Beatriz juega a ser feliz

Beatriz simula cuando las persianas se suben y las cortinas se abren que es la señora de una familia feliz, la esposa de él y la amiga íntima de su compañera de la escuela. Engaña a la verdulera cuando compra zanahorias y limones, finge en la peluquería y falsea la risa en la fila del banco. Beatriz practica ser Beatriz frente al espejo mientras se pone base y maquilla los labios. Imita a la Beatriz que él quiere que ella sea, y lo hace bien por fuerza de golpes. Disimula en la consulta del dentista y encubre esa mancha violácea que lleva en el brazo derecho desde el lunes por la noche. Beatriz representa a otras Beatrices que se pasean por las calles con una sonrisa falsa. Beatriz se disfraza de Beatriz cada mañana, desfigura su realidad frente al espejo con una prenda alegre y una flor en el peinado. Beatriz es una mujer guapa, también cuando llora. Copia las recetes que pasan en la televisión y se ilusiona con el sabor de una cena en otra casa, con otro esposo y lejos de las persianas que se bajan cuando él llega. Beatriz reproduce todas las tardes una vida paralela mientras lee su novela, idea historietas con ventanas abiertas también de noche. Beatriz imagina como sería sacar de adentro a la verdadera Beatriz, a la que tiene miedo de salir cuando las cortinas se cierran, cuando él llega, cuando él le grita, cuando ella esquiva el primer golpe, cuando sale corriendo a la otra habitación, cuando intenta cerrar la puerta con llaves, cuando no puede y el entra, la tira al suelo y la patea hasta que pierde esa flor, la que por la mañana se había puesto en el peinado para desfigurar su realidad frente al espejo que él ahora le va a tirar encima mientras ella llora.Y aunque llore, Beatriz sigue siendo una mujer guapa.

4 comentarios:

Ani dijo...

Crudo y hermoso.

Luciana Salvador Serradell dijo...

Gracias.

Admirador dijo...

La repetición de Beatriz, es dura, cada vez que lo dices en un golpe que recibes, es indignación, ganas de ayudarla y darle la vida que necesita Beatriz necesita sentirse amiga de alguien, y tu le das esa amistad. Si leyese Beatriz el relato se defendería.
Y esto aun pasa en este siglo.


Me pongo en pie y te saludo.

Luciana Salvador Serradell dijo...

Gracias.

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