El paraíso terrenal de Gretel

Tan. Tan inocente era Gretel que al final se ganó el cielo más grande. Ese que todas quieren. Tan grande que no tiene tiempo suficiente para contar los metros cuadrados que se ganó, los que ahora habita. Eso le pasó a Gretel. La que caminó torpemente por la calle Panissars todas las mañanas y a los veinticuatro viajó sola por primera vez en metro. La que leyó todos los libros con dibujos que había en la biblioteca. La que no tuvo pena cuando no pudo más, ni vergüenza para pedir ayuda. La que regaló besos que valían más que todo el oro acumulado en un banco Suizo. La que no pretendía en la fila del supermercado y se partía de risa cuando algo le hacía cosquillas en algún rincón lejano al que nadie pudo entrar, ni el doctor. La que tenía miedo cuando la luz se apagaba y jugaba a que algún día, algún día todos serían como las Gretels que ella conocía.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encantó!!

Miguel de Molina dijo...

Este te toca...y la foto

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