La depresión del potaje


Cuando esta mañana se despertó el ama de casa que no vive en la mía, encontró tal alborto mobiliario causado por el desorden de un lago en el medio del comedor. Un lago, un verdadero lago salado atravesando el paso hasta la cocina. Demasiado temprano en hora y fecha para saltar al agua, dar las primeras brazadas y alcanzar la cocina. No era hasta junio que nadaba en el mar, pero además de ama de casa era capitana, capitana de la nave familiar y excelente nadadora contramarea, en las buenas y en las malas.
Catorce kilómetros fueron los que nadó, es lo que contaría el plomero más tarde a la vecina del piso de abajo. Si hubiese ocurrido en septiembre o en noviembre no los cruzaba a nado, abría las ventanas, encendía los cuatro ventiladores y dejaba secar. Pero era casi marzo y no escatimó en ayuda, aún cuando el agua estaba fría y a los siete minutos se le acalambró la pierna derecha.
Primero aparecieron un par de garbanzos flotando, el par pasó a ser toneladas emergiendo. Toneladas de garbanzos. Se le hacía pesado bracear y a medida que se aproximaba a la costa de la cocina, entre los garbanzos aparecieron también alubias y lentejas. Cientos de ellas, tantas que esta vez temió haber llegado tarde. Aceleró el cuerpo y, con la adrenalina funcionando en máxima se le activaron los pensamientos y entre todos los que más habían eran los malos. Se lamentó haberlo dejado solo en el fondo de la alacena, que ingenua se vio pensando que el Prozac lo arreglaría.
Cuando piso suelo firme se sacudió las legumbres con cuidado y corrió hasta que el sudor se volvió muy frío y los pulmones le pidieron un respiro. Volvió a correr y cuando lo vio se tiró sobre él y con todas las fuerzas de Sansón lo revivió. Entonces juntó sus garbanzos, sus lentejas y también sus alubias; cuando terminó lo acarició con ternura hasta volver a darle forma. Despacio salió del coma en el que estaba, abrió los ojos acristalados por haber llorado un lago de agua salada y pidió perdón a la ama de casa por no haber tomado su antidepresivo. Siempre es así en la cocina con el potaje, la primavera le sienta triste y el verano termina por deprimirlo.

Los II Premios Revista de Letras

¿Acaso se puede tocar el cielo con las manos? No se. Pero ayer sentí algo así cuando dijeron que Bosque de Luciérnagas había ganado el II Premio Revista de Letras al Mejor blog nacional de creación literaria. Lo cierto es que no me lo esperaba porque los otros cuatro blogs con los que competía son verdaderas obras literarias, yo aposté por ellos. Y me emocioné. Me emocioné muchísimo y no se muy bien que dije cuando tuve que agradecer el premio porque tuve un flashback de sensaciones.

Estoy contenta y quiero compartir este sentimiento con quienes se hicieron aficionados a mis relatos cortos y decidieron votarme. Escribir me llena de placer, pero es increíble la sensación de saber que te leen. Muchas Gracias.

También quiero agradecer a la Revista de Letras por abrir puertas a novel escritores que se presentan en sociedad a través de un blog. No es fácil esto de la literatura, las editoriales, publicar un libro... y concursos así son un gran aliciente. Invito a escritores con blogs a no perderse esta oportunidad el año que viene.

Me gustaría felicitar a los ganadores de las otras categorías: Javier Avilés, que obtuvo el Nacional de Crítica Literaria con su bitácora El lamento de Portnoy; Natalia González se llevó el Premio Internacional de Creación y/o Crítica a el Internacional con Un esqueleto en el escritorio;y Javier Celaya, se llevó el Premio Especial de Divulgación por su labor como director de dosdoce.com

También quisiera hacer una mención especial a aquellos blogs con los que compartí nominación. Yo aposté por ustedes, los felicito por sus blogs.

- El doctor Frankenstein, supongo, de Jesus Esnaola Moraza
- Cuentos de barro, de Antonio Báez Rodríguez
- El blog oculto del Caboclo, de José Mª González-Serna Sánchez
- Loulou revisited, de Inmaculada C. Pérez Parra

No me importa

No me importa si tengo que seguirte hasta el final de la cueva para encontrarte. Si tengo que llorar y deshidratarme, perder el apetito, cambiar de piel, chocarme contra paredes y saltar desde precipicios. No me importa si tengo que seguir viaje, si tengo que escavar agujeros en la playa, si tengo que poner carteles en los baños, si tengo que sufrir ataques de nervios y sentirme perdida.
No me importa si me dejas sin oxígeno, si me mareas, si juegas a esconderte, si te inventas cada vez que pienso que te encuentro. No me importa si tengo que vender mi cabeza, si tengo que pintarme de colores, si tengo que perder la voz. Si piensan que estoy loca, que soy un caos, que ando perdida, que no se qué es lo que quiero. No me importa si lo pierdo todo, si tengo que donar sangre o escalar montañas. No me importa si tengo que caminar hasta dar con el mundo cuadrado si es ahí donde te escondes. Quiero dar conmigo.

Arranque de locura

Me discrimina el ruido que hace hoy mi corazón. Late tan fuerte que hago fuerza para que no se me salga y procuro que nadie se de cuenta de todo lo que duele. Me duele. Procuraré no odiarte tanto, pero no hagamos promesas con este sentimiento. La imagino tan imbécil aunque sea la mujer más lucida sobre la faz de la tierra, pero no me importa. Para mi siempre será una imbécil más. Procuraré no pisarla en la calle pero no prometo más. Y no me responsabilizo de los sicarios que contraté, ni de su secuestro que planificaré.

Revista Gente

Hay gente que sueña, otras que viajen en metro y otras en avión. Hay gente que desayuna cereales, los que leen las noticias en Internet y los que prefieren el papel. Hay gente que vive en el quinto piso, que vive en el tercero y quienes viven en el sexto. Hay gente vieja que camina y gente joven que no se anima. Hay gente que es vegetariana, otros que lo intentan y los que jamás se lo plantearían. Los que miran televisión, los que escuchan la radio y los que se ven en YouTube. Hay gente que quiere hijos, otros que quieren que sus hijos tengan hijos y los hijos que no quieren tener hijos. Hay gente que se casa de blanco, otros que se divorcian y otros conviven. Están los de derecha, los de izquierda, los que no votan. Los que hacen dieta y los que venden dietas. Los que rezan, los que profesan. Los cantantes y los fans. Los que creen y los que dicen mentiras a los que quieren creer.

Necesidad de mutar

Mutar a un color, igual que cuando la enredadera tapó la pared. Tenía esa necesidad tan visceral y natural que genera el cambio cuando se hace sentir. No pudo planificarlo, hubiese querido pero no le dio tiempo.
Su transformación fue de adentro hacia afuera. Primero en la cabeza, la visión de las cosas, los sentimientos, las sensaciones. Algo hormonal, explicó él. Y después fue toda su materia, y la materia que rodea a su materia, su cama, su cocina, el comedor, la casa entera, la calle donde vive, el barrio, la ciudad, el país y todos los paisajes enteros que quería ver. Hubiese querido planificarlo, elegir el color con más tiempo pero el cambio no se hace esperar. Pasa cuando tiene que pasar y duele todo lo que el cuerpo tiene que cambiar.

La señorita perfecta que no es

No es una guerra de sexos, es cuestión de género. La disputa entre ser y no ser. Entre perfecta e imperfecta. El juego ese que ubica a las señoritas perfectas en primera fila con sus narices y columnas rectas, sacando pecho, oliendo a perfume, con el delineado del ojo impecable, dientes blancos de publicidad y de la mano de él. Mientras el resto, las otras que salen del trabajo tarde también los viernes de cumpleaños, les toca esperar el metro y se peinan en el reflejo del vidrio, terminan paradas al final de la sala. Apoyadas bajo el marco de la puerta de entrada aguantando eso de ir solas.
Esto de la señorita perfecta y la imperfecta se nos da cuando la naturaleza que nos agracia, decide el melodrama de cada una. La señorita perfecta nace perfecta. Las otras no y he aquí el corazón trágico de las hormonas femeninas hasta que cada una asume la señorita perfecta que no es y se vuelve perfecta a su manera.

La dueña del florero de margaritas

Hubiese preferido una de esas cartas formales, esas que tienen fecha, saludo cordial y sobre con estampilla. También hubiese preferido lo de contar los meses hasta el aniversario, lo del vestido y la casa con tres habitaciones. La cama compartida, la cena, los fines de semana y su canción. Tachar los días hasta las vacaciones de verano, las compras en coche, el congelador repleto y tres manteles para elegir. Hubiese preferido ser la dueña del suavizante, la de la ropa interior en el grifo de la ducha y la que colecciona la vajilla de porcelana. Hubiese preferido ser la que espera la telenovela de las tres de la tarde, la deportista del planchado, la guardiana del termómetro y la que sacude el colchón. También hubiese preferido ser la protagonista en su álbum de fotografías, en el comedor de su casa, en los contactos de su móvil y la dueña del florero de margaritas que nunca le compró.

Alerta climática

Sepa usted disculpar en estos días la impertinencia de la ironía. La sonrisa del extranjero y la malicia de la vergüenza.

La historia de una gana

Hay una gana. Una gana que suena a Chopin en Palonaise Fantasie. Nace en el estomago en uno de esos espasmos que te deja tieso y con la mirada perdida, sube a la cabeza y la comprime. Le saca todo el aire, la deja en blanco, y cuando la gana se siente asfixiada en la cabeza desprende relámpagos de electricidad desde el estomago hacia la cabeza en un ida y vuelta. Es un truco de supervivencia. Un truco para despertarme, para que pueda escuchar a Chopin en mi cabeza sin que haya música. Para que recuerde que hay algo que me mueve aunque no lo vea, como la música en Chopin. Que ese algo es mi electricidad. Lo que hace que me mueva. Que al final no hay más que eso, una gana. Una sola gana que le puede dar sentido al resto. Una gana armónica para mi cabeza caótica.

Sucede

El cielo dibuja goteras y lo pinta todo gris, como si supiese que el corazón hoy no se siente bien, tampoco mal, pero anda enredado. El espíritu no sale de la pausa y los pensamientos, esos que pesan mucho, andan desfasados. Sino se lustra ahora, no se lustra más. Es lo que pasa cuando el desequilibrio es perfecto, resbalarse, dejarse caer y olvidarse de la culpa que tienen las adicciones del corazón. Una insinuación perfecta de su inconsciente más lastimado para despedirse de sus delirios. Era hora de dejar ir las ilusiones.

Bipolaridad femenina

Las mujeres tenemos una bipolaridad consentida, que se manifiesta de forma relativa e inconciente cuando nos miramos al espejo. Los químicos cerebrales se congestionan de forma tal que, teniendo cada día de la semana la misma cara con las mismas ojeras, nos sentimos un lunes lindas y el martes feas. He aquí la laboriosa tarea de las hormonas femeninas.

Imprudencias de habitación

Se presentía que después del invierno algo pasaría. Siempre sucede cuando el frío se va. Fue la maldita humedad, la más vieja de todas las cosas que hay en esta habitación de la calle Panissars, la que el primer lunes de primavera lo intuyó. Fue por la forma en que la brisa entró. Atolondrada, tan atolondrada como cuando el amor está al llegar. Y después fue la cama, que aunque está siempre a treinta centímetros de la realidad, nunca es menos de día. Fue la segunda en darse cuenta cuando el martes a las ocho y veintitrés una luz naranja y demasiado rosa, que no incluía el menú de esa mañana, le sacó el sueño. La lista siguió con el cuadro de las flores, la luz de la mesa de noche, un bolso taiwanes y mis pantuflas. Se intuía que después del invierno algo sucedería, fue el juego a las escondidas y las pequeñas coincidencias. Ella siempre detrás del cristal. Tan obvio, tan premeditable, tan hermosamente fácil. Y entonces fue en el día de las licencias, un domingo, el segundo de la primavera del 2010 en Catalunya, cuando las bisagras se movieron. No fue una imprudencia, siempre algo pasa cuando el frío se va y se abren las ventanas. Y ahí, ante todos y sin reparos ni apuros, con la calma de las ganas atadas, el sol le hizo el amor a la cortina de mi habitación.

Razonamiento femenino

Ando con problemas de realidad, como si estuviese fuera de foco. Sí, desenfocada. Me siento desenfocada. No que quiera ser el foco pero me vendría bien estar algo más enfocada. No me hallo. No me veo. Mira, ¿cómo me ves?. Ves que estoy desenfocada. No se si es el vestido que no combina con estos tacones horrendos o soy yo que directamente no cuadro con la escena. El pelo, estas piernas. No es mi día. ¿Qué es lo que no entendés? ¡Acercate más! Ves que es como si no estuviese. Hoy, o no estoy o estoy fuera de foco. Claro que no me entendés, no me entendés porque no me ves. Dejá. No, no voy a salir. ¿Cómo porqué? No ves que ando con problemas de realidad, como si estuviese fuera de foco.

Problemas de pareja

El divorcio abunda en el cajón de los calcetines mientras los dientes practican canibalismo con las uñas. La cana déspota sobresale del resto, la lengua quiere mudar boca, las rodillas se apuntaron a terapia y el picante le ha declarado la guerra al hígado.
La nariz se siente fuera de lugar en la cara y la teta grande ha dejado de asumir las responsabilidades de la teta pequeña. La vejiga ha sido víctima de un desplante de riñones, y para males, el aparato reproductor está de huelga hasta que el interés vuelva.
Las pestañas se han quedado en la calle por los celos de las cejas, y sin pre aviso el tímpano ha sido desahuciado por la oreja. La columna quiere demandar a la cabeza, el corazón ha firmado un usufructo a favor del cerebro, y las piernas, por el bien de ambas,han decidido caminos diferentes. Los glúteos no pueden verse la cara, el abdomen se ha cansado de la arrogancia del ombligo y los pies, los pies se dieron cuenta que nunca han estado a la par. El cuello se ha cansado de los souvenirs de los labios, los hombros de los cuernos de los brazos y la cabeza de las caricias de los dedos. La frente está disconforme con la actitud de la nuca, los pómulos dejaron de coquetear con el mentón, y los ojos, los ojos ya no lo ven igual. El derecho se ha hecho del PP y el izquierdo ahora vota al PSEO.

Las contradicciones de un tango caminando por Barcelona

Una vez un amigo me preguntó qué siente el inmigrante. Ojala me hubiesen brotado raíces de ceibo en mis dos pies talle 37 para evitarme las ganas de seguir caminando y atravesar solita la Pampa con 20 kilos, un cuadro y un pasaje de ida. Incluso sentí ese día que podía comerme el mundo sin respirar. Al final todos nos imaginamos así, fuertes el día que decidimos ser inmigrantes. Ahora, años después, me pregunto quién soy. Puedo elegir y no es fácil y es fácil a la misma vez. Soy una contradicción constante con acento revelador aquí y allá.
Al final es una curiosidad lo que te hace seguir viaje, la posibilidad de inventarte una nueva biografía que sino la controlas te deja sin tierra. Extranjero aquí y extranjero en Buenos Aires. Pero los sentimientos también se globalizan, se amoldan. Se transforman y se desvirtúan.  El inmigrante quiere de otra forma. Carga muchos días con el peso del amor a la distancia, ese melodrama es su elección. Yo lo elijo. Puede ser que nos guste e inspire la melancolía que brota cuando no se tiene lo que se quiere. Me refiero a la familia, los amigos y mis calles.
Hoy Buenos Aires me retumba a la distancia como un tango atrapado en un eco mientras camino por Passeig de Gràcia. Un sonido que me es mío, nadie más lo entendería. Tan mío aunque pasee por París, alquile casa en Barcelona, trabaje en Madrid o tenga hijos en Ginebra. En mi cabeza Buenos Aires vive todos los días así, en vagas melodías de acordeón que doblan en cada una y todas las esquinas de mi recuerdo. No importa el tiempo que pase. Y si las ciudades en las que habito me piensan insolente tienen sus motivos porque de todas todavía elijo Buenos Aires para dejarme sucumbir.

Gajes de sonámbulo

7:35 am. Suena el despertador. ¿Qué es lo que huele?, ella. Él abre los ojos, se incorpora, respira hondo. Mis sobacos, son mis sobacos. Coño, me bañé anoche, murmura. Volvió a pasar, dice ella. Sí, responde él.

Asesinato en primera persona de un periodista

-Sí, algo así como la proposición subordinada adverbial que expresa la finalidad del verbo principal: yo periodista. Tiene sentido. Primero fue la angustia, le atacó por la cabeza. Un caso raro que solo se diagnostica en periodistas, dijo el doctor, y lo mandó a terapia los martes a las tres y media, sesiones de cuarenta y cinco minutos. La evaluación conductivista fue algo así como un temor opresivo sin causa precisa, pero como estaba angustiado tampoco entendió mucho. -¿Sin causa precisa?, estúpido.
Se ve que la angustia cerebral se transformó en una constante aplastante, incluso después de dos rayas diarias de cocaína y veintiséis semanas de terapia. Antes de ese día, de la mañana en que la señora que limpia se encontró lo que se encontró, llevaba cinco días de insomnio, tal vez seis. Angustia e insomnio, en ese orden dijo el doctor. Lo afirmó dos veces, lo reafirmó. Pero la almohada todavía estaba mojada con un líquido viscoso, como cuando se duerme profundamente con la boca abierta y la baba cae. Estaba mojada del lado izquierdo. Finalmente durmió.
Conjeturas: -Estúpido. En un momento de conciencia retomó aquel pensamiento volátil entre la causa no precisa y la certeza de querer dar un golpe final, los hechos lo desvelan. Darlo o recibirlo. La escena: una patada fuerte en sus testículos de abajo hacia arriba, en el caso de dejar de escribir para él; o, la otra opción, recibir otro puñetazo recto en el estomago la próxima vez que le volvía a pagar por escribir la noticia como él quería leerla. En ese momento lo del insomnio quedó zanjado, diecisiete años durmiendo, evidentemente no tenía sueño. Los mismos diecisiete de experiencia que registra su currículo en aquel sucucho vendiendo sus comas, puntos finales y titulares a un fulano burgués que se dice políticamente correcto.  Eso no hace falta que lo apuntes. Supongo que eso del conductivismo tuvo su efecto aquella noche con lo de dar el golpe final.
No es que estaba todo manchado de sangre, las paredes o el piso. Fue peculiar aquella mañana, en estos sucesos el ambiente se siente tenso, el aire pesado, pero aquí estaba todo calmo. No calmo de suspense sino esa calma que llega con el alivio. Estaba recogido, había cenado, se había duchado. Encendió el ordenador, escribió un rato y puso música. Se tomó un té y supongo que después se desnudó. La hora tal vez era las dos de la madrugada o antes. Cuando entró la señora se lo encontró en la cama tapado hasta la cintura, se lo veía tranquilo. Cuando lo llamó y no respondió encendió la luz del velador, vio la sangre en las sábanas y salió corriendo. Vomitó, pero esos vómitos obvios del momento y llamó a la ambulancia.
Es raro decir esto pero tenía buena cara, incluso buen cuerpo si exceptuamos lo de las manos. Estaban en una caja de cartón sin cerrar sobre la mesa de noche. El corte de la izquierda es más preciso, fue de un solo golpe seco. En cambio la mano derecha tiene varias heridas, creo fue un corte más forzado. Estamos investigando, hay indicios que se usó la puerta del baño para amputar la mano izquierda después de cortar la derecha. -¿Los motivos? Estamos investigando. Creemos que guarda estrecha relación con su actividad profesional. La víctima era periodista y asumo que la amputación de ambas manos fue un saldo de cuentas personal. ¿Quién le cortaría las manos a un periodista? Alguien que no quiere que escriba más. Es secreto de sumario pero sí, dejó una nota.

Nominaciones a los II Premios Revista de Letras

Que emoción fuerte que Bosque de Luciérnagas sea uno de los nominados en la categoría Mejor blog nacional de creación literaria en los II Premios Revista de Letras.

Es una de esas emociones fuertes que ya transformó la candidatura en un premio en sí mismo. La competencia es increíble, estoy alucinando con los otros blogs que compiten y estoy contenta que Bosque de Luciérnagas este a la misma altura. Recomiendo leer y comenzar a seguir El  doctor Frankenstein, supongo, de Jesus Esnaola Moraza; Cuentos de barro, de Antonio Báez Rodríguez; El blog oculto del Caboclo, de José Mª González-Serna Sánchez; y Loulou revisited, de Inmaculada C. Pérez Parra.

Ciertamente estoy FELIZ y GRACIAS!!!!

¡Tu voto me vendría muy bien!
Una vez publicados los nominados toca al público votar el blog que más le guste. El plazo para poder registrar los votos finaliza el 2 de marzo de 2011 (inclusive). Si te parece que Bosque de Luciérnagas merece tu voto, puedes votar en este enlace: http://www.revistadeletras.net/votaciones/


¡Wowwwwwwwwwwww.... que subidón de adrenalina!. Gracias Revista de Letras y a los que me leen (muchas gracias a ellos).

Luciana




¿Remedio calificado?

La vieja argumentaba del otro lado de la puerta que el amor era el remedio calificado para esa dolencia cardíaca que la tenía tumbada moral, física y psicológicamente. ¿El amor?, preguntó como acto reflejo. Prefiero una sobredosis de Ibuprofeno antes que un chute de amor, le respondió. Esa tarde se gastó 278 euros en ropa... el placebo ideal después de tragar dos pastillitas de 600 gramos de Ibuprofeno.

Mala suerte en el amor

El amor me busca y no te encuentro. En el camino pone otras palabras y se que él no siente lo que tu sentirías, pero él está y tu no apareces. No llegas a mí. Te pones lejos y no te encuentro y el amor tampoco a mí. Y me duele todo, desde la mañana hasta la espuma del jabón.
Tus ojos que no me ven que mis manos van solas. Entro y salgo. Viajo y vuelvo. Voy y vengo y no te encuentro. No llegas nunca a mí y el amor insiste en buscarme y yo que no tengo la suerte de encontrarte.

Otro pensamiento reciclado en Buenos Aires

Barcelona me exprime cuando me arrebato de excesos pensando en la ciudad que brilla del otro lado del Atlántico, sobre el Río de la Plata. Como otras personas, curto mil historias y yo de verdad no he sido una cuentista ideal.

La gente en Buenos Aires

No es Buenos Aires lo que me gusta, es su gente. Abrazarse ahí mismo si hace falta o besarse sentados en el cordón de la vereda. Me gustan los flujos que caminan por la vereda, doblan en Reconquista, y acompañan a dos enamorados que no pueden dejar de tocarse.
Buenos Aires tiene un aire que mezcla aromas, su perfume, el de ella y el de él. El único compromiso es el de cruzar miradas y ahí donde te encuentro, te beso. Y se besan sin tocarse en un colectivo que sale de Retiro hasta Belgrano. Y es como una orgía de miradas y me encanta. En Buenos Aires todos hacen el amor 20 veces al día con 20 desconocidos mientras esperan el subte en Cabildo o el tren en Colegiales.

Se hará justicia

Un día se hará justicia cuando me despierte de madrugada a limpiar mis pensamientos y no te encuentre. Pisaré santos, clavaré cuadros y finalmente podré decirle adiós a tu nombre. Una madrugada de esta semana o en mil años. Entonces todos tus días, todas tus horas se habrán borrado de mis recuerdos.

Ay que bonito

Una mujer morena derrama tinta negra sobre una mesa de un bar y del otro lado un hombre la mira, enciende un cigarrillo, y la sigue mirando. Ay que bonito que es el amor express cuando hay poca luz y el ambiente huele a tabaco y café. Que satisfecho se siente él.

Coqueteo

Coqueteo con tacones o descalza. Antes, durante y después de cruzar la calle. Cuando me pongo alas y cuando me las saco. Coqueteo frente al espejo y en la oscuridad. También en la cocina, en Internet y en la peluquería. Coqueteo peinada y despeinada, cuando vengo y cuando voy. Coqueteo con el pasado, coqueteo con el presente, con la ducha y con él también.

04337726

Pienso en vos porque sos la idea más perfecta de mi yo mejor soñado. Te transformaste en una adicción. Mi adicción al introespejo que hay en mí yo perfecto. Te pienso y me veo perfecta. Y te miro cada día detrás de lo que mis ojos ven y somos los dos perfectos. Tan perfectos el uno con el otro. Y nunca hay grietas, ni matices. Nos moldeamos.
Sos la idea más perfecta de mi yo mejor soñado. Sos tan real en mi cabeza como irreal en la rutina y que más da. Y te quiero cada vez que cierro los ojos y te traigo con el pensamiento a las situaciones que yo creo. Cuando me despierto nunca estuviste y entonces vuelvo a pensar en vos porque sos la idea más perfecta de mi yo mejor soñado.

Algo más que palabras con elocuencia

Aveces no alcanzan todas las elocuencias de las palabras para sentirse vivo. Me gusta pensar en otras alternativas más arriesgadas y no me refiero solamente al sacudón de adrenalina que es tinta mezclada con agua, me refiero a la sensación de vivir pleno. De gastar todas las oportunidades todas las veces que se presentan. De haberse comido el día entero cuando llega la noche, de sentir los músculos del cuerpo y el cerebro agotados. La sensación que te da haberlo intentado hasta el punto que se te revuelve el estomago.

Ganas terribles de amar

Había una vez unas ganas terribles de amar que le hacían cosquillas en las piernas y le apretaba el estomago. Las ganas subían por los brazos y se relajaban en los hombres para deslizarse por toda su espalda. Unas ganas terribles de amar que lo dejaban quieto frente al espejo con cara de no estar ahí.

Un proyecto a medias tintas

Me llamo Luciana y soy un proyecto de algo. Un proyecto a medias tintas. Un proyecto en fin. Una canción en la memoria de alguien. Un olor, un color, un día de su vida. Soy el tiempo que no pasa en mi cara, soy el año en el que todo se perdió. Soy un sin sentido con sentido. Soy ganas y perdidas de horas. Soy la hipótesis del destiempo. Un viaje al futuro sin agujero negro, un café sin cafeína o una Coca Cola sin gas. Soy un átomo que piensa. Soy un ser errante con varios domicilios. Una baldosa floja en un día de lluvia o la marea que sube y se lleva tus cosas. Soy el agua que se evapora a los 30 grados. La cucharada de sal de más o el ácido del limón que se come el esmalte de tus dientes. Soy un mail, una postal, una carta o una foto en Internet. Soy un inmigrante y una extranjera, ni de acá y ni de allá. Soy una llamada telefónica, un sonido de móvil. Una excusa de minutos en la vida. Una respuesta. Soy cinco años o dos, o tres, o diez. Soy frágil, soy piedra, soy efímera. Envasada en inglés o en castellano. Un proyecto a medias tintas. Tintas verdes, rojas, lilas, fucsias, naranjas, amarillas, azules, grises, blancas, negras, marrones, rosas...

Giving you up

We don't have what other have. We don't have long night conversations, not even phone talks. We don't have coffee breaks or good bye kisses. We don't share good night wishes or breakfast hugs. We don´t share a house, we don´t share a city. We don´t share dreams and hopes and illusions. You don´t see me cry and I don´t see you laugh.

Hablando de eso

La música se coló un segundo en mi cabeza y recordé. Te recordé. Te recordé tal cual te quería. Tuviste muchos rostros, muchas voces. Fuiste varios hombres y de cada uno me enamoré. Eras limón, eras algodón, eras colonia y perfume.
Tuviste varios nombres, algunos duraron más que otros. Fuiste alto, estatura media, ojos celestes y también marrones y verdes. Sonreíste con gracia, incluso cada vez que me despedí. Tu música todavía se cuela por segundos en mi cabeza.

Buenos aires

El mundo gira sin respiro. Aquí y allí todo sigue igual. Una luz naranja como la que apareció una vez por la Avenida Alvarez Thomas, hoy se asoma por mi ventana en la calle Panissars. Estoy lejos de Buenos Aires, tan lejos en distancia y tiempo que hace que un tango que nunca escuché se vuelva nostálgico. Hasta el olor de allá me es porteño. Un olor mental. Existe solo en mi cabeza y lo puedo sentir cuando escucho una milonga. Taxis, cines, la Avenida Cabildo y los caudales de la Libertador. Hoy paseo por Barna, más venida a menos y yo más vieja. La crisis la golpea. Y del otro lado del mar respira una ciudad que no me deja olvidarla. Hay luces, esquinas con historia, gente que conozco. Amores que ahora andan con otros amores. Bares, música, mi calle, mi barrio, mi hermana, mi vieja y mi viejo.

Besos anzuelo

Estábamos los dos en la misma esquina, a la misma hora, por los mismos motivos, pero él estaba presente y yo dos meses atrasada. Él quiso tener una segunda vez y me esperó un mes. Estaba parado en la misma esquina cuando llegué y por motivos físicos y cuánticos que desconozco el tiempo se detenía cada vez que quedábamos aunque los dos estábamos a destiempo. Y entonces él probó besarme para traerme a su tiempo, fue por sorpresa, estaba sentado al frente mío, se paró y me besó cuando pasó por mi lado y yo lo besé también para confirmarlo. Y si hubiese sido por esperar hubiésemos logrado combinar tiempos pero no lo hicimos. Tampoco lo sabíamos. No nos esperamos o no nos entendimos. Yo me fui y el se quedó. Cuando volví yo sentí que había llegado a su tiempo pero tenía miedo que él no estuviese en el mío y no quise uno de besos anzuelos. Y la historia sigue que ella sigue buscando esos besos que se parezcan a los de él, y él se casa con otra. Todo muy realista.

Sin vos

Tenía una pecera y treces peces. Tenía un océano y sal. Tenía el cielo, la tierra y también el infierno. Tenía mi ego y tus besos. Tenía planes y consignas, dos pasajes y hojas en blanco. Tenía tu sombra y tu olor. Tenía valijas, almohadas, un vestido rojo, cortinas blancas. Tenía velas de vainilla, una alfombra verde y tres pimientos. Tenía sentimientos, tenía sueños, tenía ganas e ilusiones. Y entre tantas cosas que tenía te perdiste.
Me quedé sin la ilusión de la pecera y los tres peces, sin el océano y la sal. Sin cielo, ni tierra, ni infierno. Me quedé sin ego y sin tus besos. Sin planes, ni consignas, ni pasajes y sin hojas en blanco. Sin la ilusión de tu sombra, de tu olor. Ni valijas, ni almohadas, ni vestido rojo, ni cortinas blancas. Ni velas de vainilla, ni alfombra verde y sin pimientos. Me quedé sin sueños. Me quedé sin vos.

Aveces quiero flotar, flotar y flotar

Se me apalancan los pies. No quieren caminar y atrás viene una ola grande que me asusta. Me rasco la cabeza, miro al cielo y no veo el sol. Intento pensar, vuelvo a mirar mis pies, quiero despegarlos del suelo pero no puedo. Intento pensar pero los nervios no me dejan y me desmayo en cámara lenta mientras mis neuronas hacen un flashback. Caigo lentamente hacia adelante, mis brazos hacia atrás y mientras se me van cerrando los ojos empieza a sonar Metro Station cantando Kelsey en mi cabeza. Mis pies se sueltan del suelo justo antes de tocar el suelo con la nariz y floto. Floto por encima de la ola y veo como lo pinta todo de verde. No entiendo qué pasa. Me cuesta reaccionar, mi corazón despide una señal de alarma pintada en amarillo, “¿dónde estás?”. La señal viaja a la velocidad de la luz por el sistema nervioso y cuando llega a la cabeza todo entra en cortocircuito: Feliz navidad mamá; ¿porqué se mueren las personas?; amigas para siempre; creo que me estoy enamorando; se casó con otra; voy a escribir algo para pensar;… Feliz 33… Y lo entiendo todo y de mis ojos empiezan a brotar litros de lágrimas de aguarrás para borrar lo verde. Quiero irme a casa y pego la vuelta pero no se cómo ir. Bajo el vuelo a un metro de altura del suelo y empiezo a buscarla. El sol empieza a brillar en mi cara y el reflejo verde no me deja ver cuál es la mía y me voy dejando caer. Caer, caer, caer hasta que una mano en un guante azul me sujeta y frena la caída. Levanto la mirada y era él y de su boca sonaba Sail away de David Gray. La señal amarilla se fue apagando poco a poco y apareció otra roja mucho más fuerte que me habilitó fuerzas para flotar mucho más alto. Sujetaba su mano con guante azul y no podía sacarle la vista de encima. Era él y había viajado a por mí, y finalmente sujetado mi mano cuando más lo necesitaba. La señal roja era cada vez más fuerte mientras viajaba por mi sistema nervioso pero cuando llegó a la cabeza lo hizo con la canción Very Good Advice de Robert Smith explotando los agudos… Me sujeté la cabeza con ambas manos para apagar la canción y la canción salió por mis oídos, por mi boca. Yo no quería esa canción. No quería soltarme de la mano del guante azul. Y empece de nuevo a caer en picada y el hombre del guante azul se quedó mirándome desde arriba. Fui cayendo de espaldas hacia el suelo agitando los pies y con las manos en los oídos. Y le gritaba para que me espere, que no se vaya, y se hacía cada vez más pequeño. Antes de caer me desperté de golpe. Tenía el corazón acelerado, la boca seca. Miré a mi alrededor y estaba sola en mi cama. Miré el despertador, eran las tres de la madrugada. No había ninguna canción. No se escuchaba nada. Me acosté de nuevo, me puse en posición fetal e intenté pensar en blanco. Sentí un frío que me subía por la planta de los pies, como si estuviesen mojados. Mojados en color verde.

Interrogantes

¿Qué pasa cuando la fórmula no te cierra? Cuando las cuentas no se resuelven. Cuando todo lo simple se hace complejo y lo complejo desquiciante. ¿Qué pasa cuando las reglas del juego son demasiado bruscas? Qué pasa cuando ya no te interesa. Cuando todo es obligación. Cuando la sombra deja de refrescarte y el Ibuprofeno no empuja.

La nena buena

Yo se que la lujuria que se dibuja en mi cara no es mía, viene de tus entrañas pero si cierro los ojos siempre retumbas por dentro. Si te arranco todo me explota. Es tu aliento, tu sonido, esa mirada que siempre me provoca. Y comienzo a fusionarme con el mundo que hay afuera y te veo. Y de nuevo la lujuria se me dibuja en la cara y la nena buena se pierde y todo me da lo mismo porque prefiero, al menos un par de veces al mes, irme al infierno para encontrarte.

El aficionado

Te vi y me viste. Me acerqué y te fuiste. Me fui y viniste. Cómodo, discreto, aficionado a mis ojos calibre 25. Te sentaste y me invitaste. Acepté y me contagiaste. Divertido y creyente, algo tenía que pasar. No hubo introducción, todo era especial. Aire dulce y sabor a caramelo, fuiste mi alimento. Hacía frío y tenía calor. El olor de tu piel fue suficiente para mil noches de amor sin sobras después de las ocho. Todo fue en cámara lenta, también cuando te fuiste a ninguna parte.

Colores con olores

Existen colores que vienen con olores, como los sonidos con texturas. Es como acariciar el aire cuando es denso, cuando es húmedo y sopla el viento. Y a la tierra mojada cuando desprende transpiración. El color amarillo huele a verano, y el verano tiene el mismo sonido que el amarillo. Si escucho una canción, “Vientos de Cambios”, siento arena en mis pies. Si menciono el blanco, acaricio terciopelo en mi cabeza. Como los nombres, Ana, María, Eugenia, Lorena, Victoria, Patricia, Florencia, Noemí. Sin ninguna explicación lógica, Eugenia me es antipática. Ana es dulce, María es lluvia, Lorena es barro, Victoria es seguridad, Patricia color amarillo, Florencia mi hermana, Noemí arena.

Regina

Hay un punto, un punto pequeñito que crece. Ella lo sabe. Tan pequeñito, tan chiquitito. Y la transforma. Ella cambia. El puntito se estira y ella se estremece. El puntito pequeñito se anima y ella se ve diferente. Con miedo. Mucho miedo. Con alegría. Más mujer. Y el puntito vuelve a crecer y ella lo nota. Y Regina cambia. Su piel se vuelve porcelana, sus pechos fuertes, sus manos suaves, sus pies firmes. Incluso su voz. Sus ánimos tienen nuevos objetivos. Sus locuras se calman. Su futuro ahora es doble. Y el puntito se lleva todo su cielo desde que apareció. Y ella le dedicó sus pasos desde el primer día en que lo sintió y también lágrimas. Y lo acarició con el pensamiento un millón de veces antes de tocarlo. Y le cantó canciones, le adivinó los rasgos y le puso mil nombres antes de elegir Pedrito.

Conexiones y desconexiones

Tengo un corazón desconectado de mi vagina y mi vagina conectada a mi estomago. Tengo dos tetas conectadas a mis pulmones y mis pulmones desconectados de mi cerebro. Tengo ansiedad oral conectada a mi sistema nervioso. Y mi sistema nervioso está conectado a mis riñones y mis riñones desconectados de mis ganas de beber agua. Tengo agua que se conecta con mis piernas y mis piernas desconectadas de mis músculos. Y los músculos se conectan con mi corazón, y mi corazón no conecta con mi cerebro.

Oda al sexo

Push push, ahh
Push, push haa
Push, push, ahh
Push, push haa
Push, push ahh
Push, push, push
Ahh, hha, ahhhhh


La gracia o desgracia (del sexo) está en el acento con el que se entona la última letra de cada una de estas oraciones.

El secreto

Porque voy a contarte esto todavía no lo se. Puede que necesite contárselo a alguien y pueda que seas tú.
Este es el año 2008. Tengo treinta años, vivo en Europa y aún no he nacido. No estoy loca y no soy la única involucrada en esta historia, todos lo estamos aunque unos pocos elegidos la conocen.
Siempre hubo cosas que no se contaron, historias que se saben a medias. Secretos bien guardados que no pueden ser revelados. Pero no todo se puede guardar para siempre. Alguien puede traer el secreto.
Todo empezó en el futuro del 2008, dentro de 543 años. Me llamo Ona, nací el 16 de diciembre de 2521 -continuará-

Mi consumismo

Me compré un perro y un gato. Los vendí y me compré tres rosas y dos saquitos de té verde. Los vendí y me compré un cable a tierra y una antena satelital. Los vendí y me compré un par de zapatos y gafas de lejos. Lo vendí y me compré agua mineral y un reloj cucu. Los vendí y me compré un brazo y una pierna. Los vendí y me compré azulejos y un espejo. Y los vendí y me compré un libro y tres candeleros y los vendí también. Y me compré un mantel y una escoba. Y a la escoba la tiré y al mantel lo vendí y me compré un adiós y un bienvenido. Y al adiós lo regalé y al bienvenido lo vendí y me compré un frasco de mermelada. Y a la mermelada la vendí y compré un cepillo de dientes. Y al cepillo de dientes lo vendí también y me compré cuerdas para la guitarra. Y a la guitarra la regalé y a las cuerdas también.

Conversación irónica

-Hola, ¿qué tal?-.Preguntó la ironía colgada de una soga que colgaba de una enredadera que se perdía en la pared de aquella casa. -¿Qué tal?-. Acá voy, con un calor de estrellas que me agota cada vez que intento ser más humana, le respondió la violencia mientras olía hormonas y se encendía un porro de adrenalina. Se estiraba las arrugas de los resentimientos, escupió dos veces bronca y se miró el puño derecho rasguñado. - ¿Qué te pasa que me miras con mala cara?-, le preguntó con la misma ira de siempre mostrando despechó en la manera de acentuar las palabras. La ironía, que en otras ocasiones hubiese sido directa, dudó en responder. Guardó silencio.- ¿Qué te pasa?-. Y entonces respondió que le resultaba satírico que la violencia fuese femenina. Una ironía más con la que convivíamos.

Bésame la boca y toda la frente

Bésame la boca y toda la frente. Bésame mis manos y mis codos. Bésame los pies y las rodillas. Bésame la nuca y el cuello. Bésame el ombligo y la espalda. Bésame las orejas y los ojos. Bésame las piernas y el estomago. Bésame toda la boca. Bésame mis días y mis noches. Bésame este lunes. Bésame en la oscuridad y en plena luz. Bésame las lágrimas y la risa. Bésame los suspiros y ronquidos. Bésame cuando me pierdo y cuando me encuentro. Bésame en los almuerzos, en las cenas y en los desayunos. Bésame por sorpresa. Bésame hoy y bésame mañana. Bésame al teléfono y en un mail. Bésame en la vida. Bésame en la muerte.

La casa

Había pasado años en esa casa. Había viajado a miles de lugares, se había mudado a miles de ciudades y casas diferentes pero siempre estaba ese lugar intacto. Su único lugar de siempre. Un punto inerte en su vida nómada. Cómo iba a fijar un nuevo punto de apoyo para sus recuerdos si esa casa ya no estaba.
Desvió la mirada más allá de las macetas del balcón y sus pupilas se dilataron. Se le cerraron los ojos por la fuerza del sol. Los tenía rojos. Había estado llorando horas previas a las tres de la tarde.
Compuesta, se sentó tranquila a suspirar las consecuencias. A miles de kilómetros quedaba enterrado el único recuerdo que tenía de una parte de su vida que ahora le parecía estar años luz. No quería olvidarlo, no como se hace cuando el tiempo da un paso y las cosas viejas se guardan.
Y entonces cómo se sigue, se preguntó aquellas primeras horas de la mañana. Los recuerdos mentales con el tiempo se terminan desvaneciendo, igual que las caras de los primeros amores, de los amigos de la infancia, de gente que uno ve caminando y promete no olvidar. Pero el tiempo va metiéndose en los puntos que dibujan los recuerdos hasta hacerlos borrosos. De eso tenía miedo, de olvidarse de cómo era.
Tenía todavía todas las esquinas frescas, las mesas, sillones, inclusive ruidos y olores. Pero sabía que por más que tuviese una memoria de elefante con el tiempo se iba a olvidar del olor a kerosene en la cocina o el teléfono gris sobre una mesita pequeña. Los platos y vasos blancos con dibujos de patos naranja.

Hoy te secuestro

Tengo un par de fantasmas y unas ganas terribles de arrebatarte de su mundo. Acercarme a ti, saludarte con un beso, taparte los ojos y que huelas algo que te deje dormido. Que te despiertes en una cueva afgana sin luz, lejos de ella, que me dejes regalarte una flor y por un día empezar otra vez sin intentar remediar las causas perdidas, que para eso está ella y ella no está aquí.
Quiero sacarte las ganas y que pruebes todas mis recetas. Comer jabón si es necesario. Cruzar el desierto de Gobi y comer cuzcuz en Marruecos. Juntar arena en Egipto o tomar el agua del Ganges.

Las consecuencias del amor

Las consecuencias del amor, señoras y señores, son contradictorias. Duele, y duele mucho, tanto como las piedras en los riñones o un trasplante de corazón, pero es lo mejor que se puede probar. Acido y dulce. Frio y caliente. Empieza en la boca, baja por la garganta y cuando choca contra el estomago desprende tal adrenalina que uno se olvida de respirar. La epidermis se eriza y el escalofrío baja desde la razón por la columna hasta los pies y te deja sin suelo. Pierdes el equilibrio, te desbocas. Todo cambia. Y entonces te sacude y lo que pasó en ese primer minuto se te pega en la cabeza. Su olor. Su aliento. Su textura. Su voz. Sus ojos. Y hay siempre una canción que se repite y se repite constantemente cuando uno entra en terapia intensiva a punto de morir por el dolor. Sí señoras y señores. Si me preguntan si vale la pena. Lo vale.

El de los extracomunitarios


Un sucio azulejo en la comisaría empaña su libertad en este abrupto paisaje que osan llamar el de los extracomunitarios. Aquí, donde su documento vende su identidad mientras la inteligencia secreta caza ilegales con alas que tienen forma de topmanta, pakis con pulmones de rosas o chinos con energías de jugueticos de luces que tiran al cielo cerca de Plaza España. Y los guiris no entienden de estos tornillos sueltos que andan por Barna, con sandalias y faldas rumanas.
Una patada al negrito, a la de la limpieza que es latina o a la rusa que viene por ahí. Al brasileño transexual o al moro por moro. Maldita vida loca que los lleva pá arriba y pá abajo en patera o en avión, con cara de turista y una familia escondida que quiere llegar al mundo de las delicias primermundistas. Y un sucio azulejo en la sala de espera de emergencia empaña su libertad, y los sueños se empiezan a ir cuando cuesta respirar con esto de vivir del contrabando. O la nigeriana de 15 que se prostituye en las Ramblas o la rumana en San Antoni y la argentina desde Loquo.
El paisaje de los vencidos camina por el Borne, se estrella en una esquina, lo graban en Youtube, se prende fuego y sale en las noticias justo después de cuidado con las carteras y antes de los índices del desempleo.

Lo he visto todo

Lo he visto todo. Vi todos los colores, probé todos los sabores, he visto caras alegres, caras tristes, caras de viajeros y de gente que ya llegó. Lo he visto todo. Lo he visto desde detrás de una ventana, lo he visto cara a cara, desde un tren y un avión. He visto África, he visto Europa, he visto América, he visto Asia, he visto pobres y ricos, he visto guerras y besos. He visto mujeres bellas y hombres que quieren ser mujeres bellas. Y mujeres que quieren ser hombres. Y hombres que aman a mujeres, y mujeres que aman a hombres. He visto flores y árboles, he visto lluvia y arco iris. He visto montañas, he visto miseria, he visto bondad. He visto euforia, he visto tristeza. Lo he visto todo. Te he visto a ti, he visto a ella pero no me he visto a mí.

Cuando el futuro llegue

Cualquiera de estos días llegará el futuro y te preguntará cómo van las cosas. Le responderás que están muy bien, que lees los periódicos todos los días, que tenes dos hijos, un perro y que no faltas al trabajo ni un día. Y entonces te preguntará si sos feliz. Y le responderás que estás en eso. Y volverá 20 años después y te preguntará de nuevo cómo van las cosas. Y le responderás que están muy bien, que miras televisión, que tenes tres nietos, el perro ya se murió y que estás por jubilarte. Y entonces te preguntará si sos feliz. Y le responderás que estás en eso. 15 años más tarde llegará el futuro a preguntarte de nuevo cómo van las cosas y le responderás que estás muy bien. Que ya no miras televisión, que tienes 5 nietos, que todavía caminas y que extrañas a tu mujer. Y entonces te preguntará si sos feliz. Y le responderás que estás en eso.

Hard to answer

If you had the key to set you free, what would it be?
Is it a house, is it a car, the man asked me twice.
Walking home not alone? An stair up to the sky?
Or is it God face on a portrait?
If you had the key to set you free, what would it be?
Is it a lottery ticket or pills to keep you happy.
If you had the key to set you free, what would it be?, the man insisted.
If you had the key to set you free, what would it be?

Shh

Tenía muchas ganas de decirle muchas cosas.

Uno de esos golpes de sinceridad de los que luego se arrepiente uno. Tenía nudos en el estomago que le hacían doler si seguía callada, pero se preguntó qué dolor dolería más, ¿el de un estomago o el del un corazón roto?.

Shh, se escuchó.

Y se calló la boca, se calló las ganas, se calló los sentimientos.

Y entonces un día todo le explotó por dentro, y se arrepintió. Y salió corriendo a buscarlo, a decirle lo que cargaba desde hacía tiempo pero el no le entendió.

Y ella lloró tres días seguidos y el la consoló tres días y después se marchó.

What I have

I have a world version that excludes your wife,
I have a big bed and the wrong man,
I have a one life trip and no ticket,
I have six extra kilos and two white hairs,
I have a bank account and no millions.
I have a job and a boss.
I have a balcony and seven green plants, yet no red flowers.
I have friends, a bike, books and corn flakes.
I have love, hate, passion and depression.
I have a silly laugh and a silly dance.
I have music, colours and films.

A punto medio

Mi vida es un punto medio entre los que se animaron a todo y los que se inmovilizaron ante todo. Soy un bricolaje de conclusiones literarias, de fotografías robadas, de música, de ganas, deseos, miedos, superaciones, frustraciones, altibajos, pasiones e Ibuprofeno. Me gusta el sabor del color naranja en todas sus expresiones. Atesoro todos los recuerdos y lo recuerdo todo. Soy mujer medieval con alma modernista, cuerpo consumista y mente ambigua, me presto a varias interpretaciones y me divierte. Pienso constantemente en llenar mis mil vacíos expuestos, no creo en religión, no creo en las terapias, no creo en alternativas. Soy tajante en cuanto a la naturaleza humana, tanto que se que abono elegir para que mis plantas tengan flores.

The Vatican

I like a boy who likes a girl, who likes a girl who likes a girl, who likes a boy who likes a girl and a boy, who likes a boy, who likes another boy who likes a girl, who likes a boy who likes little boys.

Si señores compradores

La sensación más absurda de todas es la de la libertad de sábado a domingo. De lunes a viernes trabajamos para volver a comprar esa misma sensación absurda de libertad de sábado a domingo.

Maldita luz - fotofobia

9:15. La luz no me deja ver, me deja casi ciega. Sea artificial o natural, me provoca lo mismo; una sensación que me corroe el iris, como una grieta que se abre poco a poco, y se come un pedazo. Me seco como una esponja al sol. Algo se oxida por dentro. No me deja hidratar. Abro los ojos a las ocho de la mañana cuando suena el despertador, y los siento rasgarse apenas enciendo la lámpara. Si son sesenta voltios de luz contra la cara, la vista se me quiebra por siete minutos. Exactos siete minutos: no puedo controlar el parpadeo. Necesito humedecerme constantemente, es involuntario. Las glándulas lagrimales me arden. Lloro. Los vasos sanguíneos se vuelve intensos y me pica la cornea, como si tuviese sal en el glóbulo. Siento piedras, algo adentro. Me genera nerviosismo. Duele. Ambas pupilas se reducen y siento el iris romperse. Una simple sensación que se repite con la intensidad de cualquier luz. En menos de un segundo y cualquier destello me genera fotofobia, y una adoración pagana por la oscuridad como en la película "Los otros", pero versión cotineidad adversa a la fotosíntesis.
Publicado en www.calabria164.com

Un poema de amor

Me gustaría escribirte un poema de amor que nunca leerías. Darte un bocado que no probarías. Tejer recuerdos que no recordarías, ponerle nombre a hijos que nunca tendríamos. Recetas que no probarías, lágrimas que no me dedicarías. Sonrisas, cicatrices.

Ay Teresa

Ay Teresa, usted de nuevo con esa idea absurda de querer vivir la vida como si fuese un regalo del cielo. Me hacen reír tanto las cosas que se le ocurren, que mire, estoy llorando con tanta locura. Ay Teresa, y eso que crecimos en la misma familia, no entiendo de dónde saca esas cosas que me cuenta de una vida sin amarguras, como si estuviese en nuestro poder ser felices. El otro día me acordaba de usted cuando estaba en misa, hace mucho tiempo que no la veía los domingos por la iglesia. Usted no estará en algo raro, ¿no? Su madre tuvo siempre miedo a su verborragia, espero que no ande metida en algo extraño. Usted sabe Teresa que me tiene preocupada, al margen de su locura, usted siempre ha sido muy delicada en las cuestiones del día a día. Usted Teresa ha sido siempre muy criticona, inclusive en el colegio. No por nada pero siempre se la vio con ojos de pocos amigos. Y después esa manía de ir desarranchada por la vida, sin el más mínimo cuidado. Ay Teresa, usted siempre me ha hecho reír tanto, que la verdad se la extraña. Recibí ayer esa postal que me envió desde Montevideo. ¿Es verdad las cosas que cuenta? Ay Teresa, no me diga usted que la felicidad también veranea en Punta del Este.

Cólicos de adrenalina

En la increíble monotonía de su día a día, el cierre de esta nueva etapa le generaba cólicos de alegría y espasmos de adrenalina. Tanto, que tenía que recordar los ejercicios respiratorios de su terapeuta cuando sufría uno de esos ataques de asfixia psicológica, que le generaba el mero pensamiento de saberse por fin rompiendo con todos las conductas que la ataban a su vida sin matices. Una agenda que llegaba a su fin por voluntad propia, sin esperar al primero de enero. Era marzo, un viernes cualquiera, como los otros cientos de viernes que antecedieron a este. El reloj marcó las 18hs. Su mirada se clavó en las agujas del reloj como esperando el momento más ansiado de su vida, cuando sintió que las fuerzas de sus manos se desvanecían, y una puntada de luces le azotaba la vista. Un espasmo de adrenalina que no pudo controlar le agitó el cuerpo hasta sacudirlo por el piso. Y un ataque de asfixia y la imposibilidad de recordar las clases de respiración, la dejaron tiesa. Tiesa para siempre.

El sonido cobra vida II

Cuando el sonido hace que una letra cobre vida, mi nombre suena diferente. La u hace que Luciana tenga personalidad independiente. La palabra independiente evoca al número siete. Del siete paso al tres por sus mismas características, y del tres al naranja. Me quedo con la n de la palabra naranja, y vuelvo al siete. El siete es n y u. Nu. No tiene color. Nu no me suena a color. Luciana tiene amarillo, naranja y un poco de verde, solo al final de la última a. a de verde, tres de amarillo, uno de blanco, cuatro de rojo, cinco marrón.

El sonido cobra vida

En un susurro cualquiera, como tantos otros que había escuchado antes, se dio cuenta del sonido. El verdadero sonido. De golpe el sonido tenía más consistencia que de costumbre. Un clinc en el agua retumbó como un c l i n c. Cada sílaba se dobló en letra. Y cada letra tenía vida propia. Sobrepasó Inclusive la consistencia, tenía sentido de ser independientemente de la palabra. Una letra que emitía un sonido nuevo, aunque millones de veces repetido y por siempre hasta que las bocas se callen iba a existir.

Como todos los principios

Este lunes, lunes después de las navidades, hemos determinado con el más sincero de todos los rencores asquerosos, eliminar la rutina en el 2010. Prometo entonces no repetir errores, y aseguro fielmente cometer muchos nuevos. Mi más cordial pésame al 2009 que se murió sucumbido en una dieta frívola de verduras que no funcionó. Adoro y detesto los primeros días de enero, pero por suerte nos damos una tregua con la vida.

Mujer al natural

Que belleza más natural que la de la mujer que tiene cara de felicidad. Exclusiva en apariencia, porque cargar con lo que sobra si los accesorios van siempre en segundo plano. Tacos bajos o altos, bolsos de cuero o cuerina, collares, pulseras, anillos, vestidos o faldas, bolados o puntilla, encaje o escote. Todo está de más. Que más dan.

Sobre clorofila y el Tíbet

Hace mucho tiempo, cuando el Tíbet ni siquiera era Tíbet, la clorofila de las plantas cambiaba más de una vez de color al día. De eso hace años, tantos que ni los libros de historia lo mencionan y por eso no sabemos de esas historias. Cuando tenía seis o siete años, Y había generado una persistente obsesión por sacar de cada flor su color, descubrí eso del Tíbet y lo que le hace el alcohol a las plantas. En frascos de vidrio conservaba como un verdugo el poder que la clorofila le otorgaba a las plantas. Luego, cuando se crece ese poder se pierde. Pero no el poder mismo, sino la concepción que tenemos de ese poder. Aún más de grande, cuando se toma distancia de la esperanza y la ingenuidad, me di cuenta que era de la imaginación donde la clorofila creaba sus colores. Su poder nacía en mí. Las cosas cambian con los años, absorbemos tantas cosas que terminamos tan perjudicados. Nunca nadie sabrá que hubiese sido, si de verdad hubiese sido lo que se supone tenía que haber sido. Es complicado. Y cuando nos damos cuenta ya ni nos atrapa la clorofila ni el Tíbet.

Sobre los muertos

A los 31 años me di cuenta que quiero a personas que jamás conocí.¿Cómo es que puede pasar eso?

La impotencia se hace sentir

Era una actitud muy perversa que se anteponía contra cualquier personalidad resignada. Se la comía de un bocado y las asfixiaba de a poco con la lengua estrangulando a su víctima hasta hacerla desmayar del dolor. Era perversa. Sofisticada también. Atrapaba a su presa con una frialdad que no se inmutaba ante ninguna misericordia. Era penetrante psicológicamente y generaba descontento. Era cruel. Era celoso. Era soberbio. Una voz punzante de tono correcto que habla sin mirar y no había nada de sentimiento detrás de sus palabras.
Yo misma lo hubiese destruido con mis dos manos si hubiese sido la del coraje fuerte cuando se podía hacer. Ahora es tarde y en la retaguardia están los que escapan de sus ganas. Los débiles, estúpidos. Los que son como yo.

Soñando Europa desde Africa


Era 1988 cuando todo comenzó. Aún en ese año Aicha y Khadija eran ajenas al mundo que se les avecinaba. A kilómetros de su pueblo al norte de África, los canales de la televisión competían por la transmisión de los Juegos Olímpicos de Seúl; España aprobaba la ley sobre técnicas de reproducción asistida y Marruecos la reforma agraria y la modernización de la agricultura.Alejadas de esa realidad y sentadas en una de las orillas que tiene Marruecos mirando España, Khadija disfrutaba de su hija y Aicha descubriendo el mundo y las ciudades que se veían del otro lado. Pero esa tranquilidad acabaría tan pronto como Aicha se enterase a los 8 años que no podía cruzar el mar sin más. “No entiendo madre. ¿Porque no podemos ir?”, fue la pregunta sin respuesta que creció en la cabeza de Aicha.Creció tanto que la idea de saltar el mar se transformó en una adivinanza, un juego y término siendo su protesta. Inclusive a los 18 no entendía porque habiendo nacido en Targha, sobre la costa mediterránea pero del lado marroquí, no podía conocer las playas del frente. Y acababa siempre su argumento a los gritos repitiendo la misma frase, “si las puedo ver desde aquí porque no puedo ir allí. No entiendo madre porque dices que no me dejarán cruzar el mar para conocerlas”.Khadija había criado una niña obsesionada con las luces del otro lado y las mil historias que llegaban desde las playas del frente. De calas paradisíacas donde el verano tiene un sabor diferente al que ellas estaban acostumbradas, y donde las mujeres toman el sol con los pechos descubiertos.Al principio Khadija pensó que era algo natural de una chiquilla fisgona, pero con el tiempo la curiosidad de su hija se transformó en un problema. Tanto que temía que la vida de Aicha. Khadija era una mujer berebere de la etnia Ghomara, había nacido al norte de Fez y caminado hasta Targha cargando a Aicha.Tenía la piel vieja y gastada, sobre todo las manos y la cara. Pero tenía algo especial y su hija lo había ganado de ella. Era una mujer analfabeta pero astuta. Una mujer de estos tiempos de ordenadores y globalización pero sin educación y electricidad. Conocía los derechos de las mujeres, que los bancos cobran un interés, los diabéticos necesitan insulina, sobre multinacionales, las Naciones Unidas y hasta la revista Vogue, Paris y Roma. Por determinación propia y para cuidar a su hija dejo su aislacionismo voluntario para saber de la realidad política y social de su país.Así, con el tiempo supo comprender que lo que tenía Aicha no era capricho sino sueños. Por algún motivo su hija había depositado sus esperanzas en ese viaje a Andalucía. Más de diez años pasaron hasta llegar a un martes del 2006.Aicha pasó a buscar a Khadija por su trabajo en el zoco de Oued Laou, cuando le comentó que había averiguado sobre una patera que saldría en dos semanas desde Dar M´ter. “Si te lo cuento madre es porque quiero tu aprobación, no es una locura llegar al otro lado cuando Said y Rachid lo pudieron hacer”.A Khadija se le nubló la vista y el miedo le hizo tragar saliva. Sintió ese dolor punzante al que se había estado preparando, pero este era real y mucho más fuerte. Supo que este momento llegaría y había preparado una respuesta.Caminaron en silencio hasta la casa, entonces Khadija le dijo que le daba la bendición para ir a Andalucía pero ponía una condición. Sería “desde Ceuta y de manera legal”. Aicha intentó convencer a su madre que si viajaba con un boleto de ida y vuelta y su pasaporte, lo más probable es que no la dejarían pasar.“Mírame madre, ¿tu crees que me dejaran ir a pasar un verano en Andalucía?”. Khadija acarició la cabeza de su hija para calmarla. “Conocerás Andalucía y volverás para contarme que no eran mentiras esas historias con las cuales creciste”. Aicha abrazó a su madre con todas sus fuerzas y finalmente pudo suspirar.Trabajaron todos los días aquel invierno para conseguir una maleta, ropa bonita, una cámara de fotos, sandalias nuevas y una cartera. Luego el dinero para el hotel, comer y el transporte. Buscaron en Internet un hospedaje y juntas programaron los lugares que Aicha visitaría. No fue fácil.También tuvieron que hacer frente a los comentarios de los vecinos. Hasta que llegó agosto, Aicha se despidió de su madre y viajó en bus hasta el puesto de control de la policía española en Ceuta.Estaba nerviosa, las manos le sudaban. Estaba a menos de 20 kilómetros de las playas de Andalucía. Una mujer con uniforme la registró y le preguntó qué iba a hacer a Andalucía sola. “Viajo porque quiero pasar un verano en Andalucía. Quizás el próximo lo haga con mi madre, me gustaría que ella también pudiera conocer España”.Entonces la mujer le pidió el pasaje de vuelta. Aicha se lo mostró y además le enseño el circuito turístico que planeaba realizar. “No tengo planes de quedarme en su país, solamente quiero conocer sus playas, probar vuestras comidas y disfrutar del verano. Luego volveré a Marruecos para contárselo a mi madre”.Era cierto. Aicha descubrió aquel mismo día, apenas piso suelo andaluz, que eran verdaderas las historias que había escuchado, y por primera vez hacía realidad un sueño. Andalucía dejaba de ser una tierra mística y lejana para transformarse en su realidad.La arena era igual a la de su pueblo, pero algo diferente cubría el ambiente. Aquel primer día en Tarifa se pasó la tarde sentada en la playa mirando África y acariciando la arena. Aicha volvió a Marruecos lista para comenzar una nueva etapa y montar un hospedaje. En las playas de Andalucía y lejos de casa se dio cuenta que era capaz de lograr cualquier cosa que se propusiese. Jamás volvió a España y hoy vive feliz en Targha con su madre.

Crimen a la luz del día

Basta। Lo confieso, fui yo। ¿Perdón? Es verdad, tengo 30 años y me pueden juzgar por haber actuado de manera inmadura pero, ¿quién me puede culpar? Llegué al límite de creer que quiero ser actriz para tener una vida como en las películas, y es absurdo। No me interesa actuar y no quiero tener una vida al estilo Hollywood, esa es mi farsa para evadirme.

Lo peor es que me he vuelto adicta a las revistas y a la televisión. Yo no era así, no era de ninguna manera pero tampoco así. Es verdad que algunas nacemos con instintos maternales y nos gusta que nos dé el vapor del guiso en la cara; otras con esa nube de profesionalismo ambicioso, las uñas siempre pintadas y cien tacones para elegir. Y otras tan solo nacemos perdidas, y ahí estaba yo sin encajar. La versión opuesta a todo lo que había planeado ser.

Una periodista frustrada que administraba una inmobiliaria, y lo más cercano que había llegado a una redacción eran los clasificados de las casas en venta que tenía que redactar. Además creo que si alguno de ustedes hubiese estado en mi lugar hubiese actuado exactamente como yo lo hice.

¿Si siento culpas? No, no siento ninguna culpa y volvería a repetir todo de nuevo porque en este caso tengo todo el derecho de matar por defensa propia. Era mi vida o ella.

Me tenía amenazada las 24 horas del día. Inclusive antes de que suene el despertador me tenía con un ojo abierto pensando en la oficina. Había dejado de soñar, hasta el pelo se me empezó a caer y me salió un salpullido en el cuello. Tenía granos con pus en la cara y ojeras. Unas terribles ojeras negras que me desfiguraban la sonrisa. Estaba estresada y tenía ataques de nerviosismo, hasta me obligó a tomar pastillas para tranquilizarme.

Tomando pastillas para tranquilizarme a los 30, de seguir así hubiese tenido una úlcera en dos años. ¿No lo ven? Lo hice en defensa propia y matarla fue una de las sensaciones más deseadas, placenteras y planeadas de los últimos dos años.

Matarla fue fácil. Sabía cómo funcionaba, se despertaba a las 7, desayunaba cuando se acordaba y salía a la oficina. Trabajaba hasta las 11 y bajaba por un café con leche siempre al mismo bar. A las dos almorzaba y a las 4 volvía a trabajar hasta las 6 o 7. Cuando llegaba a su casa estaba tan cansada, por lo general con dolor de cabeza por pasarse tantas horas frente al ordenador. No leía porque no lograba concentrarse, pensaba en todo lo que tenía pendiente para el día siguiente en la oficina y le entraba un escalofrío por la columna que la dejaba tonta.

No salía a pasear porque estaba demasiado cansada, hasta lenta. Los sábados y domingos si es que no tenía que hacer algún trabajo de la oficina le tocaba limpiar la casa, lavar la ropa y cocinar algo para la semana.

Era fácil encontrarla, todos los días eran iguales. Nunca nada nuevo, diferente. Una vida sin grandes aspiraciones ajustada a las agujas de un reloj y manipulada por un jefe histérico, obsesivo y compulsivo. Ahora que lo pienso… le hice un favor.

No, no lo planeé sola, me ayudó Patricia. Sí, mi amiga de la universidad. Ella sabía todo, es más creo que gracias a ella me di cuenta que lo tenía que hacer. Sacó los pasajes, dos boletos en bus así no tenía manera de volverme atrás.

Soy de esas que cambian de opinión a último momento, así que decidió invertir el dinero que teníamos en ese pasaje. No tenía otra que subirme a ese bus. Lo curioso es que ese viernes me desperté relajada. En las películas se despiertan sobresaltados y sudados.

Yo estaba hecha una seda y feliz. Estaba por primera vez en mucho tiempo sintiéndome feliz. Ese viaje me hacía feliz. Era finalmente una persona feliz, ¿cómo podía sentir culpa? Imposible.

Cuando llegué a la oficina el jefe llamó para decir que no iba a venir. Nada podía salir mal. Estábamos las dos solas y el bus salía a las siete de la tarde. Lo tenía que hacer a las cinco y media para tener tiempo de pasar por mi casa y buscar las maletas.

No podía levantar sospechas. Patricia llamó a las cinco y cuarto para ver cómo venía todo y darme fuerzas. Quizás porque estaba demasiado ansiosa no pude esperarme hasta las cinco y media, sin medirlo para las cinco había terminado con ella.

La destrocé en menos de cinco minutos, primero la ahorqué con ambas manos y me asombré de toda la energía acumulada que tenía adentro. Aguantándome todos estos años mientras ella me comía la cabeza. Me miró con los mismos ojos de siempre y a medida que la hacía desaparecer recuperaba mis energías.

Ella me había consumido, me había transformado en su esclava y lo peor es que me llevó años deshacerme de ella. No dejé huellas, sólo una carta, sabía que el jefe la leería el lunes por la mañana.

Patricia estaba esperándome en el lugar acordado de la Terminal, me sonrió y le devolví la sonrisa. Además de amigas, ahora éramos cómplices. El bus salió rumbo a Sevilla y pasamos el verano en Andalucía.

No me arrepiento de nada। Tenía que ser así y valió la pena. Necesitaba aires nuevos para volver a repensarme, un verano en la playa y la mente en el agua salada. Me contaron que el lunes siguiente mi jefe se desayunó con mi carta, hasta la leyó en voz alta a los otros empleados como mal ejemplo. "Acabo de matar a mi rutina. Me voy a Andalucía a pasar el verano para recuperar el tiempo perdido. Post Data: La vida se vive una sola vez". Les envié una postal desde Sevilla.

Luciana Salvador

No quiero que se mueran

Ayer recibí una nota escrita con palabras suaves diciendo que se va a morir. No ahora o inmediatamente pero pronto. Igual que cuando murió el. Se pierde, se deshidrata y no se acuerda de muchas cosas.
Mientras leía la carta la noticia me inundó un rato largo, después creo que me olvidé hasta el día siguiente mientras leía un libro sintiéndome completa con el sol dándome en el cuerpo.
Primero pensé en el pelo rojo de una amiga, no se porque. Y de golpe me vino la noticia que se iba a morir. Me levanté por un vaso de agua y recordé que ella es la que conoce los nombres de todos los muertos. Yo me los se a medias y otro tanto se que me los invento pero es ella quien conoce mi pasado con exactitud y no lo dejó escrito.
Volví al sol vacía.
Luciana Salvador

Pulpoide

Un tentáculo le tira de la pierna derecha, el otro de la izquierda. Otro lo sujeta por los hombros y se aprieta en el brazo. Otro en el izquierdo. Otro lo asfixia y se deja ser asfixiado. Un abismo que le genera la emoción inventada de la libertad. Lo libera. Siente como se ajusta a su cuello, dos vueltas, tres vueltas. Estira el cuello y se deja atrapar por la sensación de la falta de aire. Acaso no estuvo siempre pensando en ese momento. La muerte inventada cada día en su cabeza. Un pulpo que se come su aire. Lo estrangula, se estrangula y así se libera. Quien mierda quiere su vida. Vida solitaria que no le importa. La búsqueda perpetua de algo, ese algo que no sabe que es. Los tentáculos del pulpo o la asfixia. ¿Quién no se asfixia? El, nosotros y ojala ella también sienta su necesidad de asfixia. Luego viene la liberación Una libertad condenada a la nada porque no queda nada. Gusanitos. Gusanitos se comerán tu cuerpo como se están comiendo el de tu abuelo.

Luciana Salvador

Casablanca versión 2007



Antes tenía el defecto de vivir en la defensiva y miraba todo de lejos, está vez se sentó en el medio de la historia.

Le fastidia el hecho de saber que va a terminar. Aunque la forma varié tendrá el mismo final que las otras tantas relaciones en las que se involucró.

Sin embargo ésta le dolerá bastante más por la cantidad de recuerdos que tendrá que almacenar en la caja de las memorias. Después llega el proceso en que las ilusiones se transforman en desilusiones, y la forma en que los planes para dos se transforman en un viaje individual, recorrer una ciudad a solas o preparar cena para uno.

El final le resulta inevitable aunque tampoco tiene una fecha segura. Las cosas vienen bien pero en un mes o dos quien sabe. Igual ambos saben que “siempre tendrán París”. Aún cuando cada quien vuelva tiempo después con otros amores, el primer recuerdo será el de ellos dos.

Luciana Salvador

La tierra de las maravillas

Es raro, a veces la vida tiene color gris y está poco iluminada. Parece un paisaje de Londres, demasiado suave que no motiva a mucho. Los días se vuelven previsibles. Pero igual es la única que tenemos. Eso lo cambia todo.


Arriesgarse mucho puede resultar demasiado arriesgado, pero la pasividad no da lugar a mucho. Nos encontramos con mil rostros que nunca vamos a saber sus nombres, nos cruzamos con tantas personas que podrían haber cambiado nuestras vidas en un segundo, pero quedaron en el camino como parte del paisaje.

Los años pasan de prisa, a muchos la cara le cambia, el cuerpo cambia, hasta las horas de descanso. Los gustos, las alegrías, los miedos, las tentaciones.

Hay momentos que nacen de la percepción de uno mismo que se quedan grabados en la cabeza, y se repiten aunque el lugar es otro. Como si se adaptasen, sensaciones que se adaptan a muchas circunstancias. Un caminar con lluvia por la calle Alvarez Thomas en verano, o estar mirando por la ventana en Barcelona. Caminar por las montañas o conocer el desierto. Son momentos únicos que pasan muy de vez en cuando pero que le dan sentido a la única oportunidad que tenemos. No vivir para buscarlos nos llevaría a la locura constante de preguntarnos que sentido tiene la vida. La vida es la única oportunidad que tenemos para sentirnos vivos. Cada quien a su manera.

Luciana Salvador

¿Qué es la libertad?

Acaso la libertad a determinada edad no es más que la posibilidad de transportarse uno mismo al contenido de una buena lectura. ¿A cuántos les cuesta empezar a leer un libro? ¿Cuán fácil es dejarse llevar por la tranquilidad de otro mundo?¿Qué es la libertad? Cuotas de paz mental.


Visión muy particular

Tengo una visión muy particular de excesos y obsesos. Templada e inmóvil. La cicatriz que todos dejan, víctima de mil temperamentos que arrasa cabezas. Soy así, un amor en excesos que no tiene sesos. Templada e inmóvil। En la pantalla que todos anhelan y pocos miran. Maldita y divertida. Templada e inmóvil. Te cautiva, te atrapa y se obsesiona con una visión muy particular de excesos y obsesos. Un ritmo ajeno a lo de siempre, una muchacha audaz y bonita que roza la cien contra mil revólveres. Con su desenfreno, busca la malograda climatizada escena que la trasporte del otro lado de la pantalla. El mismo ritmo continua, jamás fumaría, terminará en una clínica mental trastornada por la parasicología que volvió loca a su racionalidad. Es tóxica. Va fuerte, se frena. Un grito de ella te atrapa. Giran las cabezas y aparece vestida de excesos y obsesos. Obsesionada con esa cara, novia salvaje. Templada e inmóvil. Busca una manera de llegar sin colaborar con lo normal. Prisionera de lo particular. Vos. Vos. Vos. Vos. Vos. Su acento no cambia. Es muy pícara. Tiene un estilo muy particular, no se va con cualquiera. Se hidrata y humecta. Se envicia hasta el asco. Suave y visceral. Atractiva y destructiva. Objetiva y repentina. Tranquila e imposible. Nacida. Adolescente. Mujer. Su aliento tiene sabor a vainilla, tiene algo de romance. Miente. No te acerques. Mira por debajo y huye que si alguna vez me pongo de tu lado tengo una visión muy particular de excesos y obsesos.

Luciana Salvador

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