

No.

No te voy a permitir ni un segundo más,
ni uno,
que te quedes con la palabra en la boca,
el estómago cerrado y las ganas atrapadas,
atrapadas de nuevo y una vez más
por eso que te inquieta,
que te inquieta y te deja quieta.

No.

Hoy no te vas a dejar estar con la cabeza en remojo,
como un saco de té de lunes,
las ideas atadas y los brazos cruzados.
No porque hoy vas a salir corriendo y te vas a ir lejos,
tan lejos que no vas a encontrar de nuevo el camino
para volver,
volver a todo esto.

A todo esto que te desposa y te deja así,
sin más ganas de mariposas,
sin consecuencias dulces,
sin los riesgos de caminar descalza y a oscuras.

Sin los músculos relajados después de forzarlos,
sin la transpiración de las manos cerradas,
sin la sed cuando hay agua.

Sin las cosquillas del sol que atraviesa tu ventana,
sin la catarata de palabras en una hoja que deja de estar en blanco,
sin el ruido de las teclas cuando se hace rítmico,
rítmico y te transporta, te llena, te alegra.

Sin un billete de ida y otro de vuelta a cualquier otro lado,
sin el alivio después de tomar aliento,
sin esa sensación de por lo menos haberlo hecho,
sin remordimientos por lo que dejas,
cuando lo dejas todo por eso de hoy querer sentir todo.

Luciana Salvador Serradell

Ahí va Olivia de nuevo

Elena Vizerskaya
Voy a caminar alrededor del planeta hasta encontrarte y si te escapas o te pierdes, pensó sin decírselo a nadie, allá voy de nuevo.

Y de nuevo va con zapatillas o descalza, da lo mismo porque así es Olivia cuando pierde la cabeza porque el corazón a alguien, la primera vez que se enamoró, se lo dio.

Y entonces Olivia hace y deshace todo lo que estuvo antes del instante, ese en el que se vuelve impremeditada y el de las casualidades intencionadas que siempre hace que alguien converja en el marco de la puerta de salida de Olivia y Olivia pierda la cabeza.

Pierda la cabeza porque el corazón alguien, la primera vez que se enamoró, se lo rompió.

Luciana Salvador Serradell


Lo difícil de conciliar en el corazón de Florencia

Es difícil conciliar lo que es con lo que pudo haber sido, sintió anoche Florencia, justo antes de que sea lunes y al principio del final de lo que fue y no fue. 

Es difícil, pensó. Difícil, repitió.

Repitió en voz baja cuando las ilusiones se le agolparon de golpe y sin aviso en un costado del corazón, en ese rincón donde guarda lo que nunca será para dejar espacio a todo lo bueno que ahora vendrá.


Luciana Salvador Serradell

Il cuore di Florencia

É difficile far conciliare ciò che è con ciò che possa essere stato, sentì ieri sera Florencia, proprio prima che fosse lunedì e al principio della fine di ciò che fu e non fu.

É difficile, pensò, Difficile, ripeté.

Ripetè a voce bassa quando le illusioni le si ammucchiarono d'improvviso e senza avviso, in un fianco del cuore, in quell' angolo dove lei mette da parte ciò che non sarà mai per lasciare spazio a tutto ciò che di buono adesso verrà.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles

Le carezze studiate di Bruna

Kalie Garrett

Non sempre Bruna se la sente di innamorarsi. Non sempre.Non se la sente nemmeno di affondarsi nell'odore della solitudine, ma desidera rimanere nella sua stanza ogni volta che qualcosa le pesa piü del normale, quando per lei ë abituale che niente le pesi. E molto meno la carezza studiata del vento che esce dalla sua bocca quando dice ti amo.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles & Lúcio Burucúa

Il gioco di Carolina

Saul Leiter
Stamattina, prima delle nove, Carolina ha ricominciato ad abilitare il gioco delle endorfine per concentrarsi , cammino al lavoro, durante i quaranta minuti, nelle carezze che il cervello regala al corpo quando le voglie cominciano ad amarlo.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles
El juego que juega Carolina



















El juego que juega Carolina

Saul Leiter
Esta mañana, antes de las nueve, Carolina ha vuelto a habilitar el juego de las endorfinas para enroscarse de camino al trabajo, los cuarenta minutos, en las caricias que el cerebro regala al cuerpo cuando las ganas empiezan a quererlo.


Luciana Salvador Serradell

La tarda primavera di Rosa

Joe Lemke

Un giorno di primavera Rosa si svegliò con il cuore freddo, come se l’inverno non se ne fosse andato. Sebbene il desiderio l’avesse alto nel cielo, le voglie le aveva ancora intrappolate dentro dei guanti di lana. In guanti di lana e calzini grossi, per non aver paura di mollare, di lasciarsi andare, di lasciarsi andare nuda e scalza, se per caso il sole oggi le desse nel viso, se l’amore la spiazzasse dal letto e se finalmente le opportunità, tutte quelle che lei aspetta bussassero alla porta ed entrassero a prepararle un tè alla menta e al limone. 

Allora pensó di smetterla di pensare ai circoli perfetti che la rintanano nell’angolo, e a tutto ciò che rintana Rosa e decise allora di aggiungere piú zucchero al tè. A sostituire quell’ultima aria dopo il sospiro di gennaio per una grande risata, una di quelle che la spiazzasse e la sedesse ancora una volta sulla sua sedia. Che le faccesse il solletico nelle braccia, fino alle dita, che le provocasse un singhiozzo ben profondo e che la facesse piangere quando ci fosse da ridere . Una grande risata che la scuotesse durante tutto l’inverno quando è ancora aprile.

Traducción: Magdalena Facioni Stiles & Lúcio Burucúa


Sveglia Ana

Rikki Kasso

Una piccola goccia musicale basterebbe per svegliarla. 

Come la musica di un piano, ad esempio, che la raccoglie fra le lenzuola e se la porta al mare. Un suono che la restituisce al sale. Al sale dell’oceano del mondo e a quella del sudore del movimento costante che fa il corpo quando si ama.

Sopratutto quando ci si ama e ci si vuole abbracciare. Abbracciarsi nuda davanti allo specchio del bagno per non lasciare nemmeno un pezzettino della pelle senza accarezzare. Nemmeno quel sorriso malinconico ed il pensiero che si sforza per continuare a provarci. 

Perciò oggi, magari qualcuno le accendesse una melodía soave in testa, una che le rimuovesse i giudizi che la coerciscono mentre lei dorme sveglia, cosí sveglia. Cosí si sveglia Ana.


Traducción: Magdalena Facioni Stiles & Lúcio Burucúa 


Las caricias estudiadas de Bruna

Kalie Garrett

No siempre Bruna tiene ganas de enamorarse. No siempre. Tampoco tiene ganas de inundarse del olor de la soledad pero quiere estar sola en su cuarto cada vez que algo le pesa más de lo normal, cuando lo habitual es que nada le pese. Mucho menos la caricia estudiada del viento que sale de la boca cuando dice te quiero.


Luciana Salvador Serradell


No me toques

Saurí

Estrújame contra la pared.
Ponme en penitencia.
No me dejes ver televisión.

Levántame la mano.
Empújame hacia atrás.
Cierra todas las ventanas.

Grítame al oído.
Escúpeme las palabras.
Sujétame por el brazo.

Que empieza a cantar un piano
y ya no te escucho, 
ya no te veo.

Y no me toques, 
no me empujes,
no me hables más así.

Que empieza a cantar un violín
y ya no me dueles, 
porque hoy no me dejo, hoy te dejo.


Luciana Salvador Serradell

La primavera tardía de Rosa (ii)

Vikram Kushwah

Un día de primavera Rosa se despertó con el corazón frío como si el invierno no se hubiese ido. Incluso cuando los deseos los tenía por los cielos, a las ganas todavía las tenía atrapadas en guantes de lana. En guantes de lana y calcetines gruesos por eso de tener miedo a soltarse, a soltarse desnuda y descalza si es que el sol hoy le da en la cara, si el amor la descoloca de la cama y si al fin las oportunidades, todas las que espera, le golpean a la puerta y entran a prepararle un té de menta y limón. 

Entonces pensó en dejar de pensar en los círculos perfectos que la arrinconan en la esquina, en todo lo que arrincona a Rosa y echarle más azúcar al té. En cambiar ese último aire después del suspiro de enero por una carcajada, una que la desencaje y la siente de nuevo en su silla. Que le haga cosquillas en los brazos y hasta los dedos, que le provoque hipo bien adentro y que la haga llorar cuando hay risa. Una carcajada que le sacuda todo el invierno cuando todavía es abril.


Luciana Salvador Serradell

Los insectos de Paula

Lara Zankoul
Voy a transformarme en tu insecto más preciado, en el más preciado de todos y no habrá noche ni día en el que quieras soltarme por haberme ya soltado. Y me transformaré en la cáscara de todas tus lastimaduras cuando haya cicatriz y en las uñas que te crecen en los pies. 

Seré tu muela del juicio cuando duele, cuando te duele de noche y no puedes dormir y lo que te pica, cuando te pica y no te puedes rascar. 

Seré también la ampolla que te irrita en cada paso que das, el ácido de tu estómago que nunca vomitas. Seré el recuerdo amargo cuando pruebes otros besos y pienses en los míos dulces que ya no están. 

Seré ese olor que no te puedes sacar de la garganta cada vez que tragas y el grito que nunca vas a callar cuando te dije te quiero.

Así que seré el tiempo, todo tu tiempo cuando tu tiempo era bueno, toda el agua que te falta por beber y la comunión de todo lo que no fue y pudo haber sido por eso de tener el corazón demasiado hambriento. 

Demasiado carroñero, pensó Paula.

Seré tu insecto carnívoro y hasta que no te coma el corazón, todo el corazón y lo que te sale de adentro, no me vas a doblegar porque soy la que más te quiso y ahora estoy viviendo sin quererte olvidando que te quise.


Luciana Salvador Serradell

El despecho de Ana

Baldovino Barani

Viajó a Madrid para matarlo. Cosas así se planean con tiempo, no es casualidad. Se piensan de principio a fin y ella no dejó cabos sueltos, por eso no fue un accidente que lo encontrara en Madrid. 

Sabía que estaría allí ese día.

Que cruza la calle a las 13:17 para ir a almorzar. Ya lo había hecho antes y la vez anterior. Lo sabía todo de él, incluso durante meses pasó horas repasando en su cabeza todos los movimientos para dar con él.

No se quería equivocar, eso me lo contó días antes.

Por nada del mundo volvería a cometer el mismo error que la última vez, por eso lo tenía todo tan matemáticamente programado. Tendrías que haber visto el libro rojo que siempre lleva. Me lo había explicado todo, lo del pasaje, Madrid, la calle y sobre él.

Claro. Todo excepto por qué y no se me ocurrió preguntar, viste como es Ana de efusiva que no deja espacio a las preguntas.

No sabía que viajó a Madrid para matarlo, me lo dijo después. Justo después de matarlo me llamó llorando pero no estaba arrepentida. No estaba para nada arrepentida y me lo contó todo.

A las 13:17 cuando el salió a almorzar ella lo esperaba justo al frente, en la parada del autobús. Él le sujetó la nuca con ternura y ella le acarició el cuello y se dieron un beso largo, como cuando hay ganas.

Muchas.

Su mano en la nuca le dejó el cuerpo sin aire, el corazón se le trabó y ahí es cuando lo mató, mató todo el amor que sentía por él, algo así me dijo. Ella los observaba a los dos besarse del otro lado de la calle. Él nunca le había sujetado así la nuca. Nunca con tanta ternura.


Luciana Salvador Serradell


Cuando Alfonsina le pidió un beso al mar

Brooke Shaden

Dame un beso que me deje sin aire, le pidió Alfonsina al mar. Dame un beso que me deje quieta, inmóvil y queriendo más. Pidiendo un beso más. Dame un beso que me ahogue en todos los besos que me dieron hasta ahora. Dame uno que me desarme por fuera, me desarticule por dentro y me deje con los pulmones vacíos, los dos. Un beso que me acelere el corazón y me transpiren las manos hasta mojarlas. Que me paralice por dentro. Dame un beso que me diga que me quieres más que todas las otras bocas que besaste. Un beso que me llegue adentro, dentro y hasta la planta de los pies y después voy a cerrar mi boca, cerrarla con todas mis fuerzas y no abrirla jamás. Nunca más para no dejarlo salir.

Luciana Salvador Serradell


El humo del perfume que no deja a Belén

Saul Leiter
Te habito desde que te fuiste, te habito en las agujas de mi reloj cuando marcan las dos y las tres y las cuatro. Y a las doce de la noche y a la una también. Y convivo de mala manera con tus segundos vacíos, con todos y cada uno, y repueblo de mal humor, de muy mal humor, mis horas con tus historias. Y es que son las cinco, se fijó Belén, y a las cinco ocupo el tiempo en desocuparte y vuelvo a llenarlo con el humo de tu perfume, el aroma de tu cigarrillo y este insomnio diurno que me tiene distraída de las puertas que se abren y la tuya que cierra. Y es que te habito tanto desde que te fuiste, tanto tanto y de tanto habitarte, me he olvidado de olvidarte.

Luciana Salvador Serradell

Vamos a jugar al cuento de la buena pipa, insiste Anabel

Lara Zankoul
Vamos a jugar al cuento de la buena pipa, yo empiezo y tú me sigues y cuando te sueltas, yo vuelvo a empezar. Vamos a jugar al juego que todos juegan y si te intimido porque insisto, no tienes que asustarte cuando te aprieto para no aflojarnos.

Vamos que nos vamos a jugar a que todo empieza cuando decimos que termina, que el lunes es excusa, el martes me gustas, el miércoles caemos y el jueves remontamos, y para el viernes ya encontraremos los motivos para que el sábado te insista y el domingo te decidas a que el lunes vuelvas a jugar conmigo al cuento de la buena pipa. Insiste Anabel.


Luciana Salvador Serradell







No es casualidad que hoy te deje

Marta Bevacqua
No lo eches a suerte,
no te quiero
No pienses que es algo conmigo
Sos vos

Y no lo intentes de nuevo
Te dejé antes de dejarte 
y ahora te aviso
Es viernes y te digo que no

Y no es cosa del destino, 
es cosa mía
Ya no te quiero
y la verdad que no lo siento
Así que ahora me voy
y no cierres la puerta,
te la cierro yo

Y no te preocupes por mí
Estoy bien 
Y muy bien desde que te dejé
Y te juro por Dios
que no voy a volver

Así que no le eches llave a la suerte
que no es casualidad que hoy te deje.



Luciana Salvador Serradell

Los gorilas de Marina

Aëla Labbé
Voy a liberarte de lo nuestro, dijo Marina, y como el cangrejo cuando camina para atrás, me iré despacito sin hacer ruido, sin dejarte de mirar. Sin querer lo que quiero, quedándome quieta cuando me muevo.

Primero voy a soltarte las manos, las dos a la vez y de repente.

Así. La derecha y la izquierda.

Sin pausa. Sin meditarlo. Nos soltaremos sin querer hacerlo para no dejar salir la sensación de todavía estar haciéndolo. Y como el cangrejo, caminaré para atrás y me iré despacito y sin hacer ruido, sin dejarte de cuidar.

Y cuando este lejos, luego de un tiempo.

Luego (…)

Desabrocharé los botones que nos atan, desenroscaré todas las conversaciones que tuvimos. Separaré tu mirada de la mía. Destaparé el aire que juntamos, despeinaré los pasos que dimos, aflojaré los nudos que nos hicimos. Desatascaré los pensamientos que compartimos.
Te separaré de lo que soy y prometo guardarte, prometo fielmente guardarte, donde guardo mis gorilas.


Luciana Salvador Serradell


Mi querida señorita Laurel

Anka Zhuravleva
Súbete la falda y sacúdete las bragas que una señorita, mi querida Laurel, una señorita como la cosa manda, no anda escondiendo cuando a otro se le da la gana. Súbete la camisa y enseña la teta, la teta derecha que son las tres y tu bebe tiene hambre. Suéltate el pelo, sacúdete el flequillo y ráscate la nuca que no hay circunstancia más religiosa que una cabeza cuando se acomoda.

Y si todavía tienes ganas, ganas de más, sácate las medias y los zapatos, y ráscate los dedos, los diez, que no hay mensaje de vida más directo a la cabeza que las cosquillas de tus pies y los calambres de la cadera, que hay al querer.

Pero si no quieres y la falda no te subes, mucho menos las bragas te bajas, y ni pensar con desprender el primer botón de tu camisa, no andes mostrando nunca cuando a otro se le da la gana. Átate el pelo, acomódate el flequillo y arregla el cuello de la camisa que no hay circunstancia más religiosa, mi querida Laurel, que una cabeza que nunca ha sido acomedida.

Y si todavía tienes ganas, ganas de más, ponte tus medias favoritas y los zapatos azules, esos que te quedan tan bien, y sal afuera, a donde quieras ir, que no hay mensaje más directo de vida a la cabeza que las cosquillas de la ropa en la piel y los calambres de la cadera, que hay al querer, mi querida Laurel.

Luciana Salvador Serradell

Cuando Buenos Aires se levanta, Fabiana está despierta

Rikitza

¿Qué hay ahí afuera que no te deja dormir? ¿Qué es eso que te atrapa? ¿Eso que no puedes decir?

¿Cuánto pesa el algodón de tus sábanas? ¿Cuántas vueltas le acabas de dar a la llave de tu puerta? ¿Tranquila? ¿Logras estarlo?

Y el silencio, ¿el silencio qué te dice cuando te metes en la cama? ¿Con quién hablas? ¿Con quién compartes? Y si compartes, ¿lo compartes todo? Y lo que guardas, ¿para cuándo guardas?

Y cuando Buenos Aires se levanta, ya estás despierta, ¿verdad? Y las fuerzas que sacas, ¿cómo las vistes? Y los colores que eliges, ¿qué te dicen? Y los zapatos que hoy te pones son para pisar, ¿para pisar fuerte?

Y tu voz, que no se corte. Y los miedos en el bolsillo. Y la boca pintada, el pelo arreglado. Dejaste tus papeles sobre la mesa antes de salir, ¿qué dicen?

Afuera está lloviendo, ¿adentro tuyo también?

Y cuando sales, ¿cuando sales así vestida, sabes que sales a un país que está en pie? El tuyo. Y de un tiempo aquí me pregunto, nos preguntamos ¿a qué huele la justicia aquí?

- ¿Qué perfume llevas, Fabiana?


Luciana Salvador Serradell


Las costuras

Aëla Labbé

Me rasgaría la piel para poder atarte a los huesos de mi cadera.

Lo digo en serio.

Me rasgaría la piel para atarme a ti. Lo hubiese hecho aunque ahora digas, haberlo hecho. Y me pregunto, porque llevo días preguntándote, y si lo hubiese hecho te hubieses dejado atar al borde de mi cuerpo para sujetarte por mi cintura.

Atar a todo lo que tengo por debajo, debajo de esta cicatriz que nunca viste cuando me dejaste. Es que eso de rasgaría es que me la rasgué y ahora tengo una costura en la piel.

Ésta que nadie ve.
Ésta que hace que no me olvide que es mejor querer que ser querida y no poder responder.



Luciana Salvador Serradell


Hoy no vale la pena que está ya lloviendo afuera

Adrian Sommeling
No llores por esa herida que hoy no cura porque el sol no sale y te ahogas, y te vuelves a ahogar, en un vaso con agua hervida.
No empieces a llorar.
Hoy no porque no hay motivos nuevos, y los viejos y a las viejas heridas las tienes bien repasadas de tanto llorar.
Hoy no llores que no vale la pena. No llores que te vas a mojar y afuera ya llueve y acá dentro todavía no.


Luciana Salvador Serradell




Descúbreme

Gabriel Martin
Descúbreme abajo del abrigo, en la habitación oscura y en el silencio que hay cuando no te miro. Descúbreme subida en la montaña de todas mis cosas por hacer, en mis manos sudadas cuando ya no sé qué hacer. Descúbreme cuando voy de espaldas, cuando no cruzo la calle, cuando no quiero nada. Descúbreme cuando no tengo hambre y tengo mucha hambre, cuando me aburrí y cuando me quiero ir. Descúbreme los viernes y los miércoles de semana. Descúbreme mirando que no hay nada, descúbreme pensando que hoy puedo todo. Descúbreme con la piel dolida, con una sonrisa. Descúbreme caminando por Bigai, mirando la lluvia, esperando la luz roja. Descúbreme hoy espiándote, mañana rezando y pasado llorando y de tanto descubrirme, no me dejes esconder.






Luciana Salvador Serradell

Soy yo esa

Bogdan Gulyay

Soy yo esa que la tierra te recomienda cuando te pica la espalda y tus manos no llegan. Esa que te envuelve en tela y te regala un día de sol cuando hay tormenta y dos tardes de verano en invierno, y tres vasos de agua cuando hay sed. La que te acaricia la locura de querer medir cosas desmedidas cuando te pregunto si me quieres para siempre, y si es para siempre cómo seremos después de tanto querernos. Y la que busca tu mano, que salta a tu lado, que abre tus puertas, que acaricia tu ausencia, que habla de vos. Que vale la pena.


Luciana Salvador Serradell



Todo lo que podríamos

Tim Swallow
Podríamos ganar la carrera al sol si esta noche nos quedamos despiertos. No te vayas a callar. Volar más fuerte que el viento si me aprietas la mano bien fuerte. No te vayas a soltar.Y podemos ser más que los granitos de arena que hay en el mar si me prometes todos los segundos que hay hasta el final. No me vayas a dejar. 


Luciana Salvador Serradell



Si me cuentas que me quieres

 Aleksandr Munaev

Si me cuentas una historia de cuna no me pongas a dormir. Si me cuelas mariposas, mariposas de colores, no me pidas mandarinas, y si me tomas de la mano no te confundas con qué pie me vuelves a pedir que no te deje ir. Si es verano no me pidas café y en invierno sólo hay té, y si quieres pastel, hay pan. Si quieres volar déjame primero saltar a la elocuencia de tu vuelo con mis dos pies. Y si me quieres para cocinar yo te voy a ladrar y si me quieres para bailar, puedo cantar. Si me quieres para hoy, hoy no estoy de humor pero si me quieres para mañana, mañana tal vez volvamos a hablar.


Luciana Salvador Serradell



No quiero olvidar que no te quiero repetir jamás

Aleksandr Munaev
Dame un poquito de la soga que te ata a mi ventana y sácate eso que atrapa todo lo que sale, lo que me sale cuando te saco de mi cama y en mi cama nunca estás.

Dame un poquito de agua caliente para echarle a la mía fría que tiene ocupado la mitad de mi colchón y en invierno tengo frío y en mi cama nunca estás.

Dame un poquito, un poquito más de la prosa que me colabas como mariposas. Que siempre me colabas cuando estabas, cuando todavía entrabas por mi ventana y así no me olvido, prometo no olvidarme jamás cómo fue que te quise con las cuatro patas de la cama, la puerta del armario, el marco de mis cuadros, el picaporte de mi casa, la alfombra del patio a mi jardín, el pelo enredado, los dientes recién lavados, la bolsa del supermercado y una margarita, y así y sin más, prometo recordarlo para no olvidar que no te quiero repetir jamás.



Luciana Salvador Serradell




¿Me querrías igual si fuese zombi?

Y si hoy empieza ese apocalipsis zombi del que siempre tanto hablamos, ¿me llevarías contigo? ¿Me protegerías? ¿Me cuidarías? ¿Correríamos juntos?

¿Te quedarías despierto cuidando que ninguno aparezca mientras yo duermo y si apareciera, le cortarías la cabeza por mí?

Y si empezara ahora, yo acá y vos donde empieza Balmes, ¿vendrías a buscarme? ¿Te latería fuerte el corazón de pensarme tan lejos y sin saber qué?

Y si para cuando llegas me encuentras hecha zombi, ¿me cortarías la cabeza o me llevarías así, contigo?

Luciana Salvador Serradell


Se sintió tan bien enamorarme de vos

Aëla Labbé
Y un día me enamoré de tu manera de enamorarme y se sintió tan bien, como cuando la música inunda nuestra habitación si un sábado decides cantarme. Y el oído se pone sensitivo y el corazón se estruje para sacarse de adentro todo lo que el amor entre dos provoca.
Y entonces te pregunto si esto será para siempre.
Y te acercas.
Y me miras.
Y me acaricias la cabeza y siento tus manos y me dices que sí y me ato a tu promesa porque no hay otra cosa que quiera más que estar contigo y entonces el mundo se desvanece. Nuestra habitación desaparece, la música se pierde, las paredes se caen y los cuadros y las seis plantas. Las alfombras se borran y los almohadones y todas las sillas y las dos mesas. La luz se vuelve más luz, el piso flota. Nuestra distancia se une, la piel se me eriza y el aire se llena de tu olor y te miro y me miras. Y todo esto siento cada vez que te acercas.
Te acercas y me besas.


Luciana Salvador Serradell



La excusa de la princesa valiente y con galera

Erwin Olaf
Dame una excusa corta para empezar a contarte una historia tonta en la que una princesa valiente y con galera rescata a un príncipe adorable y en apuros, que monta jabalíes. Y lo ata a un árbol verde para que nunca se le escape porque de tan adorable, pensó entonces Carolina, debe ser siempre adorado y nadie mejor que ella que no tiene prejuicios, ni recelos ni tabúes. Ni aprensión por lo sucio cuando está claro, ni escrúpulos cuando la realidad no es tal y su príncipe es apenas principito.


Luciana Salvador Serradell


No me gusta tu ombligo

Erwin Olaf
Me gusta la descripción corporal de tu cuerpo cuando te digo que no.
Que hoy no te tengo ganas. Ni ganas de verte mucho menos de comerte y cierras la boca y te tragas las palabras como cuando masticas humo y te hundes. Y me das lo mismo porque hoy, especialmente hoy, no tengo ganas y te lo digo a la cara y tus pupilas se dilatan y me enardezco y de nuevo te digo que no. 

No. 
No.

No dos veces más y te provoco. Te provoco y te incómodo, y de tanto incomodarte espero que entiendas, que entiendas de una vez y ya por todas, que simplemente has dejado de gustarme.

Que tu ombligo no es el mí.
Y las alas no se cortan. Menos las mías.

Luciana Salvador Serradell


Hola señor espectador. Hola señorita de prejuicios

Helmut Newton
Hola señor espectador, el de los ojos grandes y los pensamientos tan pequeños que dejaste caer todo lo que tenías por hacer. Hola señorita de prejuicios y etiquetas, de buenos modales y malos pensamientos. Muy buenas a la mujer del verdulero, a la amante del vecino y a la cuñada de mi ex. 

¿Qué tal van las cosas cuando las cosas no caminan?, pregunta la que se baja la tristeza con pastillas y sacude los pies para sentirse viva. 

¿Qué tal un tren hasta Roma o un avión al Cairo, una tarde en Montserrat o dos días de verano?, dice la que nunca camina. ¿Y si volvemos a empezar y vuelvo a elegir?, sugiere la que no sabe qué quiere y se tapa la cara cada vez que puede.

Así que déjeme saludarlo señor espectador y tome asiento en el circo que habita. Y usted señorita de prejuicios, no se deje engañar por los adornos de estas letras simples que las palabras que vienen después, son mucho más complicadas desde que la tierra es redonda, el desierto está seco y en la televisión, en la maldita televisión, todos llevan la razón.

Luciana Salvador Serradell


Lo que le duele a Noemí

Irvine Huang
A veces, en realidad muy pocas veces Noemí respira tranquila cuando los pensamientos que la inundan siempre, la dejan en paz. 

En paz y tranquila porque el dolor relajado de alguna manera absurda, muy absurda, duele menos que el que presiona y corta el aire. 

Así que a veces, muy pocas, Noemí se sienta en el balcón de su palacio y se pierde en un mantra aprendido y repetido para que el dolor que ahora tanto duele, se relaje. Se relaje y apriete un poco menos todo lo que nunca deja de doler. 




Un gato que ladra

Como un gato que ladra al colchón desde la ventana, como un cajón que se cierra cada vez que lo abro, como un poco de viento fresco que se queda con todo. Una silla rota que camina y se mueve, un clavo que se tuerce y cuatro cubos de hielo derritiéndose en un plato con sopa caliente. Un lápiz rosa que pinta verde, un teléfono sin línea, una muela que duele y no nace. Como la cuerina de un bolso de cuero, como el suero placebo de un enfermo terminal, así me despido de usted para empezar de nuevo. 
Para empezar de cero.




Luciana Salvador Serradell




Hoy Cecilia no está

Vikram Kushwah
Hay un mundo único con un habitante. Un espacio que no existe, una sala que cambia cada vez que ese único se piensa diferente. Cuatro paredes que van de blanco y una mujer que toca el piano. Una muralla de piedra, la fragancia de las flores que no es otro olor que el suavizante de ropa que huele a colonia. Una melodía que es siempre la misma, una canción que no se cansa de escuchar. Una ráfaga de aire cálido, como el frío que sale cuando se abre la heladera. Cosquillas que duelen como calambres y los dedos rígidos del pie pisando fuerte ese espacio único de un solo habitante. Hoy Cecilia no quiere salir de su zona de confort. Hoy Cecilia, hoy no está.


Luciana Salvador Serradell

Para no despedirnos

Laura Makabresku
Vamos a ponerle un hilo fuerte a la aguja que cose nuestra historia y pintura roja por si un día a uno de los dos se le olvida, se le olvida por esas cosas de la vida que tenemos el corazón del otro atado al propio y el propio lo hemos entregado abierto y latiendo, sin corteza ni esqueleto. Pintura roja por si uno de los dos llora. Para saber lo que toca. Para no descosernos. Para no separarnos. Para no despedirnos.


Luciana Salvador Serradell



Olvidarte y volver a empezar

David Hurn
Voy a tomarme un café caliente, tan caliente que me queme la lengua así me saco estas ansias angustiosas, estas que están pegadas tan adentro de querer probar lo que no queda.

Lo que no hay.

Voy a lavarme la cabeza con las dos manos y las yemas de los dedos, y que el jabón me entre por las orejas, por las orejas y bien adentro así me limpio estas ganas mentales, esta apetencia maldita de lo que no es.

Me peinaré hasta desenredar todo lo que me ata a lo que fue, me peinaré de la raíz hasta las puntas y me echaré perfume nuevo para olvidar.

Para olvidarte.

Y saldré hoy vestida con falda y la cabeza despejada sabiendo que hay decisiones permanentes de emociones momentáneas y mejor así si ya no estás.

Olvidarte y volver a empezar.


Luciana Salvador Serradell



No cometas los mismos errores que yo cometí

 Vikram Kushwah
No cometas el mismo error que yo cometí, el de quererte.

Quererte más que a nadie. Quererte por dentro y por fuera. En todos los días de lluvia y en los últimos trecientos veranos.

No cometas el mismo error que yo cometí, el de subirte a mi cabeza y dejarte aquí adentro volando. Que me empapes las paredes de mis juicios de una vida bonita sólo posible si estás aquí.

No cometas el mismo error que yo cometí, el de sujetarte a mi lado más dependiente transformándome en alguien que nunca fui.

No lo hagas. Perderás siempre.



Luciana Salvador Serradell



Las ilusiones tontas de quererte tanto




Regálame una sonrisa única.

Una única y dedicada y prometo encenderte en fuego las ganas.

Todas tus ganas guardadas.




Regálame hoy y conságrame este viernes.

Conságrame todas las horas de este viernes a las ilusiones tontas

de todo lo que es eterno y te juro que mañana volverás conmigo.

Volverás y nunca más te irás.


Luciana Salvador Serradell

Bienvenido a mi infierno tan efímero

Katia Chausheva

Bienvenidos a mi infierno amarillo y pasajero, de cuando no me quiero y el vacío insustancial de lo somero y frívolo. De todo lo visible y liviano que se vuela y se quema.

Bienvenido a mi infierno amarillo de los pensamientos infinitos. Del acertijo trivial, la respuesta vana y el encontronazo frívolo de dos rotos saludándose al llegar y al partir.

Bienvenida a mis supuestos de todos los hubieses y que ahora son fracasos. Bienvenida a mi yo sincero, a este. Al segundo lleno de jamases y de todos mis nunca.


Luciana Salvador Serradell



Te lo juro y perjuro

Edouard Boubat
Te lo juro y perjuro que de elegir de nuevo, elegiría tal cual. La tierra estallando con el Big Ban para hacer redondo todo lo que tiene que rodar y cuadrado lo que hay que colgar. La primera célula mirándose al espejo, el fuego, la luz y el apocalipsis de los locos escribiendo las historias que alguien se tuvo que inventar. 

Después las arterias, absolutamente todas las arterias de los caminantes explotando en ciudades, y de ahí la tuya y la mía. Y en el medio un mar inmenso lleno de sal y kilómetros de agua moviéndolo de punta a punta para que el polo norte pudiera helar el aire frío que debía tragar antes de empezar a respirarte porque te lo juro y perjuro que de elegirte de nuevo, te elegiría tal cual. 



Luciana Salvador Serradell





Mi querido Lucio

Sonora and Her Diving Horse. Calgary Stampede 1925.
No hay nada más bonito que el momento preciso cuando la noche crea al día, que la despedida volviendo al encuentro y la cara que deja huella. No hay nada más particular que una sonrisa imprecisa, que un beso pensado antes del salto o un aroma inventado de un recuerdo casi olvidado. 

No hay nada más simple que una línea negra en una hoja blanca, una caricia en la mano que dibuja un círculo bien adentro y círculos que son soles que calientan como caricias. 

No hay nada más espléndido mi querido Lucio, dijo Ana, que el hecho intencional de llenar los pulmones con aire fresco cada día para no dejar nunca de suspirar. 



Luciana Salvador Serradell














Las posibilidades de un quizás

Oleg Oprisco
Si caminas por mi espalda te enredarás en mis lunares y si lo haces por mi panza, te ahogarás en mi ombligo. Si me hablas al oído, puede ser que no te escuche y si me cantas en la boca, tal vez te bese.



Luciana Salvador Serradell















Lo que pasa entre Noemí y Narcizo

Gianni Berengo Gardin
- Dime que me quieres de verdad (...)
- Que me quieres con amor animal, preguntó Noemí a Narciso.

Luciana Salvador Serradell



El último de Juana

Paolo Roversi
Es peligroso querer a una mujer mala, dijo Juana y le dejó un último beso en la boca antes de que pudiera soltar respuesta.

Luciana Salvador Serradell

La ilusión de los viejos

Ali Osman Ak

Una vez nos quisimos tanto -tanto, tanto-, que nos hicimos tan viejos queriéndonos que no nos dimos cuenta que habíamos vivido toda la vida prometiendo querernos hasta viejos sin sentir que ya lo éramos, porque de viejos todavía –y seguramente que mañana también- nos queremos con la misma ilusión de la primera vez.

Luciana Salvador Serradell



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...